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Como luz para las tinieblas

Ayer tuvimos la oportunidad de disfrutar con la versión que de Como agua para chocolate ha hecho la compañía donostiarra Ados.

La historia que se nos ofrece es la de un amor imposible, la de una mujer encorsetada por la tradición familiar, Tita, que se comunica con su amado Pedro a través de los guisos que cocina, los cuales transmiten sus sentimientos y emociones.
Como agua para chocolate es una tragicomedia de amores y desamores, un culebrón gastronómico y familiar; exponente en mayúsculas del “realismo mágico”, la trama conlleva una gran carga simbólica y sentimental que nos demuestra que la vida se mueve en una tenue frontera entre magia y realidad.

Antes de nada decir que adaptar al espacio escénico la exitosa novela de Laura Esquivel (llevada al cine por Alfonso Arau) era todo un reto; y que Garbi Losada ha salido de él indemne.
Sintetizar una novela tan compleja y extensa sin renunciar a sus señas de identidad, con mimo y respeto sin que se nos cuente otra cosa como a veces ocurre no está al alcance de cualquier dramaturgo.
Es evidente que la experiencia acumulada en las adaptaciones de espectáculos anteriores (Manolito Gafotas, El amigo de John Wayne, Las mujeres de verdad tienen curvas) le ha valido a Losada a superar este reto que era superior a los antes citados.


Al tener que resumir muchos años en más o menos hora y media, se antoja imprescindible una constante cambio de escenas y localizaciones.
Se da una combinación de iluminación e imágenes proyectadas, en unos tules traslúcidos y móviles. Resaltar la originalidad sobre anteriores montajes de la compañía donostiarra de un zoom proyectado sobre una imagen que te invita a meterte en la historia.

Como pequeña pega decir que el gran número de escenas hace que en algunos momentos nos perdamos un poco, debido a lo antes expuesto (densidad de la historia) hay muchas transiciones y a veces nos cuesta meternos en todas las sub-tramas.
No obstante, a nivel general decir que la escenografía y especialmente la iluminación facilita la comprensión del relato y el “resumen” temporal-espacial de toda una saga familiar.


Pero el amplio despliegue de iluminación no ha restado importancia a otros factores;el vestuario ayuda a hacernos atractiva la función revalorizándola.

También se confirma la solvencia habitual de los intérpretes de Ados, máxime en una representación tan coral ya que el reparto esta compuesto por nueve actores y actrices; de los cuales con el permiso del resto quisiera destacar la fuerza de la protagonista, la actriz colombiana Tania de la Cruz. Asimismo se agradecen en este drama la intervenciones de Koldo Losada que en esta ocasión explota especialmente su lado más cómico y desenfadado pero con contención.

Ados vuelve a marcar sus señas de identidad, un teatro comercial de calidad que atrae a nuevos públicos, apoyándose para ello en la aplicación en el montaje de nuevas tecnologías al servicio del desarrollo de la trama; y como en este caso aportando luz a una ambiciosa propuesta.

Y es que diez años de trabajo (felicidades a la compañía) no pasan en balde. Y los que quedan.







Carlos Minondo
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