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Programa: “D.Q. ...pasajero en tránsito”.
Dirección y Coreografía: Rafael Amargo.
Colaboración coreográfica: Manuel Segovia.
Dirección de Escena: Carlos Padrissa (La Fura dels Baus) y Rafael Amargo.
Dramaturgia: Juan Estelrich.
Audiovisual: Franc Aleu y Juan Estelrich.
Roles Principales: Rafael Amargo (Don Quijote/ Bidanshi), Fran Fernández (Sancho/ Akira), Alberto Pardo (Mago Merlín), Yolanda Jiménez (Dulcinea/ Aldonza), Rubén Olmo (Caballero de los Espejos), Florentino García (Basilio), Maria ‘La Coneja’ y Enrique Pantoja (Novios).
Bailaores: María José Álvarez, Carmen Angulo, Pedro Aunión, Jesús Carmona, Vanesa Gálvez, Yolanda Jiménez, Carmen Iglesia, Eduardo Leal, Rubén Olmo, Rosana Romero, Yolanda Rodríguez, Victoria Rodríguez, Fabián Tomé, Miguel Valles.
Música: José Soto ‘Sorderita’, Lagartija Nick, José María y Nacho Cano, Frank T, Dnoe, David Moreira, Rafael Gabarri, Henry Purcell e Isaac Albéniz.
Cantaores: María ‘La Coneja’, Enrique Pantoja, Tony Maya, Maite Maya, María Carmona.
Música en directo: Flavio Rodrígues y Camarón de Pitita (guitarra), Antonio Maya (cajón), David Moreira (violín), y la colaboración de José Soto ‘Sorderita’.
Voces de la narración: Fernando Fernán Gómez (Miguel de Cervantes) y Emma Suárez (la Luna).
Iluminación: Sergio Spinelli.
Vestuario: Ivonne Blake.
Evento: 66 Quincena Musical.
Lugar y fecha: Auditorio del Kursaal, 4-Agosto-2005.

La inauguración de la sexagésimo sexta edición de Quincena Musical tuvo su punto álgido en el Auditorio del Kursaal con el retorno a los tablaos donostiarras de Rafael Amargo (Pinos Puente, Granada, 1975). Dentro del ampuloso programa de actividades destinadas a conmemorar el cuarto centenario de la publicación de la primera parte de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” (1605), el creador polivalente granadino construye una no menos ingeniosa, sugerente y alucinógena versión libérrima del inmortal clásico cervantino. Concebido como un videojuego de ordenador con siete menús principales, que corresponden a otros tantos capítulos de la obra quijotesca, el montaje de Amargo parte del paralelismo entre las novelas de caballerías y el mundo cibernético contemporáneo. De esta manera, el kilométrico espectáculo confeccionado con dos actos, de una duración total cercana a las tres horas, se convierte en un inmenso software en el que el espectador-internauta navega por el septeto de cuadros-menús. “D.Q. ...pasajero en tránsito” es un montaje multidisciplinar que entremezcla proyecciones audiovisuales, a cargo de Carlos Padrissa (La Fura dels Baus), con danza contemporánea, baile clásico español, flamenco y breakdance. Además de su excesiva duración, el software ‘DQ’ debe de tener el firewall contra la egolatría estropeado, ya que el virus troyano del narcisismo ha penetrado en su interior. Bajo el éxtasis de la autocontemplación, Rafael Amargo baila poco, actúa menos y emerge como un divo que reclama el aplauso a la menor ocasión. Ciertamente, hay momentos sobresalientes en “D.Q. ...pasajero en tránsito”, pero necesitados de mayor pulimento. Había muchas esperanzas depositadas tras las expectativas cosechadas por el joven Rafael Amargo, gracias a su buen camino dibujado con “Amargo” (1999), “Poeta en Nueva York” (2002) y “El amor brujo” (2003), vistas en los tablaos vascos. Este trabajo ofrece pequeñas perlas, sedimentadas bajo el egocentrismo del polivalente Rafael Amargo. No obstante, la mayoría del público asistente quedó embelesada por el embrujo del granadino que cosechó una buena colección de aplausos.

Tokio 2023. Dos jóvenes otakus (=fan obsesivo de alguna actividad, sobre todo, del anime y manga; individuo antisocial equivalente al concepto anglosajón de nerd), Bidanshi (Rafael Amargo) y Akira (Fran Fernández) se comunican a través de Internet. Akira descubre el mundo de las novelas de caballería y ambos quedan cautivados por Alonso Quijano/ Don Quijote y Sancho Panza. Así, gracias a la tecnología, Bidanshi y Akira viven, bailan y padecen siete de los capítulos centrales de la obra de Miguel de Cervantes- las bodas de Camacho, las cuevas de Montesinos, el romance de las Dulcineas, los molinos de viento, etc-. Espectáculo construido a base de proyecciones de video, con la inconfundible huella de la Fura dels Baus, y de diferentes estilos dancísticos, el maridaje de tanto elemento dispar resulta de difícil digestión. El barroquismo de la imagen, los coloristas cuadros de danza española (escuela bolera) y los deshilvanados retazos del estilo contemporáneo crean un todo tan recargado que se acerca a los excesos del rococó. De esta manera, se pierde la autenticidad del lenguaje flamenco, bien bailado, bien cantado. Resulta innegable la creatividad de Rafael Amargo, quien se une al furero Carlos Padrissa, aunando dos fuentes de originalidad difíciles de igualar. Pero, queriendo imitar al patrón de perfecto hombre renacentista, el bailaor y creador granadino quiere asumir todos los roles imaginables en la obra –actor, cantante y bailaor- haciendo bueno aquello de “quien mucho abarca, poco aprieta”. Tras la indigestión alucinógena de la primera parte, el espectador-internauta, después del almax preceptivo en los veinte minutos del intermedio, disfrutó más del segundo acto, debido a la estilización de la puesta en escena, la mayor sobriedad de la danza y el sabor auténtico del flamenco. Aquí, Rafael Amargo sí mereció esos aplausos que tanto reclamó en la primera parte. Y, cómo no, el público premió con creces los escasos momentos de entrega del polifacético artista.

