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Eureka
Programa: IX. Muestra Coreográfica de Euskadi.
Piezas: “Cuatro y cuatro”, “Huri”, “Duty free”, “Trans” y “Hizki mutua”.
Coreógrafos: Izaskun Santamaría-Natalia Monge, Eider Rodríguez, Iragartze Garai, Igor Calonge y Atxarte López de Munain.
Intérpretes: Izaskun Santamaría/ Eider Rodríguez/ Nagore Malasetxebarria, Marta Pampa, Paula Nutini, Laura Mourelos e Iragartze Garai/ Igor Calonge/ Oiane López de Munain, Vivianne Jonsson-Valenzia, Nadine MacLean, Katie Keeble y Beatriz Gasco.
Lugar y fecha: Egiako Kultur Etxea, 10-Abril-2005.
La IX. Muestra Coreográfica de Euskadi sirvió para tomar el pulso a los creadores vascos amateurs. Después de varios años de navegar a la deriva, parece que los neófitos coreógrafos del País Vasco van vislumbrando una senda por donde guiar sus pasos. No existe una línea creativa única: desde piezas de corte intelectual hasta danza-teatro y, eso sí, mucha proyección de video. La Dirección de Creación y Difusión Cultural del Gobierno Vasco, organizadora del evento, se marca como objetivo de la Muestra fomentar la creación de cara a la profesionalización de las compañías. Puede que esta ambiciosa meta quede a medio camino, pero resulta interesante señalar que, en todo caso, las cinco breves piezas que han compuesto esta novena edición no dejan de ser un proceso de creación y experimentación, es decir, embriones de algo que, quizás, algún día germinará en toda una sólida generación de coreógrafos vascos.
Por cuarta vez consecutiva, los organizadores convocaron un acto de preselección, que tuvo lugar el pasado 19 de Marzo en el Teatro Social de la localidad vizcaína de Basauri, ante un nutrido grupo de representantes de diferentes sectores de la danza en Euskadi –coreógrafos, compañías, críticos, etc...-. De las once piezas presentadas, cinco de ellas han sido elegidas para conformar la IX. Muestra Coreográfica de Euskadi. La composición heterogénea del Jurado consigue como gran logro la ponderación de las valoraciones, lo que lleva a conformar una exhibición plural, sin predominar una u otra línea creativa. Es, por tanto, un abanico de opciones diferenciadas para satisfacer públicos diversos. Y los miembros del Jurado apostaron por las creaciones “Cuatro y cuatro” (Izaskun Santamaría y Natalia Monge), “Huri” (Eider Rodríguez), “Duty free” (Iragartze Garai), “Trans” (Igor Calonge) e “Hizki mutua” (Atxarte López de Munain).
Tras su paso por Barakaldo, la Muestra recaló en el donostiarra espacio Gazteszena, cuyo patio de butacas rozaba el lleno total. Con cerca de dos horas de espectáculo, hubo divergencia de opiniones entre el público, aunque, mayoritariamente, el quinteto de piezas contó con el aplauso del respetable, más si cabe, la actuación del donostiarra Igor Calonge, por aquello de bailar en casa, amén de por la originalidad de su propuesta.
Comenzaba el espectáculo con “Cuatro y cuatro”, obra del tándem Izaskun Santamaría y Natalia Monge. Hay que reseñar que la pieza mostrada en Egia era un producto desnatado de la vista en Basauri, por razones de fuerza mayor. En la preselección, la pieza contaba con ambas coreógrafas vizcaínas en las tareas de interpretación. Sin embargo, Natalia Monge se encontraba en su octavo mes de gestación, por lo que, a la hora de la gira, ya había dado a luz a una hermosa niña, que nació no con un pan debajo del brazo, sino con una preselección, para la cual la pieza “Cuatro y cuatro” jugaba poderosamente con la tensión que producía ver a Monge con su inmensa barriga, bailando de manera osada. Por ello, la selección de “Cuatro y cuatro” jugó con cartas trucadas, ya que la presencia escénica de una mujer embarazada tiene unas connotaciones diferentes a la sola interpretación de Santamaría, acompañada de un video de una Monge embarazadísima bailando. Con música en directo de Itziar Madariaga, Santamaría defendió con corrección su obra “Cuatro y cuatro”, una pieza sin argumento cuyo eje es la interrelación de las intérpretes, la música y el movimiento. Existe una pretensión de desdibujar la separación escenario-patio de butacas, al comenzar la bailarina portugaluja su intervención en este último espacio.
