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Tamara Rojo y Cía de Iñaki Urlezaga-Teatro Arriaga (Bilbao)

Brava Tamara

Programa: Suite de “Don Quijote” y “Apolo y sus tías”.
Coreografías: Marius Petipa (“Don Quijote”) y Óscar Araiz (“Apolo y sus tías”).
Bailarines Principales: Tamara Rojo (Bailarina Principal del Royal Ballet) e Iñaki Urlezaga (Bailarín Principal Invitado del Dutch Nacional Ballet de Holanda).
Compañía Ballet Concierto: Noelia Diaz, Fernanda Colmegna, Eliana Figueroa, Franco Cadelago, Marcelo Torus, Emmanuel Rodríguez, Mariano Balloni, Rafael Peralta, Belén Burghi, Lucia Valencia, Marianela Bidondo, Nadia Esker, Nicolasa Manzo, Ananda Storino, Viviana Ortiz, Agustina Katz, Steven Meléndez, Antonio Ayesta, Diego Paredes, Juliana Pérez Salas, Natacha Bernabé, María Lovero, Maria Laura Matienzo, Luciano Torres.
Música: Ludwig Minkus (“Don Quijote”)y Jacques Offenbach (“Apolo y sus tías”).
Lugar y fecha: Teatro Arriaga (Bilbao), 10-Diciembre-2006.



Treinta y dos fouttés. Desde antaño, la ejecución briosa de esa treintena de pasos es considerada el éxtasis del virtuosismo y perfección técnica. Tamara Rojo (Montreal, 1974), Bailarina Principal del Royal Ballet y Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2005, con su ímpetu, arrojo y fortaleza, bordó esos treinta y dos fouttés insertos en la suite de “Don Quijote”, que interpretó junto al argentino Iñaki Urlezaga (La Plata, Argentina, 1977) y la compañía Ballet Concierto, en el Teatro Arriaga de Bilbao. Presentada como el principal aliciente, Rojo fue lo mejor de una velada de ballet, compuesta por dos obras. Además de la referida “Don Quijote”, Urlezaga y su formación presentaron “Apolo y sus tías”, una deslavazada pieza firmada por el coreógrafo Óscar Araiz (Punta Alta, Argentina, 1940). El espectáculo, de hora y media de duración, hizo las delicias del público asistente, abrumado por la fuerza interpretativa y las excelentes cualidades técnicas de Tamara Rojo, quien, para desgracia de los asistentes, sólo participó en la primera parte. Pese a todo, su intervención fue, sin duda, lo más aplaudido de la noche.

La versión de Marius Petipa de “Don Quijote” (Moscú, 1869), en la que seleccionaba el episodio de ‘Las bodas de Camacho’, se convirtió en la piedra coreográfica capital de la adaptación del clásico cervantino al ballet. Antes, otros creadores como Jean-Georges Noverre (1786), Louis Milon (1801), Charles Louis Didelot (1809), Salvatore Taglioni (1844) o Paolo Taglioni (1850) ya se habían interesado por la obra de Miguel de Cervantes. La riqueza y la perfección técnica de las figuras y de los pasos hicieron del Quijote de Petipa el referente del público. Para cualquier bailarín, enfrentarse a los roles protagonistas –Kitri y Basilio- constituye todo un reto para su virtuosismo y destreza técnica. La vistosidad de sus pas de deux hacen que “Don Quijote” sea una constante en las Galas de Estrellas. Por eso, disfrutar de Tamara Rojo, en papel de la enamorada Kitri, es un deleite para cualquier balletómano. Cuando Tamara es Kitri, ‘la Rojo’ rezuma carácter, fuerza y bravura, incluso en una actuación de estas características, en la que no se interpreta toda la obra, sino un breve extracto. Y llega el momento cumbre. Uno a uno, dibuja los treinta y dos benditos fouttés. El público enfervorizado aplaude ese derroche técnico. Sin embargo, su partenaire, Iñaki Urlezaga, Bailarín Principal Invitado del Dutch Nacional Ballet de Holanda, no ejerce una réplica a la altura de Tamara. En el rol de Basilio, el argentino no deslumbró en sus variaciones. Y esto unido al despliegue de virtuosismo de Tamara Rojo hizo que el enamorado barbero Basilio se quedara empequeñecido en la suite de “Don Quijote”.

Una pieza de corte neoclásico, cuya autoría corresponde al argentino Óscar Araiz, monopolizó el segundo acto de la velada. “Apolo y sus tías”, estrenada en el Teatro Colón de Buenos Aires en 2004, pretende narrar en su argumento la relación del dios Apolo, hijo de Zeus y Letona, con sus tías, las 9 Musas que le educan (Clío, Terpsícore, Euterpe, Thalia, Melpómene, Erato, Polimnia, Urania y Caliope). La idea de abordar coreográficamente el trato entre la deidad de las Artes y las inspiradoras de las mismas no es novedosa. Ya en 1928, Adolph Bolm presentó su obra “Apolo Musagète” en la Biblioteca del Congreso, en Washington. El humor es la nota más característica de este “Apolo y sus tías” de Araiz. De esta manera, el alto contenido pantomímico hizo que la pieza fuera muy liviana en otros aspectos, a saber, destreza dancística. La música de Jacques Offenbach adornó esta obra menor que no despegó en ningún momento, ni aunque Iñaki Urlezaga, corporeizando a Apolo, hiciera uso de una de sus principales virtudes bailando: el ralentí de su bello giro. En la salutación final, el bailarín argentino sacó al escenario a Tamara Rojo- que no participaba en esta pieza-, quien recibió los aplausos más calurosos por su racial Kitri, por la fortaleza de su técnica, por sus treinta y dos fouttés, en definitiva, por ser tan brava bailando.





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