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Bach, brillante e intimista
Programa: “Multiplicidad” y “Formas de vacío y silencio” .
Compañía: Compañía Nacional de Danza.
Director artístico: Nacho Duato.
Bailarines: Nacho Duato, Mar Baudesson, Tamako Akiyama, Yolanda Martín, Luisa María Arias, Susana Riazuelo, Rafael Rivero, Swee Boon Kuik, Dimo Kirilov, Oscar Salomosson, Alejandro Álvarez, Liu Balocchi, Lucía Barbadillo, Ana Tereza Gonzaga, Christelle Horna, Marina Jiménez, Emilija Jovanovic, Miriam Kescherman, Ana María López, Andrea Méndez, Inés Pereira, Nadja Sellrup, José Carlos Blanco, Gentian Doda, Fabrice Edelmann, Amaury Lebrun, Francisco Lorenzo, Isaac Montllor, Jens Rosen, Mathieu P. Rouviere, Joel Toledo, Héctor Torres.
Coreografías: Nacho Duato .
Música: Johann Sebastian Bach.
Evento: Dantzaldia 2004.
Lugar y fecha: Auditorium del Palacio Euskalduna (Bilbao), 11-Diciembre-2004.
La Compañía Nacional de Danza (= CND) volvió a recalar en Bilbao para clausurar, por segundo año consecutivo, el festival Dantzaldia, con una doble actuación. El abarrotado Auditorium del Palacio Euskalduna acogió el programa “Multiplicidad” y “Formas de vacío y silencio”, creado con ocasión de la designación de Weimar 99 como capital cultural europea. El espectáculo, de una hora de duración, se compuso de dos piezas firmadas por Nacho Duato (Valencia 1957) de corte diferenciado: mientras “Multiplicidad” es una explosión de alegría y colorido en torno a la música de Johann Sebastian Bach (Eisenach 1685- 1750), “Formas de vacío y silencio” ahonda en la parte más intimista del compositor alemán. Los cuarenta minutos de la primera pieza, compuesta a su vez por trece cuadros escénicos, demostraron la brillantez y genio creativo del coreógrafo valenciano. Con las expectativas tan altas generadas por “Multiplicidad”, los veinticinco minutos de “Formas de vacío y silencio” supieron a poco, en la espléndida actuación de los treinta componentes de la CND, una formación con un alto nivel técnico y gran destreza interpretativa. Sin duda, la sorpresa de la noche fue la actuación del propio Nacho Duato, quien a sus 47 años demostró aún sus excelentes cualidades físicas e interpretativas sobre un escenario. El entusiasmo y fervor del publico consiguió elevar el telón en tres ocasiones, para premiar este bello espectáculo y, por extensión, su sabia elección para finalizar entre laureles la quinta edición de Dantzaldia.
Las composiciones más luminosas, vitales y enérgicas de Johann Sebastian Bach son el hilo conductor de “Multiplicidad”, un collage de diversos extractos musicales del genio alemán encadenados en torno a una coreografía imaginativa y brillante, que prima los dúos, alternando con cuadros multitudinarios. Comienza el espectáculo con el mismísimo Bach dirigiendo la obra, siendo el primer bailarín en escena el propio Nacho Duato. Dicen que quien tuvo, retuvo, y, desde luego, nada más cierto. El coreógrafo-bailarín valenciano confirmó el mito de Fausto, al demostrar con su límpida interpretación la sabiduría escénica y sus cualidades dancísticas que le hicieron valedor del Gouden Dansprijs (1987). Sin duda, su solo inicial, así como su intervención final, levantaron a la par expectación y cálidos aplausos. Tras este prólogo, discurren un total de trece cuadros escénicos de gran plasticidad y profundo gusto esteticista. La casi totalidad del elenco interviene en el primer fragmento, donde los bailarines se asimilan a notas musicales, entremezcladas por la genialidad de Bach. Otra imagen impactante: una bailarina encarnando a un violoncello, mientras que un bailarín arranca de ella las sonoras notas musicales. Y así, entre pelucas, mascaras, miriñaques, el juego de apariencias y engaños del Barroco se perpetúa en “Multiplicidad”.
Apoyada en el arte de la fuga, la obra “Formas de vacío y silencio”, de tono más introspectivo, místico, espiritual, reflexiona en torno al tema de la muerte, una constante dentro de las composiciones de Bach. Nuevamente, Duato prima los dúos, que los contrapone a septetos y a alguna escena multitudinaria, como la final. Ese aire tan intimista contrasta con la explosión de alegría anterior, haciendo de esta pieza una obra más árida y de conexión más difícil con el espectador, pese a su elegante interpretación. El cuadro final, con la treintena de bailarines subiendo por el andamiaje escénico, mientras Nacho Duato dibuja su solo final, crea un resultado muy efectista. Sin embargo, suena a superflua esta segunda pieza, sobre todo, después de que el coreógrafo valenciano derrochara su genio creativo en la primera parte. El conjunto oscila entre la brillantez inicial y el regusto agridulce e intimista final. No obstante, el programa “Multiplicidad” y “Formas de vacío y silencio” muestra gran parte de las cualidades de Nacho Duato como coreógrafo, entre ellas, su gran musicalidad y gusto por la estética y plasticidad del montaje, que le hicieron valedor del Premio Benois de la Danse en 2000. Este homenaje a la figura de Johann Sebastian Bach conformó una clausura no menos brillante de la quinta edición del bilbaíno festival de danza contemporánea Dantzaldia, por el que han desfilado desde los extraordinarios bailarines al límite de Random Dance, hasta la frescura caótica de Roberto Olivan-Cia Enclave, pasando por la pureza flamenca del sevillano Rafael Campallo. Las dos actuaciones de la CND a modo de clausura fueron un magnifico broche de oro en el primer lustro de Dantzaldia.
Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografía: Jong Duk
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Iratxe de Arantzibia
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