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Companhia Nacional de Bailado- "El Lago de los Cisnes"-Teatro Camoes (Lisboa)

Alina, el cisne-bailarina

Programa: “El Lago de los Cisnes”
Compañía: Companhia Nacional de Bailado (Portugal).
Director artístico: Mehmet Balkan.
Coreografía: Mehmet Balkan, sobre el original de Marius Petipa y Lev Ivanov .
Bailarina invitada: Alina Cojocaru, en el doble rol de Odette-Odile (Bailarina Principal del Royal Ballet).
Bailarines principales: Carlos Pinillos (príncipe Siegfried), Roman Vassiliev (Beno), Tom Colin (Rothbart), Carlos Labiós (Bobo), Paulina Santos (Odile), Kimberley Ribeiro (Reina Madre), Alba Tapia e Irina de Oliveira (Amigas).
Cuerpo de baile: José Carlos Oliveira, Filipa Pinhao, Andreia Pinho, Freek Damen, Mónica García, Ricardo Limao, Anabel Segura, Christian Schwarm, Clare Figgins, Nuno Fernandes, Kanako Sakamoto, Frederico Gameiro, Denise Rezende, Andrus Laur, Ana Campos, Kelvin Au, África Sobrino, Ángel Blanco, Alfonso Palencia, Catarina Lourenço, Thais Damásio, Helena Marques, María Santos, Annabel Barnes, Charmaine Dumont, Victoria Monge, Armando Maciel, Isabel Frederico, Maria Joao Pinto, Carla Pereira, Susana Matos, Florência Siciliano, Marta Sobreira, Joao Carlos Petrucci, Anadélia Giscafré, Juan Torres.
Lugar y fecha: Teatro Camoes (Lisboa), 7-Enero-2007 (matinée).



El lisboeta Teatro Camoes acogió una nueva lectura del clásico “El Lago de los Cisnes” (1895) realizada por el coreógrafo y director artístico Mehmet Balkan, para la formación que lidera, la Companhia Nacional de Bailado. Sin transgredir en exceso como para catalogarlo como una revolución del original, esta versión del creador turco añade poco al panorama coreográfico. La aportación más interesante es la invitación a Alina Cojocaru (Bucarest, 1981), Bailarina Principal del Royal Ballet de Londres. La intérprete rumana fue toda una delicia danzando con elegancia y sentimiento el rol de Odette (cisne blanco) y con un seductor magnetismo el papel de Odile (cisne negro). Como réplica, un fantástico Carlos Pinillos (Madrid, 1977), Bailarín Principal de la formación lusa, desaprovechado por una coreografía que le relegó, en muchas ocasiones, al papel de mero espectador de la escena. La suma del trabajo conjunto entre la intérprete rumana y el español fue más que destacable. Se percibió que ambos disfrutaron y, sobre todo, hicieron disfrutar al público. Dividida en dos actos más un prólogo y con una duración de dos horas, “El Lago de los Cisnes” mostró, además, que es factible la existencia de una gran compañía de repertorio –cuenta con 70 bailarines en sus filas-, que brilló por encima de una versión opaca.

“El Lago de los Cisnes” constituye, probablemente, el icono por excelencia del ballet clásico. A buen seguro que cualquier lego en la materia lo citaría al hablar de la danza. Por ello, si la relectura de un clásico es un riesgo no apto para tibiezas, en este caso, “El Lago de los Cisnes” es LA obra de ballet. De esta manera, la disyuntiva es sencilla: se respeta el clásico, se le sacuden las telarañas y se le dota de un sabor más actual, o, por el contrario, se rompe con los pilares que sustentan la esencia de la obra. En sus 112 años de existencia, “El Lago de los Cisnes” ha salido indemne de numerosas adaptaciones y/o versiones: Aleksandr Gorski (1901), Michael Fokine (1910), George Balanchine (1951), Frederick Ashton (1963), John Cranko (1963), Rudolph Nureyev (1964) y Mats Ek (1987), entre otras muchas. Pues bien, el creador turco Mehmet Balkan ha sido profundamente comedido en la tarea de versionar el clásico de Petipa-Ivanov. Independientemente a ello, la gran labor en conjunto de la Companhia Nacional de Bailado pone en pie una anodina lectura de “El Lago…”. Lo que sí hay que reconocerle a Balkan es la inteligencia a la hora de invitar a una de las mejores bailarinas de la actualidad: Alina Cojocaru. En una nueva reedición de la alianza anglo-portuguesa (1386), la intérprete del Royal Ballet colaboró en dos actuaciones con la Companhia Nacional de Bailado. Premio de Lausanne (1997), ‘Mejor Bailarina del Año 2002’ por los Critics’ Circle Dance Awards, Premio Nijinsky (2004), Premio Benois de la Danse, 1º Internationaler Movimentos Tanz Preis, Medalla de Oro del Concurso de Nagoya, Alina Cojocaru justificó con claridad el porqué de semejante currículum, con apenas 25 años, regalando al público luso una grandísima interpretación del rol dual Odette/Odile. Como Odette, la rumana es delicada y elegante, cualidades añadidas a su técnica y al lirismo propio del papel. En el rol de Odile, Cojocaru embruja no sólo al príncipe Siegfried, sino al conjunto de los asistentes, por su calidad artística y la fortaleza de su técnica.

Como complemento a la excelencia de Cojocaru, el madrileño Carlos Pinillos bordó su papel del príncipe. El intérprete español se empleó a fondo en las dos variaciones y, sobre todo, en su labor de partenaire de Alina Cojocaru, consiguiendo que la rumana brillara más, gracias a su silencioso trabajo. Considerado el más joven de aquella magnífica generación de bailarines de la cantera de Víctor Ullate –Ángel Corella, Tamara Rojo, Lucia Lacarra, Igor Yebra, Joaquín de Luz…-, el intérprete madrileño es un bailarín dúctil, cuyo repertorio abarca desde el clásico hasta el contemporáneo. Primer Premio en el Concurso Nacional de Danza de Viena, Carlos Pinillos rubrica un trabajo limpio y preciso, encarnando al príncipe Siegfried. Dentro de la versión de “El Lago…” de Mehmet Balkan, el turco se ha esmerado en la grandiosidad de las escenas cortesanas y danzas de carácter. En esos momentos, destaca la labor de maestro de ceremonias del también español Carlos Labiós, en el rol del bufón de la Corte, Bobo. Además, el intérprete valenciano ejecuta un par de variaciones más que destacables, en las que se une dificultad y diversión. Tras de dos horas de actuación, el espectador se queda satisfecho, principalmente por tres cuestiones. La primera, por la deliciosa Alina Cojocaru, bella encarnación de un cisne-bailarina, secundada por un fantástico Carlos Pinillos. La segunda, por la gran labor en conjunto de la Companhia Nacional de Bailado, levantando una versión anodina. La tercera, porque “El Lago de los Cisnes” siempre es y será EL ballet por excelencia. Por todo ello, el público del Teatro Camoes terminó en pie aplaudiendo esta obra, que pronto podrá ser vista en el Teatro de Madrid (8-11 de Febrero). Claro que para el cisne Cojocaru no fue una sorpresa. En su primera actuación con la Companhia Nacional de Bailado, su grácil aleteo ya había conseguido la misma hazaña. Así pues, final feliz, en todos los aspectos, para la primera colaboración de Alina Cojocaru con la Companhia Nacional de Bailado de Portugal.

Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografías: Amir Sfair Filho









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