Ballet Biarritz-"Don Juan"-Teatro Victoria Eugenia
Análisis del ballet de acción
Piezas: “Les petits riens” y “Don Juan”.
Compañía: Ballet Biarritz.
Coreografía: Thierry Malandain.
Bailarines: Véronique Aniorte, Giuseppe Chiavaro, Camille Aublé, Fréderik Deberdt, Annalisa Cioffi, Cédric Godefroid, Silvia Magalhaes, Miguel Pla Boluda, Magali Praud, Mikel Irurzun del Castillo, Miyuki Kanei, Arnaud Mahouy, Nathalie Verspecht, Thibault Taniou, Ione Miren Aguirre, Fábio Lopes.
Música: Wolfgang Amadeus Mozart y Christoph Willibald Gluck.
Lugar y fecha: Teatro Victoria Eugenia, 4-Marzo-2007.

El Ballet Biarritz protagonizó la segunda velada de danza en el Teatro Victoria Eugenia, con el programa “Don Juan”, una personal lectura sobre los orígenes del ballet de acción (siglo XVIII), realizada por el coreógrafo y director Thierry Malandain. Tanto Jean-Georges Noverre en “Les petits riens” (1778), como Gasparo Angiolini en su “Don Juan” (1761) cuestionaron las bases balletísticas de la época, apostando por la interrelación lógica entre pantomima, danza y música en la obra artística. Partiendo de esa revolución, Malandain traduce a su particular visión este momento histórico, a través de la relectura de ambas piezas. En el plano coreográfico, su lenguaje es predominantemente neoclásico, con matices de contemporáneo.
La primera parte se inició con “Les petits riens”, cuyo original fue el exponente de la única colaboración entre Mozart y Noverre. Tras permanecer la partitura un siglo en el olvido, hoy día, no se sabe a ciencia cierta cuál es el orden de las escenas. Por eso, la reinterpretación de Malandain no posee una línea argumental clara, sino, más bien, recoge un cúmulo de escenas galantes de seductores coqueteos entre pastorcillos, rodeados por bucólicos prados y acompañados por la ternura de las ovejitas. Pero el creador galo va más allá, al incluir un sutil sentido de la ironía y algunos momentos cómicos muy entretenidos. Siendo un divertimento, esta pieza logra hacerse simpática y esbozar una sonrisa cómplice del espectador. Muy interesante es la broma final de Malandain, al aparecer los personajes de esta pastoral de espaldas al público, saludando a un hipotético patio de butacas, sito al fondo del escenario.
Basada en la obra literaria de Molière, quien, a su vez, tomó prestado el personaje del libertino seductor de Tirso de Molina, la obra “Don Juan”, representada en el segundo acto, se fue perdiendo en su densidad y espesura, debido, entre otras cosas, a la reiteración de movimientos y al alargamiento innecesario de la trama. La historia es bastante sencilla. El eterno seductor Don Juan es descubierto mancillando el honor de Doña Elvira, por su padre el Comendador. A resultas del duelo, el regidor fallece. Se celebra un banquete, en el que Doña Elvira le urge a Don Juan a presentar sus respetos al monumento funerario de su progenitor. En ese momento, el fantasma del Comendador lo atrapa y se lleva a Don Juan al Hades. Como innovación, Malandain fracciona el papel protagonista, creando tres ‘don juanes’. Alterna los pasos a dos, a tres y quintetos con grandes cuadros corales. La escenografía compuesta por mesas y banquetas de base triangular ayuda a crear diferentes espacios escénicos. Esta obra volvió a mostrar el buen nivel técnico de los componentes del Ballet Biarritz. Con un trabajo eficaz y solvente, los bailarines estuvieron por encima de esta densa pieza. Un público entregado aplaudió con fervor la buena labor del conjunto francés.

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