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De liana en liana

Programa: “Manono” y “Fiuk”.
Compañía: Pŕl Frčnak.
Coreografía: Pŕl Frčnak.
Bailarines: Pŕl Frčnak (“Manono”)/ Miguel Ortega, Attila Gergely, Rolando Rocha y André Mandarino (“Fiuk”).
Músicos: Fabrice Planquette y Klaus Nomi (“Manono”)/ Fabrice Planquette y Attila Gergely (“Fiuk”).
Evento: Dantzaldia 2005.
Lugar y fecha: Sala Teatro A1 del Euskalduna (Bilbao), 27-Noviembre-2005.

La compañía húngaro-francesa de Pŕl Frčnak clausuró la sexta edición del festival de danza contemporánea de Bilbao “Dantzaldia”. Para ello, esta formación presentó un programa doble –“Manono” y “Fiuk”- con una duración de hora y media. En primer lugar, el propio coreógrafo y director de la compañía –Pŕl Frčnak- interpretó el sugerente solo titulado “Manono”, un viaje por los recónditos misterios de un océano azulísimo. Los aledaños de la Sala Teatro del Euskalduna fueron el espacio seleccionado para la interpretación de “Manono”. Ya en el interior, un cuarteto masculino bailó la pieza “Fiuk”(los hombres escondidos), primera parte de una trilogía en la que se cuestiona el papel del ser humano en la sociedad actual, con un examen al tradicional reparto de roles masculino-femenino. Esta obra, rica en efectos extra-dancísticos, empleó con profusión las posibilidades de tres cuerdas suspendidas, en las que los bailarines ejecutaron gran parte de la pieza. La mezcla de danza contemporánea, malabarismos en el trío de sogas y breves gags paródicos gustó al público asistente. Sin duda, fue un espectáculo poco convencional, con propuestas sugerentes e interesantes planteamientos conceptuales. Una buena forma de dar por finalizada la sexta edición de “Dantzaldia”.

Pŕl Frčnak en persona fue el encargado de romper el hielo con la interpretación de “Manono”. La pieza, concebida como un solo e inspirada en el movimiento butoh, muestra en su comienzo un gran retal de tela azul dispuesto en forma circular sobre el suelo. Aparece un nadador, ataviado con bañador, gorro y gafas ad hoc, que lentamente va desperezándose, ejecutando movimientos similares a los de un bañista que se sumergiera en una piscina o en un océano. Tras zambullirse, Frčnak se encuentra situado en el centro del círculo de azulísima tela. Continúan los movimientos de torso, brazos y torsiones, en las que apenas hace uso de la parte inferior de su tronco. En un momento dado, el coreógrafo y bailarín se ata el retal azul a modo de larguísima falda o folklórica bata de cola. Así, la parte inferior del tronco queda aún más estática, mientras que concentra todo el movimiento en la parte superior. De forma lenta y progresiva, Frčnak dibuja escenas en las que aparecen peces nadando en el océano, un breve monólogo con el lenguaje de signos de los sordomudos, etc. El universo añil, con reminiscencias de las antropometrías azules de Ives Klein o de las Blue Balls de Sam Francis, tiñe de tranquilidad a esta sosegada pieza de corte abstracto.

Cuestionar los estereotipos sociales es el hilo conductor de una trilogía firmada por Pŕl Frčnak, de la que, en esta ocasión, presenta el extracto referido al hombre, con la pieza titulada “Fiuk”. Tres cuerdas y cuatro bailarines son los ingredientes de esta obra. La violencia, el chauvinismo masculino, la prepotencia, la estupidez y las jerarquías de poder son algunos de los temas sobre los que reflexiona Frčnak. La parodia es otro elemento empleado por el coreógrafo, quien se mofa de los arquetipos sociales en el gag caricaturesco de la prototípica bailarina de ballet, con tutú y puntas, inserta en una caja de música. Con ciertos guiños hacia el travestismo, los bailarines alternan piruetas colgados de las cuerdas, una especie de ‘danza vertical’, con breves fragmentos de danza más al uso, sin perder esa raíz de humor negro de Frčnak. Porque la variación del bailarín con un ceñidísimo vestido de punto, con el que no podía casi ni dar un paso, acompañado el atuendo por unas botas militares, tiene su mérito, al menos, para el intérprete que bailó y luchó con/contra dichas prendas. Más cerca de un funambulista circense que de un bailarín al uso, el cuarteto de intérpretes derrochó mucha energía en su actuación. Como expiación a sus pecados viriles, los cuatro treparon de liana en liana, dibujaron bellas estampas por el camino y bailaron con mucha entrega. Y el público lo supo. Por eso, obtuvieron el aplauso unánime de los asistentes a la clausura de la sexta edición de “Dantzaldia”, que cerró esta edición dedicada a los movimientos coreográficos europeos. Ahora, habrá que esperar hasta otoño de 2006, para conocer las novedades del siempre dinámico festival bilbaíno.

Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografía: Peter Petti





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