|
 |
 |
 |
 |
Divina galaxia Lucía
Programa: “Étoiles et fantaisies”.
Piezas de ‘Étoiles’: “La belle au Bois Dormant”, “Feed the bird”, “Adagio for strings”, “Zapateado” “Le Bourgeois”, “Double concerto”, “Non, je ne regrette rien” y “Light rain”.
Bailarines de ‘Étoiles’: Lucía Lacarra, Cyril Pierre, Daniela Severian, Dmitrij Simkin, Antonio Márquez, Erina Takahashi y Jan-Erik Wikström.
Piezas de ‘Fantaisies’: “Romeo y Julieta”, “Star splangled Ballerina”, “La mort du cygne” y “Go for Barocco”.
Intérpretes de Les Ballets Grandiva: Nina Minimaximova (Víctor Trevino), Tiffany Anne Cartier (Kirt Ruben), Ginger Snapps (Oswaldo Muñiz), Alicia “Havana” Bialonso (Alexis O’Farrill), Marcia Payday (Marlon Altoe), Palomina Carrera (Camillo Rodríguez), Karina (Allen Dennis), Janie Sparker, Ray Van Mason y George Callahan.
Evento: XIII. Le Temps d’Aimer.
Lugar y fecha: Gare du Midi (Biarritz), 6-Septiembre-2003.
La decimotercera edición del festival de danza “Le Temps d’Aimer” de Biarritz inauguró sus sesiones con una espectacular gala de “Estrellas y fantasías” (=”Étoiles et fantaisies”). La Gare du Midi acogió una velada compuesta por un programa doble que oscilaba entre el virtuosismo y heterogeneidad estilística de la primera parte (“Étoiles”), donde sobresalió la actuación de la zumaiarra Lucía Lacarra, y la comicidad hilarante de la segunda (“Fantaisies”), esta última de la mano de los Ballets Grandiva. Con una duración de 2 horas y media, el espectáculo abordó diferentes lenguajes coreográficos en su primer acto- clásico, neoclásico, contemporáneo, flamenco- según el tradicional esquema del coordinador artístico Boris Trailine, mientras que la parodia corrosiva se adueñó de la segunda parte, gracias a las divinas estrellas del tutú y las puntas, amén del pelo en pecho, componentes de la trouppe de Les Ballets Grandiva, quienes versionaron algunas piezas del patrimonio balletístico. Virtuosismo y entretenimiento fueron las claves de la gala inaugural del certamen vascofrancés que cosechó un gran éxito, apreciable en los más de 5 minutos de aplausos a las rutilantes estrellas del ballet y en las carcajadas insistentes de la segunda parte.
Si una gala de estrellas, necesita como principal sustento, precisamente eso: estrellas del Ballet, en esa constelación de cuerpos estelares hubo una que sobresalió por si sola; aunque no en vano ostenta el Premio Benois y el Premio Nijinsky, Lucía Lacarra (Zumaia, 1975) es toda ella una galaxia en el firmamento de la danza. Actual figura del Ballet de la Ópera de Munich, considerada la mejor bailarina del momento- así lo atestiguan sus galardones-, Lacarra enmudeció al respetable con dos magistrales interpretaciones- “Adagio for strings” y “Light rain”- acompañada por su parteneire Cyril Pierre. La bailarina guipuzcoana bordó una excepcional, brillante y conmovedora interpretación en su primera intervención- “Adagio for strings”- en una coreografía de corte contemporáneo, que primaba la magnífica extensión de sus infinitas piernas. La rudeza de una música difícil no favoreció en exceso a Lacarra-Pierre en “Light rain”, aunque la intérprete vasca pudo sacar brillo a una pieza sin gran interés coreográfico. Etérea como una pluma, exquisita en su sensibilidad interpretativa, y pulcramente precisa en la ejecución de sus movimientos, Lucía Lacarra ha alcanzado con su trabajo y tesón un puesto por derecho propio en el Olimpo del Ballet.
A años-luz de la constelación Lacarra, el resto de intérpretes realizaron un eficaz trabajo en cada una de sus obras. La pareja Daniela Severian y Dmitrij Simkin, componentes del Ballet de la Ópera de Wiesbaden- recibidos por estos pagos en Quincena Musical 2000, programa “Carmen/Bolero” y “Rock around Barock”- gustaron mucho en sus tres intervenciones. Comenzaron con un dúo, “Feed de bird”, coreografía del propio Simkin, una pequeña y agradablemente inesperada sorpresa. Pieza fresca, sencilla y directa, narra una trivial escena cotidiana: una mujer alimenta a un pájaro con migajas de pan. Después, ambos por separado, demostraron su calidad interpretativa en dos piezas ya conocidas: “Le Bourgeois” y “Non, je ne regrette rien” (Ben Van Cauwenberg), presentes en la ‘Gala de Estrellas’ de Quincena Musical 2001. Con música de Jacques Brel, Simkin brindó en “Le Bourgeois” una desenfada interpretación. Sin embargo, resultó más vistosa “Non, je ne regrette rien”, en la voz de Edith Piaf, donde emergió el feeling de Daniela Severian, un sentimiento nacido del inconfundible sabor latino de su sangre brasileña.