Uno de los alicientes más reseñables de “D.Q. ...pasajero en tránsito” es la creación audiovisual, firmada por Franc Aleu y Juan Estelrich. En el escenario, tres pantallas dispuestas en forma de U proyectaban los fragmentos de videocreación, que se alternaban con escenas bailadas. Ciertamente, algunos bucles cinematográficos denotaban una gran originalidad. Rodada en una antigua fábrica azucarera de Aranjuez, la parte visual permite apreciar las cualidades actorales de Rafael Amargo. En su mayoría, son clips cargados de un sentido del humor surrealista, cercano al largometraje “El milagro de P. Tinto” (España, 1998), del realizador Javier Fesser, con la inolvidable actuación de Luis Ciges. Ya más discutible es la actuación rockera de Bidanshi-Amargo en una fiesta desmadrada. ¿Quién le ha dicho a Rafael Amargo que lo suyo es la canción?¿Será que la profesora de “Operación Triunfo” Edith Salazar, con quien, por cierto, trabajó en “Poeta en Nueva York”, le ha engañado? Sin embargo, afortunadamente, el terreno musical lo ocuparon artistas más adecuados como los cantaoresMaría ‘La Coneja’, Enrique Pantoja, Tony Maya, Maite Maya, María Carmona. Las voces de Fernando Fernán Gómez, como Miguel de Cervantes, y de Emma Suárez, como la Luna, engrandecieron la parte narrativa del montaje.

Los amantes del ballet y de la danza en general tenían centrada toda su atención en la recreación made in Amargo del episodio de ‘Las bodas de Camacho’. Aunque la historia balletística registra otras versiones previas, la entrada por la puerta grande de “Don Quijote” en la misma se debe a la coreografía de Marius Petipa (Teatro Bolshoi, 14 de Diciembre de 1869), sobre la partitura de Ludwig Minkus, centrada precisamente en esos capítulos de los esponsales de Camacho o Gamache, según la terminología en la tradición internacional. Ése era, sin duda, el apartado más delicado a la hora de embarcarse en la aventura del Quijote, por parte de cualquier creador o renovador. Por eso, resulta insuficiente el jolgorio flamenco que organiza Rafael Amargo para salir de manera tangencial de ese escollo. En esta ocasión, María ‘La Coneja’ y Enrique Pantoja hacen las veces de los novios, mientras que Florentino García encarna al enamorado Basilio. Ya en el plano propiamente coreográfico, habría que resaltar los altibajos estilísticos: De una fina danza de clásico español, a buen seguro supervisada por Manuel Segovia, a una deficientemente hilvanada danza contemporánea, o a un estupendo palo del flamenco, realmente bordado, o a un fragmento de breakdance. A destacar, la belleza poética del cuadro final, esa muerte del loco Don Quijote, quien recobra en la cordura a Alonso Quijano. Sobria, serena, por derecho propio, la danza de Rafael Amargo merece en este momento la recompensa del aplauso, la gloria del artista victorioso, el premio etéreo del sonido de las palmas de los espectadores.

El mérito de Jesús Rafael García Hernández es haber creado el personaje de Rafael Amargo. Salir de la difícil escuela de los Ballets televisivos de José Luis Moreno y convertirse en el paradigma de la modernidad, renovación y glamour del arte flamenco tiene visos de hazaña. Y a sus treinta años, el preponderante rol de Rafael Amargo está matando al creador original, a ese granadino imaginativo, con talento y ganas de comerse el mundo. Muchas veces, el espectador ha disfrutado de su genialidad artística, pero con “D.Q. ...pasajero en tránsito”, el personaje de Rafael Amargo ha vencido sobre su progenitor. Hay elementos interesantes a resaltar en este trabajo, sin embargo, Amargo parece haber sucumbido bajo los síntomas del ‘síndrome Joaquín Cortés’, durmiéndose en los oropeles de la gloria, la fama del papel couché, y los réditos masmediáticos de la televisión. Esos serán sus molinos de viento a batir, si decide reencauzar su carrera por el fantástico camino que ya había trazado. No obstante, el espectáculo “D.Q. ...pasajero en tránsito” merece la pena ser visto, aunque sólo sea porque no deja indiferente al espectador tan magno montaje. En muchas ocasiones, la Quincena Musical donostiarra asume mayores riesgos en sus apuestas que la programación anual de su alter ego la Fundación Kursaal. La veterana Quincena, con una edad propia de la jubilación, ya confió en Rafael Amargo para aquel “Amor Brujo” (2003), estrenado en la mágica cueva de Zugarramurdi. Ahora, esa joven vitalidad de la Quincena le ha llevado a apostar por el Quijote made in Amargo, para hacer de la inauguración de su 66 edición una experiencia inolvidable. A buen seguro que lo consiguió, aunque los espectadores-internautas se dividieron entre quienes hubieran pulsado Ctrl.+Alt+Supr, para borrar el alucinógeno espectáculo de su unidad C, los que hubieran hecho Ctrl.+X, para recortar su duración, y los entusiastas que hubieran tecleado Ctrl.+C, para copiar y volver a disfrutar del software ‘DQ III, by Rafael Amargo’.

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