Corella Ballet-Castilla León/Ángel Corella-"La Bayadera"-Teatro Real (Madrid)
Disipando las sombras
Programa: “La Bayadera”.
Compañía: Corella Ballet-Castilla León
Coreografía: Natalia Makarova, sobre el original de Marius Petipa.
Bailarines principales: Ángel Corella (Solor), Paloma Herrera (Nikiya), Gillian Murphy (Gamzatti), Fernando Bufalá (Ídolo de bronce).
Lugar y fecha: Teatro Real (Madrid), 6-Septiembre-2008.
 
El estreno de “La Bayadera” en el Teatro Real de Madrid adquirió tintes diferentes a la mera première de un espectáculo. Parecía una cuestión de estado, al menos, por las expectativas desatadas dentro del panorama de la danza en España. Consciente de ello, Ángel Corella, director artístico de la nueva compañía, había apostado a lo grande, contando con la versión completa que Natalia Makarova creara en 1980, para el ABT, del que Corella es bailarín principal, sobre el clásico original de Marius Petipa. Con una duración cercana a las tres horas, “La Bayadera” del Corella Ballet-Castilla León, entre cuyos componentes se encuentra el donostiarra Ion Agirretxe, resultó un digno debut, a la par que la invitación de Paloma Herrera y Gillian Murphy, también principales de ABT, engrandeció aún más la solidez de la apuesta. Frente a ellas, Ángel Corella brilló en su Solor, como si la consecución de este sueño tan largamente acariciado le produjera un estado de felicidad plena y ello se notó sobre la escena. La impecable técnica de Paloma Herrera, en el rol de la bayadera Nikiya, no pudo ocultar el gesto severo en su actuación. Y si Solor habría de decantarse por Nikiya, más de uno de los asistentes hubiera apostado por la elegancia y brillantez de Gillian Murphy, en la piel de la abandonada Gamzatti. Y qué decir de los pocos pero espléndidos minutos en escena de Fernando Bufalá, encarnando al ídolo de bronce. Exigente variación del intérprete madrileño que bordó de inicio a final.
Tantos clásicos del ballet hubieran sido una opción adecuada para esta prueba de fuego, pero, sin embargo, Ángel Corella se inclinó por “La Bayadera”, sabedor de que se trata de una obra de cuerpo de baile. Y eso es precisamente lo que quería demostrar ante la concurrencia: que su compañía había trabajado firme para hacerse valedor de la confianza del mundo de la danza en España. De toda la obra, la atención estaba puesta en el acto segundo, conocido popularmente como “el reino de las sombras”. Efectivamente, el descenso de la pléyade de sombras fue impecable, disipando toda duda del futuro potencial de la formación castellano-leonesa. Si bien el primer acto resultó más impreciso, la ilusión por la trascendencia de esta presentación hizo que los jóvenes miembros del Corella Ballet-Castilla León afinaran aún más, hasta dar sensación de armonía de todo el conjunto. Y con el amor de ultratumba entre Nikiya Herrera y Solor Corella finalizó con éxito la exigente puesta de largo de la compañía que, un buen día, un Ángel se atrevió a soñar.
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