67 Quincena Musical- Israel Galván y "Arena"
Dos orejas, rabo y vuelta al escenario
Programa: “Arena. Seis coreografías para seis toros”.
Coreógrafo y bailaor: Israel Galván.
Director artístico: Pedro G. Romero.
Artistas invitados: Diego Carrasco (cante), Miguel Poveda (cante), Diego Amador (piano), Charanga Los Sones, Cuarteto de Percusiones de la Orquesta Joven de Andalucía, dirigida por Pilles Midoux.
Colaboración especial: Enrique Morente (cante en video).
Equipo artístico: Alfredo Lagos (guitarra), “Bobote” (palmas, jaleo, baile), “El Eléctrico” (palmas, jaleo, baile), Mercedes Bernal (gaita del Gastor).
Escenografía: Pepe Barea y Pablo Pujol.
Vestuario: Mangas Verdes.
Iluminación: Ada Bonadei (Vancram).
Evento: 67 edición de Quincena Musical.
Lugar y fecha: Auditorio del Kursaal, 16-Agosto-2006.
El bailaor sevillano Israel Galván, Premio Nacional de Danza 2005 en la categoría de Creación Coreográfica, inauguró el apartado de danza en la sexagésimo séptima edición de Quincena Musical. Para la ocasión, Galván presentó su innovador espectáculo “Arena”, dividido en seis cuadros, que reciben el nombre del toro que mató a sendos toreros en los ruedos. Con una duración de hora y media, “Arena” se convierte en un irreverente e irónico anti-espectáculo de danza flamenca, interpretado por un anti-bailaor, con una claridad de pensamiento tan diáfana como para mantener la coherencia de su planteamiento hasta las últimas consecuencias. Precedido por breves proyecciones de video con el cameo del cantaor Enrique Morente, Israel Galván se enfrenta totalmente solo a cada escena, a cada toro, a cada reacción del público, sólo arropado por la música interpretada en directo. A su vez, los seis cuadros permiten al sevillano adoptar los diferentes puntos de la fiesta: el toro, el banderillero, el matador, el público, la vida y la muerte. No exenta del dramatismo propio de la lucha entre el morlaco y el torero, la obra presenta fuertes dosis de humor casi subversivo. Galván ha seleccionado un tema muy propio del flamenco como es la tauromaquia –no hay que olvidar que, por ejemplo, el bailaor Antonio Canales recibió en 1995 el Premio Nacional de Danza por “Torero”-, pero lo ha dotado de una dimensión diferente, al fusionar la danza flamenca con el lenguaje contemporáneo y el teatro experimental. En cierta manera, el bailaor y coreógrafo sevillano parte del tradicional espectáculo de flamenco y lo desestructura, porque no busca mostrar su virtuosismo bailando, porque elige canciones infantiles, militares y hasta incluso himnos gay para su “fiesta” sobre el escenario, porque entre el abanico de sentimientos prima un sentido del humor demoledor, porque, en definitiva, Israel Galván hace una obra tan redonda que difiere por completo de la tradición. Con “Arena”, al igual que con la ópera, no hay punto medio: o apasiona o disgusta.
Comienza el espectáculo con el cuadro titulado “Bailador” (toro que mató a Joselito “El Gallo”, 1920), en el que Israel Galván, a pie descalzo, suministra a cuentagotas su danza, entre atronadoras pausas de silencio. Llega la hora de “Granaíno” (toro que acabó con la vida de Ignacio Sanchéz Mejías, 1934), fragmento en el que el sevillano baila y lucha con una silla-mecedora, mientras se proyectan los inmortales versos de Federico García Lorca. El tercero de la tarde es “Pocapena” (toro que quitó la vida a Manuel Granero, 1922) y el espectáculo comienza a despegar a una gran velocidad. Guitarra, palmas, jaleos y la gaita del Gastor acompañan musicalmente a Galván que sí, esta vez, sí muestra que baila lo que le echen. A partir de ahí, la obra sigue subiendo a un ritmo vertiginoso. “Burlero” (toro que mató al Yiyo, 1985) presenta una escena de transición, en la que el sevillano juega con un burladero. El quinto de la tarde es “Playero” (toro que quitó la vida a Manuel Montaño, 1905). Para él, Diego Amador al piano e Israel Galván, danzando. Suena la canción infantil “Pipi Calzaslargas”, mientras Galván exprime los sones de sus botas de bailaor. Una atmósfera de irrealidad y desconcierto se apodera del público, más aún cuando el pianista desgrana unas notas de una cancioncilla militar. Y llegó el sexto y último de la tarde: “Cantinero” (toro que acabó con la vida de José Rodríguez Davie “Pepete”, 1899). La Charanga Los Sones baja por el patio de butacas del Kursaal, tocando “Paquito, el chocolatero”. Ciertamente, un final irreverente para un espectáculo nada complaciente. Ya en tiempo de aplausos, suena el himno gay por excelencia “I will survive” de Gloria Gaynor, mientras que los músicos y un tímido Israel Galván se despiden del público. Con “Arena”, el bailaor y coreógrafo sevillano construye un inteligente montaje que, partiendo de elementos muy flamencos, busca un divergente camino de modernidad. En una proyección al principio de la obra, ya lo decía el matador Luis Miguel Dominguín: “el público es la muerte”. De esta manera, a quien nunca haya visto un espectáculo flamenco, le descolocará; a quienes sí hayan visto a otros flamencos coetáneos de Galván, les sorprenderá; afortunadamente, a unos cuantos les parecerá simplemente magnífico. Por eso, pedirán las dos orejas, el rabo y vuelta al escenario para Israel Galván, Premio Nacional de Danza 2005 en la categoría de Creación Coreográfica. Un gratísimo hallazgo de Quincena Musical.
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