El patrón de veladas de figuras dancísticas diseñado por Boris Trailine siempre incluye el ingrediente flamenco; esta vez de la mano de Antonio Márquez, quien dejó hasta cualquier resquicio de energía en el “Zapateado de Sarasate”. El sevillano, damnificado por actuar tras el tandem Lacarra-Pierre, se propuso obtener los aplausos más sonoros. Y así fue, exprimió hasta la extenuación todas las posibilidades de sus botines, silencio incluido, llegando a la catarsis con el frenético ritmo taconeador. Sabiduría sobre tablaos y mimo en su arte, Márquez representó con maestría a la danza clásica española. Por su parte, la pareja Erina Takahashi y Jan-Erik Wikström, figuras del English National Ballet, fueron los responsables de la apertura de la gala con “La bella durmiente” (Marius Petipa, estreno 3-Enero-1890), un inicio algo gélido, pues la excesiva formalidad de la interpretación no llegó ni a propios ni a extraños. Su segunda intervención- “Double concert” (extracto)- volvió a mostrar a unos estupendos bailarines encorsetados en una coreografía.
Y llegó la segunda parte de la noche dancística...Les Ballets Grandiva, compañía de hombretones, fundada en 1996 por Víctor Trevino, cuya humorística reinterpretación de clásicos de la danza había levantado mucha expectación. Desde que María Taglioni adoptara la punta en “La Sylphide” (1832), el arte derivado de esta zapatilla ha fascinado a muchos. Pero, ¿quién iba a imaginar a hombres bailando cual gráciles damiselas sobre la punta y ataviados con sus tutús? Aunque no es la primera compañía dentro de esa línea, lo cierto es que los Ballets Grandiva perpetraron el asesinato más cómico de algunas piezas del acervo balletístico. Comenzaron su disparatada intervención con “Romeo y Julieta”, coreografía de Trevino, sobre música de Prokofiev, con Romeo (George Callahan) y Julieta (Nina Minimaxinova=Víctor Trevino) desmontando el clásico shakesperiano. Tanto que hasta el joven Romeo dejó plantada a la mismísima Julieta, tras haberla lanzado por los aires y restregado por el suelo.
Y tras “Star splangled ballerina” en la misma línea con un domador circense y una bella superstar de la danza, llegó el ‘no va más’: “La muerte de cisne”, brutal e hilarante homicidio sobre el clásico solo estrenado por Anna Paulova (1907) con música de Camille Saint-Saëns. Entra Tiffany Anne Cartier (=Kirt Ruben) borda su interpretación de cisne moribundo con sus alados brazos y, cuando está recibiendo el aplauso del público, aparece Karina (Allen Dennis) dispuesta a morir otra vez, por obra y gracia del cisne perecedero. Entre punta y punta, y brazo sutilmente volátil, fallece. Pero, y aquí está el quid de la cuestión, entra Nina Minimaximova, embutida en un traje de plumas, despidiendo en su grácil danza algunas de las idem. Se produjo el ‘acabose’, el público, riendo a mandíbula batiente, y, como no, los tres ánades fallecen de manera trágico-cómica. Por último, la música de Bach protagoniza el mano a mano entre Tiffany Anne Cartier y Ginger Snapps (=Oswaldo Muñiz), acompañados como cuerpo de baile por Alicia “Havana” Bialonso (=Alexis O’Farrill), Marcia Payday (Marlon Altoe) y Palomina Carrera (=Camillo Rodríguez) en un claro homenaje al barroco musical- “Go for Barocco”-
El virtuosismo de Lucía Lacarra, a la cabeza de la sección “Étoiles”, y el humor corrosivo de Les Ballets Grandiva proporcionaron a los asistentes a la inauguración del XIII. Festival Le Temps d’Aimer una velada irrepetible. Completa, aunque muy comercial, propuesta de estrellas del firmamento dancístico para una primera parte, donde hubo de casi todo: clásico, contemporáneo, flamenco y neoclásico; un acto donde la bailarina guipuzcoana demostró por qué es la gran diva actual del Parnaso balletístico. Y ¿qué decir de la compañía de mozalbetes, ataviados con tutú y puntas, liderados por Víctor Trevino? Divertidos, entretenidos y mordaces- quizás sea más difícil parodiar que interpretar-, cuajaron una desternillante actuación. Chapeau!
Iratxe de Arantzibia
|
Iratxe de Arantzibia
|
|
 |
 |
 |
 |
|