Criatura paradisíaca es el significado en árabe de la palabra “Huri”, título de la obra presentada por Eider Rodríguez. La creadora e intérprete getxotarra presenta una pieza coreográfica abierta, subdividida internamente, en tres pequeños fragmentos. Si hay algo que destaca sobremanera de esta “Huri” es la bellísima interpretación de Rodríguez, quien da muestra de su buena técnica y formación en este solo de buena factura. Quizás, en ocasiones, la obra de la getxotarra peca de ser excesivamente académica en su concepción y desarrollo, pero gana enteros con la danza clasicista con leves visos contemporáneos de Eider Rodríguez. Frente a belleza atemporal de “Huri”, la bilbaína Iragartze Garai presentó una pieza eminentemente urbana bajo el título de “Duty free”. Los sonidos de la tecnología –móviles, ordenadores, contestadores, etc- rigen esta obra que habla de la tiranía de los ‘bips’ y ‘tics’ en la sociedad actual. Con un desarrollo irregular que alterna fragmentos de video y alguna escena teatral, la pieza, interpretada por un quinteto de bailarinas, cuenta con varias secuencias de coreografía muy urbana, entre demostraciones de ruido de las megalópolis.
Impactante, personalísima y sugerente son las características de “Trans”, obra del donostiarra Igor Calonge. Un universo íntimo y una sensibilidad especial, unidos a una personal concepción del escenario hicieron de “Trans” la pieza a destacar de la IX. Muestra Coreográfica de Euskadi. Con una estructura circular, comienza y termina con Calonge ataviado con un largo velo negro, acompañado de gafas y nariz, propios de la sección de artículos de broma, junto a un ramo de rosas, una imagen que, si bien, en un inicio provoca carcajadas, al finalizar supone el éxtasis de la ternura desatada a lo largo de la obra. Alterna la danza, de movimiento muy logrado y personal, con una proyección de fastuosa vegetación sobre su cuerpo, que actúa como pantalla. En un momento dado, el bailarín donostiarra, con la espalda cubierta de líquido rojizo -¿sangre, quizás?- se vuelve de frente hacia el espectador para mostrar un corazón dibujado en su torso. El lirismo y la belleza de la exuberante flora se torna amargo, agrio; se tiene la certeza de que Calonge está desnudando algo más que su cuerpo sobre el escenario. Pero, aparentemente, el personaje, una especie de doña Rogelia a punto de subir al altar, le gana la partida al ser humano y aparece el donostiarra espléndido sobre el escenario, bailando, exhibiéndose, pidiendo que le miren, quizás para no ver ni ahondar en esa parte tan íntima que muestra. La simplicidad no es la tónica dominante de la pieza de Calonge y esa amalgama de efectos –videos, diapositivas, luces, etc- que enriquecen la obra, a su vez, suponen la mayor traba para el desarrollo lineal de la misma, porque la menor falta de coordinación o un pequeño fallo pueden dar al traste con el magnífico trabajo final. No obstante, “Trans” es un interesante bosquejo de algo que pudiera ser mayor y que, a buen seguro, llevará a Igor Calonge a seguir profundizando en su particular lenguaje creativo.
La coreógrafa bilbaína Atxarte López de Munain puso el punto final a la novena edición de la Muestra. López de Munain es la única participante que ha estado ininterrumpidamente presente en este evento desde su primera presentación en 2003, con “Oskola” (=”Caparazón”) . El año pasado, resultó seleccionada su obra “9” y completa la terna este 2005 con “Hizki mutua” (=”Letra muda”). De esta manera, la creadora vizcaína resulta el mejor ejemplo de una línea de trabajo realizada a lo largo de un periodo de tiempo medio. En este sentido, hay que señalar que López de Munain ha seguido un camino muy coherente en su tres piezas. Su lenguaje coreográfico es pulcro, geométrico y con un desarrollo impecable. “Hizki mutua” reflexiona sobre la lengua como código de comunicación entre los seres humanos, empleando para ello otro lenguaje, como es la danza. Con música de txalaparta, las cuatro bailarinas son notas-letras del alfabeto y se combinan e interrelacionan según unas reglas que la creadora bilbaína preestablece. Así, la pieza es una investigación sobre la mutua relación entre las bailarinas, quienes ejecutan la danza de manera impecable y precisa. López de Munain prefiere las líneas geométricas puras que funcionan como ejes espaciales y emplea con fruición la figura del canon coreográfico para interrelacionar a las bailarinas. El resultado es un trabajo serio, coherente e impecable, que quizás adolece de falta de sentimiento, pero con una ejecución brillante. De esta manera, finalizaron las casi dos horas de la IX. Muestra Coreográfica de Euskadi, con el público moderadamente satisfecho, los coreógrafos neófitos encantados y los miembros del Jurado aliviados al conseguir conformar una edición más redonda que la anterior. Bien dentro de la danza de corte intelectual, bien en la categoría de la danza-teatro, este 2005, los creadores amateur vascos parece que han atinado su camino, una senda plural, aunque, eso sí, que no se duerman en las musarañas para la décima edición de este evento.
Iratxe de Arantzibia
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Iratxe de Arantzibia
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