Ballet de la Ópera de Leipzig/Itziar Mendizabal-Teatro Victoria Eugenia
La noche de Itziar
Programa: “Suite para dos pianos” (1990), “Pierrot lunaire” (1962) y “Symphony nº 7” (1993).
Compañía: Ballet de la Ópera de Leipzig.
Director: Paul Chalmer.
Coreografías: Uwe Scholz (“Suite para dos pianos” y “Symphony nº 7”) y Glen Tetley (“Pierrot lunaire”).
Bailarines principales: Itziar Mendizabal, Jean-Sébastien Colau, Marina Antonova, Oksana Kutchytska, Maiko Oishi, Tatiana Paunovic, Guy Albouy, Giovanni Di Palma, Alla Bykanova, Anna Tsybina, Sebastian Angermaier, Martin Chaix y José Urrutia.
Música: Sergei Rachmaninoff (“Suite para dos pianos”), Arnold Schönberg (“Pierrot lunaire”) y Ludwig van Beethoven (“Symphony nº 7”).
Lugar y fecha: Teatro Victoria Eugenia, 9-Febrero-2008.

Itziar Mendizabal (Hondarribia, 1981), Solista del Ballet de la Ópera de Leipzig, disfrutó del reencuentro con “su teatro”, el Victoria Eugenia, en la primera actuación en Donostia de la compañía germana. Para la ocasión, la formación alemana, dirigida por Paul Chalmer, presentó un triple programa compuesto por dos piezas de su alma mater Uwe Scholz (1958-2004) –“Suite para dos pianos” y “Symphony nº 7”- y una obra de Glen Tetley (1926-2007), “Pierrot lunaire”, interpretada en origen por el gran Rudolf Nureyev. Si bien las piezas de Uwe Scholz convierten la partitura en danza, la obra de Glen Tetley opta por apuntar los aspectos más teatrales de tres personajes de la Commedia dell’Arte (Pierrot, Colombina y Brighella). Con dos horas de duración, el programa ofrecido por el Ballet de la Ópera de Leipzig satisfizo al público, en una noche llena de emociones para la hondarribitarra, quien portaba dos inmensos ramos de flores, mientras aguantaba a duras penas las lágrimas, por la gran ovación que recibió de sus paisanos.
Comenzaba el espectáculo con “Suite para dos pianos” (1990), coreografía de Uwe Scholz sobre la música original de Rachmaninoff. Veinte minutos de melodía, divididos en cuatro movimientos, de una gran complejidad interpretativa, habida cuenta la dificultad de traducir, nota a nota, la partitura del compositor ruso en movimiento puro, abstracto y lleno de exquisita tensión, propia de la música del creador y virtuoso del piano ruso. En el plano coreográfico, además de la musicalidad, la coreografía de Uwe Scholz se caracteriza por su querencia por los complicados portes, una dificultad añadida a la pieza. Frente a la abstracción del movimiento musical y puro, la teatralidad de “Pierrot lunaire” (1962), creación de Glen Tetley, sobre la obra homónima musical de Arnold Schönberg (1912). Pierrot lunaire es un ciclo de veintiún canciones agrupadas en tres partes sobre poemas de Albert Giraud. Estos melodramas utilizan la voz femenina como instrumento para el canto y un estilo casi hablado (Sprechgesang) con acompañamiento de flauta, clarinete, violín, violoncello y piano. Pierrot, Colombina y Brighella –personajes de la Commedia dell’Arte- se pelean, se reconcilian y hacen chanzas en una pieza cuya duración y la rudeza de su música puede llegar a resultar incómoda para el espectador. Salvando esos apartados, la esforzada interpretación de Giovanni Di Palma en el rol de Pierrot, quien baila y se balancea en una estructura metálica cual andamio, gran parte de la obra, mereció los calurosos aplausos que recibió del público. Secundando a Di Palma, Jean-Sébastien Colau en la piel del insolente Brighella y Marietta Kro, encarnando a Colombina, también fantásticos en sus papeles.
Para finalizar la velada, otra obra con el sello característico de Uwe Scholz: “Symphony nº 7”, un alarde coreográfico al más alto nivel, que reunió en escena a la compañía al completo. En la representación del sábado, la elegante Itziar Mendizabal se estrenó en el rol principal, constituyendo el pilar principal de la obra. Dinámica, a un ritmo vertiginoso y como una nueva muestra de virtuosismo técnico, la pieza es un desafío para el bailarín, por esa constante traslación de la partitura en danza, propia de Scholz. El coreógrafo alemán crea diferentes frases coreográficas, muy apoyadas en vistosas composiciones en canon, que va entremezclando en función de los mandatos de la sinfonía número 7 de Beethoven –compuesta por cuatro movimientos en la que compone su “Marcha fúnebre”-. Sin duda, majestuoso final para una velada de danza que ofreció un completo programa, alternando la danza abstracta, llena de exquisita musicalidad y de virtuosismo técnico, con la danza de corte más teatral, en una escena de tres arquetipos de la Commedia dell’Arte. Con esta carta de presentación, el Ballet de la Ópera de Leipzig dejó constancia del buen nivel de sus bailarines, quienes dieron muestras de su versatilidad en propuestas heterodoxas. Cerca de diez minutos de aplausos evidenciaron la aprobación del público donostiarra. Especialmente, emotiva fue la velada para la intérprete hondarribitarra, cuya única actuación en el Victoria Eugenia se remonta a 1989. Como ya sentenciara al finalizar el espectáculo el director del Ballet de la Ópera de Leipzig, Paul Chalmer, “ésta es la noche de Itziar”. Y así queda todo dicho.
Texto: Iratxe de Arantzibia.
Fotografía: Costin Radu.
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