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Arribar a buen puerto
Programa:”Coppélia”.
Compañía: Ballet de la Ópera de Burdeos.
Coreógrafo y Director Artístico: Charles Jude.
Bailarines principales: Emmanuelle Grizot (Swanie), Igor Yebra (Fonzy), Charles Jude (Coppelius).
Música: Leo Delibes.
Escenografía: Giulio Achilli.
Iluminacion: Francois Saint Cyr.
Lugar y fecha: Auditorio del Kursaal, 11-Enero-2005.
Una revisión del clásico “Coppélia” estrenado en el Teatro de la Ópera de Paris, un lejano 25 de Mayo de 1870, con coreografía original de Arthur Saint-Leon, trajo a los escenarios donostiarras al Ballet de la Ópera de Burdeos. El espectáculo, de dos horas de duración, compuesto por dos actos, contó con la participación estelar del bailarín bilbaíno Igor Yebra, en el papel de Fonzy. Secundaron a Yebra, una correcta Emmanuelle Grizot en el rol de Swanie y un espléndido Charles Jude en la piel del doctor Coppelius. Precisamente Jude, director artístico de la formación, es el responsable de esta nueva versión coreográfica, una actualización de la obra de repertorio a medio camino entre el clasicismo y la modernidad neoclásica, con estética de musical marinero en un Auditorio del Kursaal, reconvertido en un puerto neoyorquino, en el que únicamente faltaba la presencia de un Fred Astaire o Gene Kelly, al timón. El resultado fue un montaje entretenido, donde brilló el trío principal, acompañado por el trabajo impecable de los componentes del Ballet de la Ópera de Burdeos. El público así lo entendió, premiando esta velada de danza con más de cinco minutos de aplausos.
El cuento de Hoffman “Der Sandmann” (=”El hombre de arena”) fue la base sobre la que Charles Nuittier y Arthur Saint-Leon realizaron el libreto original de este ballet, que cuenta con el trío Swanilda (=Swanie, Emmanuelle Grizot), Frantz (=Fonzy, Igor Yebra) y el doctor Coppelius (Charles Jude) como personajes principales. Sin duda, la enigmática intervención del extravagante doctor Coppelius, personaje misterioso, inventor y manipulador de títeres, a su vez, antecedente de lo que posteriormente será Drosselmeyer (“Cascanueces”), sirve de catarsis en una historia simple que no pasa de ser un breve enredo entre una pareja de enamorados que, en la víspera de su boda, viven una aventura en el taller del inventor. Swanie descubre a su prometido, Fonzy, lanzando un beso a Coppélia, una muñeca del doctor Coppelius con una apariencia muy real. Entre risas, decide con sus amigas hacer una pequeña incursión en el taller del creativo doctor. Ya dentro, descubren multitud de títeres en ese enigmático espacio, entre ellos, la famosa muñeca Coppélia. Mientras tanto, Fonzy intenta acceder a la estancia para declarar su amor a la criatura inanimada. En ese momento, retorna el doctor Coppelius, quien sorprende a Fonzy al que narcotiza, no así a Swanie quien finge ser Coppélia. Finalmente, ambos consiguen huir y formalizan su unión.
Muchas son las versiones que se han realizado sobre esta obra decimonónica, desde su mismo nacimiento. Entre otros, Marius Petipa, George Balanchine y Roland Petit son artífices de distintas interpretaciones del ballet de Arthur Saint-Leon. Precisamente, fue la lectura de Petit, corporeizada por una excepcional Lucía Lacarra como Coppélia, la última que recaló en los escenarios donostiarras, en la 56 edición de Quincena Musical (Agosto 1995). Charles Jude, otrora bailarín estrella del Ballet de la Ópera de Paris, en su labor de coreógrafo, se ha caracterizado por la reinterpretación de grandes clásicos como “Cascanueces”, “Giselle”, “El lago de los cisnes” o “La Bella Durmiente”. La versión de Jude de “Coppélia” es una síntesis entre los rudimentos más clásicos y su modernización, a través del lenguaje neoclásico. La renovación se halla tanto en la nueva localización de la historia –Nueva York, en vez de la pequeña aldea de Galitzia- como en la estética adoptada, gracias a una escenografía y vestuario de corte naval. El elenco masculino es ahora una flota de marineros de permiso en un puerto neoyorquino. La suma de estos elementos coloristas construye una imagen de musical, con claros tintes lúdicos.
Dejando al margen el aspecto estético, el primer acto se confecciona a través de grandes y efectistas escenas de grupo, mientras que los dos cuadros del segundo priman los pasos a dos –Coppélia/Swanie y Coppelius o Swanie y Fonzy-, momentos en los que se ve la verdadera calidad dancística de Grizot, Yebra y Jude. De gran complejidad técnica, Emmanuelle Grizot salió airosa en su doble papel de Swanie y Coppélia. Por su parte, Igor Yebra deslumbró en su interpretación del engreído galán Fonzy. Pese a la irregularidad de su carrera sin una compañía fija donde desempeñar su labor, a sus 30 años, Yebra conserva unas excelentes cualidades y dotes dancísticas, tal y como demostró en su intervención con el Ballet de la Ópera de Burdeos en calidad de bailarín invitado. Y ¿qué decir de Charles Jude como bailarín?, espléndido en sus matices ambivalentes entre maldad y excentricidad del doctor Coppelius. Los dos grandes momentos de la noche fueron el alocado cuadro de los autómatas, cuando el misántropo inventor descubre a los incómodos visitantes, y el fantástico paso a dos del compromiso nupcial de Swanie y Fonzy. Con este espectáculo, primero de danza en 2005, la Fundación Kursaal sigue demostrando que su filosofía consiste en apostar por buenos montajes, grandes compañías internacionales y obras clásicas de moderada contemporaneidad, para deleite de sus fieles espectadores que protagonizaron un aforo completo en las dos actuaciones del Ballet de la Ópera de Burdeos.
Iratxe de Arantzibia
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Iratxe de Arantzibia
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