Ballet de la Ópera de Lyon-Teatro Victoria Eugenia
En busca de un coreógrafo contemporáneo
Programa:”Fantasie”, “Steptext” y “Bella figura”.
Compañía: Ballet de la Ópera de Lyon.
Coreografías: Sasha Waltz, William Forsythe y Jirí Kylián.
Director Artístico: Yorgos Loukos.
Bailarines: Coralie Bernand, Eneka Bordato, Alexis Bourbeau, Fernando Carrión Caballero, Benoît Caussé, Maite Cebrián Abad, Bruno Cezario, Louis-Clément Da Costa, Dorothée Delabie, Marie-Laetitia Diederichs, Amandine François, Peggy Grelat Dupont, Yang Jiang, Caelyn Knight, Misha Kostrzewski, Franck Laizet, Sora Lee, Hong Jun Li, Laura Marín, Francesca Mattavelli, Yu Otagaki, Jérôme Piatka, Marieta Plzakova, Kevin Quinaou, Carolina Rocher, Jaime Roque de la Cruz, Corey Scout-Gilbert, Julie Tardy-Dupeyron, Denis Terrassa y Pavel Trush.
Lugar y fecha: Teatro Victoria Eugenia, 14-Abril-2007.

El Ballet de la Ópera de Lyon volvió a recalar en los escenarios donostiarras, tras su última visita hace dos años. En esta ocasión, la compañía dirigida por Yorgos Loukos presentó su trabajo, en doble función, en el recientemente reinaugurado Teatro Victoria Eugenia. La formación francesa seleccionó un triple programa de autores contemporáneos –Sasha Waltz, William Forsythe y Jirí Kylián-, demostrando que lo suyo es el repertorio actual. La alteración del orden preestablecido, situando en primer lugar la pieza de Waltz y postergando al segundo puesto la de Forsythe, favoreció el correcto desarrollo de la velada. De esta manera, fue un acierto la nueva colocación de las obras ‘in crescendo’. En el aspecto técnico, el Ballet de la Ópera de Lyon siempre se caracteriza por un buen nivel y gran calidad de sus intérpretes. Sin embargo, en esta visita donostiarra, la compañía lionesa acusó en exceso la renovación de casi el 80% de su plantilla, en relación con su exitosa actuación en el Auditorio del Kursaal (2005, programa Mats Ek y Jirí Kylián), así como la reciente incorporación a su repertorio de alguna de las piezas ofrecidas. Siendo buenos bailarines, no fueron capaces de mostrar totalmente los diferentes registros en cada una de las piezas, en cada uno de los estilos, en cada uno de los matices diferenciales entre autor y autor. Porque, aunque todos los cuadros del mundo se aglutinen bajo el epígrafe de pintura, no todos los autores pintan de la misma manera. Eso fue, quizás, lo que ensombreció levemente la actuación del Ballet de la Ópera de Lyon, que, por lo demás, duró dos horas, divididas en dos actos, y contó con el aplauso rotundo del patio de butacas.
La autora del mensaje del Día Internacional de la Danza 2007, la coreógrafa alemana Sasha Waltz, firmó “Fantasie”, primera pieza de la noche. Creada ex profeso para el Ballet de la Ópera de Lyon y estrenada por ésta el 12 de febrero de 2006, la obra hace gala de una frescura e ingenuidad casi pueril. Muchos de sus movimientos tienen la apariencia de proceder de la improvisación pura. Dinámicas de clases de danza, como diagonales, están presentes en esta pieza con grandes altibajos que alternaba algunos portés muy elaborados con otras escenas más lúdicas como las que mostraba a los bailarines jugando a hacer aviones en un vuelo sin motor. Más sustancia contenía “Steptext” del neoyorquino William Forsythe. En su continua labor de desestructuración del movimiento y del hecho dancístico, el coreógrafo americano propone varias pautas musicales, escenográficas y coreográficas, dislocándolas, entremezclándolas, en definitiva, jugando con una mujer y tres hombres durante veinte minutos. Obra de gran dificultad que requiere una gran precisión, concentración y mucho dominio corporal del intérprete. Forsythe, uno de los genios contemporáneos, explora los límites de la técnica y de la danza, caracterizándose sus piezas por su fuerza escénica, que necesitan de una entrega total del bailarín y de la energía de éste. Originalmente, la pieza fue estrenada por la compañía italiana Aterballetto, el 11 de enero de 1985, para formar parte del repertorio lionés dos años después.
Como broche de oro de la velada, la formación francesa ofreció la sensacional obra de Jirí Kylián “Bella figura”, que acaba de incluirla en su oferta recientemente, mientras que el original fue estrenado por Nederlands Dans Theater (NDT) el 12 de octubre de 1995. El propio coreógrafo checo definió esta obra como “la sensación que uno tiene después de haber soñado caerse y haberse despertado sólo con una costilla rota”. Ciertamente, tiene algo de onírico esta pieza, una verdadera belleza, un imaginativo sueño kyliano, aderezado por un collage musical del Renacimiento y de las partituras barrocas de Vivaldi, Torelli y Pergolesi. La perfecta musicalidad de las coreografías de Kylián forma parte de su belleza y complejidad. Cada nota, cada silencio, cada instante se traduce en un movimiento coreográfico. Especialmente hermosa la escena de los/las bailarines, con el torso descubierto, y ataviados con largas faldas rojas. Aunque no menos bellos son los exquisitos pas de deux del checo. Una obra ya clásica que forma parte del repertorio esencial de Jirí Kylián.

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