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1. Festival de San Lorenzo de El Escorial-The Royal Ballet

Ballet con mayúsculas

Programa: “Romeo y Julieta”.
Compañía: The Royal Ballet.
Directora: Monica Mason.
Coreografía: sir Kenneth MacMillan.
Música: Sergei Prokofiev.
Bailarines Principales: Mara Galeazzi (Julieta), Federico Bonelli (Romeo), Brian Maloney (Mercutio), Bennet Gartside (Tybalt), Jonathan Howells (Benvolio), Johannes Stepanek (Paris), Gary Avis (Lord Capuleto), Christina Arestis (Lady Capuleto), David Pickering (Escalus, Príncipe de Verona), Isabel McMeekan (Rosalina), Genesia Rosato (Niñera), Alaistair Marriott (Fray Lorenzo y Lord Montesco), Vanessa Fenton (Lady Montesco), Gemma Bond, Yuhui Choe, Helen Crawford, Carolina Duprot, Bethany Keating, Hikaru Kobayashi (Amigas de Julieta), Vanessa Palmer, Francesca Filpi y Gemma Sykes (Tres mujeres de vida alegre), Steven McRae, Giacomo Ciriaci, Zachary Faruque, Ernst Meisner, Ludovic Ondiviela y James Wilkie (Baile de la mandolina), cuerpo de baile (aldeanos e invitados al baile).
Música en directo: Orquesta Sinfónica de Extremadura, Graham Bond (director).
Escenografía y vestuario: Nicholas Georgiadis.
Iluminación: John B. Read.
Evento: 1er. Festival de San Lorenzo de El Escorial.
Lugar y fecha: Auditorio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), 8-Julio-2006 (matinée).

El Auditorio de San Lorenzo de El Escorial acogió la actuación del Royal Ballet en la primera edición de su festival. Para ello, la veterana formación británica trajo su “Romeo y Julieta”, con coreografía de sir Kenneth MacMillan. Cuatro fueron las actuaciones programadas para tan magna cita de danza, siendo la española Tamara Rojo y el cubano Carlos Acosta protagonistas de dos de ellas. Sin embargo, la función de horario matinée permitió disfrutar de otros bailarines principales, encarnando a los amantes de Verona. Los italianos Mara Galeazzi y Federico Bonelli personificaron con gran calidad, calidez y candidez a los jóvenes enamorados, roles que, en su estreno en 1965, fueron interpretados por Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev. Detrás de la pareja transalpina, los espléndidos solistas y cuerpo de baile del Royal Ballet lucieron sus fantásticas dotes, en un grandioso montaje con el sabor inconfundible de la compañía inglesa. La producción es el resultado de un trabajo preciso, en el que cada detalle obtiene la importancia requerida. Así se consigue el magnífico espectáculo ofrecido por el Royal Ballet en la inauguración de un recién nacido festival y de un novísimo espacio escénico. Tres horas de amores, bailes de máscaras y trágico desenlace que se saldaron con el aplauso unánime del público asistente.

Desde que el genio de las letras inglesas William Shakespeare escribiera en 1594 la tragedia de los amantes de Verona, la historia de los jóvenes Capuleto y Montesco convirtió a Romeo y Julieta en arquetipos del amor desdichado. No sería hasta dos siglos después (1785) cuando se transformara la obra literaria en una coreografía firmada por Eusebio Luzzi. Sin embargo, la partitura de Sergei Prokofiev fue de importancia capital para su conversión en una obra dancística. Por eso, se considera que la primera gran coreografía de “Romeo y Julieta”, firmada por Bronislava Nijinska, fue estrenada en el Teatro de la Ópera de Monte-Carlo, en 1926. A partir de entonces, ha habido muchas versiones de “Romeo y Julieta” como las de Vania Psota (Brno, 1938), Leonid Lavrovsky (San Petersburgo, 1940), John Cranko (Venecia, 1958), sir Kenneth MacMillan (Londres, 1965), Maurice Bejart (Bruselas, 1966), Birgit Cullberg (Estocolmo, 1969), John Neumeier (Copenhague, 1974) y Nacho Duato (Madrid, 1998), entre otras muchas. Siendo británico el autor de la obra, la versión de MacMillan contaba a priori con el entusiasmo de sus compatriotas. El londinense Covent Garden acogió el estreno, el 9 de Febrero de 1965, contando en sus roles principales con Margot Fonteyn como Julieta y Rudolf Nureyev en el papel de Romeo. El espectáculo, muy británico en su concepción, resaltaba las virtudes de la pareja Fonteyn-Nureyev como un modelo a la par de fuerza y gracia. Cuarenta años después de su estreno en la capital del Reino Unido, el nuevo Auditorio de San Lorenzo de El Escorial acogió la obra con tres parejas de bailarines principales emulando al dúo Fonteyn-Nureyev: Tamara Rojo y Carlos Acosta, Mara Galeazzi y Federico Bonelli, y, finalmente, Leanne Benjamín y Viacheslav Samodurov.

La italiana Mara Galeazzi (sábado matinée) interpretó con solvencia a la joven Capuleto, en un rol que aglutina una gran gama de sentimientos y sensaciones: su paso de la inocencia infantil a la madurez de enamorada y su decisión final. Frente a ella, un tímido Federico Bonelli que tardó en sentirse cómodo en la piel de Romeo. En el segundo acto, el bailarín principal del Royal Ballet empezó a desplegar sus dotes como intérprete, para llegar a su clímax en la parte final. Poco a poco, se fue caldeando, hasta los brillantes pas de deux del acto final. Especialmente sobrecogedora es su danza con el cadáver de su amada –él no sabe que su muerte es fingida- en la cripta de los Capuleto. Arropando a los enamorados Capuleto y Montesco, Mercutio (Brian Maloney) y Benvolio (Jonathan Howells), amigos de Romeo, disfrutaron de momentos para su lucimiento y deleite del público, así como, el intrigante Teobaldo (Bennet Gartside). La puesta en escena resultó, en todo momento, brillante, pero lució sobremanera en el baile cortesano. Sin duda, el conjunto del espectáculo, con una compañía soberbia, un montaje magnífico y unos buenos intérpretes, permitió disfrutar de la gran coreografía de MacMillan. Un espectáculo del Royal Ballet se asemeja un traje de alta costura, único y exclusivo, frente al prêt-à–porter masivo de muchas producciones de danza que se programan en los teatros españoles. Sin duda, ver un ballet con todos los elementos cuidados al mínimo es un gran placer. Por ello, el Festival de San Lorenzo de El Escorial no pudo realizar mejor elección para su primer espectáculo de danza. Los aplausos del público congregado en el Auditorio dieron fe del buen programa.

Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografía: Dee Conway





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