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Extraordinario sabor a café
Programa: “El sombrero de tres picos” y “El café de Chinitas”.
Coreografía: José Antonio.
Compañía Centro Andaluz de Danza.
Dirección escénica: José Antonio y Lluís Danés.
Bailaores: Úrsula López, Miguel A. Corbacho, José Antonio, Elena Algado, Mª José López, José M. Benítez, Antonio Corredera, Álvaro Méndez, Oliver Mola, David Villanueva, Mª José Acejo, Belén de la Quintana, María Fernández, Elisabeth Jara, Ana Morales, Yolanda Murillo, David Fortes, Ángel Gil, Antonio González, Jesús Lozano, Emilio Ramírez, Isaac Tovar, Mar Bachs y Raúl González.
Música: Manuel de Falla (“El sombrero de tres picos”) y canciones populares españolas de Federico García Lorca (“El café de Chinitas”).
Músicos de “El café de Chinitas”: Esperanza Fernández (artista invitada). Chano Domínguez y su grupo: Chano Domínguez (piano), Marina Albero (teclados), Jordi Bonell (guitarra), Blas Córdoba ‘El Quejío’ (cantaor), Guillermo McGill (batería) y Mario Rossy (bajo). Músicos flamencos: Juan Manuel López y Antonio Jiménez (guitarras), Pepe de Pura (cantaor) y Raúl Domínguez (cajón y percusión).
Escenografía original: Salvador Dalí.
Evento: 65 Quincena Musical.
Lugar y fecha: Auditorio del Kursaal, 23-Agosto-2004.
La celebración del centenario del nacimiento del pintor ampurdanés Salvador Dalí (1904-1989) protagonizó el único espectáculo de danza ofrecido por la 65 edición de la Quincena Musical. Creador polifacético, el máximo representante pictórico del Surrealismo demostró su interés por la danza en una pequeña parte de su vasta producción artística. De esta manera, Dalí realizó la escenografía de diversas obras, entre ellas, “El sombrero de tres picos” en su periplo americano –estreno en el Zeigfeld Theatre de Nueva York, en 1949- y “El café de Chinitas” –estreno en el Ballet Theatre de Detroit, en 1949-, ambas obras componentes de este espectáculo ofrecido por el Centro Andaluz de Danza, en una clara muestra de adhesión de la Quincena Musical a los actos del “Año Dalí”. El programa confeccionado con las obras “El sombrero de tres picos” (50 minutos) y “El café de Chinitas” (1 hora y 15 minutos), ambas con coreografía de José Antonio, osciló entre la flojedad de la primera pieza y la brillantez de la segunda. Sin duda, las canciones populares recuperadas por Federico García Lorca (1898-1936) y armonizadas por Chano Domínguez, unidas a la intervención de Esperanza Fernández como artista invitada y a la poderosa presencia del telón daliniano, que representa a una mujer crucificada con torso de guitarra, sin olvidar el quehacer del Centro Andaluz de Danza, crean el clima óptimo para hacer de “El café de Chinitas” el auténtico espectáculo de danza flamenca a la altura de la Quincena Musical, en su ánimo de homenajear a Salvador Dalí.
La relación de Salvador Dalí con la danza está intrínsecamente unida a la colaboración de Pablo Picasso (1881-1973) con los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev. La primera escenografía del pintor surrealista fue “Bacchanale” en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1939, aunque previamente había sido el artista malagueño el responsable los telones en su estreno londinense. El mismo sistema de doble autoría –telones europeos de Picasso y escenografías americanas de Dalí- siguieron otras obras como “Laberinto”, “Sentimental colloquy”, “”Mad Tristan” o “El sombrero de tres picos”.Cuestión diferente es la elaboración de los telones de “El café de Chinitas”. Dalí, profundamente conmocionado por el asesinato de su amigo Federico García Lorca, acepta el encargo de Encarnación López “La Argentinita” para realizar la escenografía de esta obra que, en su origen, recoge 13 canciones populares seleccionadas por el poeta granadino, en un intento de redimirse y homenajear a Lorca. Ya en 1961, en una etapa diferente de su carrera, el pintor ampurdanés escribirá el libreto y realizará la escenografía y el vestuario de “Gala”, obra coreografiada por Maurice Bejart y premiada en el Teatro Fenice de Venecia.
El viejo corregidor intenta seducir a la joven y bella molinera, creándose multitud de equívocos y enredos entre el molinero, el mandatario real y la dama. Éste es un pequeño esbozo de la trama de “El sombrero de tres picos”, obra homónima de Pedro Antonio de Alarcón escrita en 1874 y para la que Manuel de Falla compuso la música entre 1916 y 1919. Su consagración se produjo gracias a los Ballets Rusos, en una primera coreografía (1919) firmada por Leónide Massine, en la que se aúnan la cultura española, la música de Falla y originariamente el diseño de Picasso. No será hasta 1949 cuando Salvador Dalí aporte su granito de arena a la escenografía americana de la obra. Con estos precedentes, José Antonio, autor de la coreografía ofrecida por el Centro Andaluz de Danza, mantiene en esencia el aire castizo y popular de la obra –jota, farruca, fandango-. En conjunto, quizás por el peso del vestuario de reminiscencias goyescas, da la sensación de obra vetusta con escaso hálito de vida, a excepción de la soberbia, grotesca e histriónica actuación del propio José Antonio en el rol de corregidor.
Mucho más afinada, creativa, colorista y hasta daliniana es la segunda obra de la velada “El café de Chinitas”. Ocho canciones populares recogidas por Federico García Lorca, a modo de otros tantos cuadros flamencos, serán el pretexto para crear un universo onírico, imaginativo y sugerente que, en cierta medida, pretende retratar la conflictiva relación entre Lorca y Dalí. Esta pieza habla del derecho a la diferencia, de la pasión, del compromiso social, de la opción sexual...describe a un Dalí misógino precoz y lleno de miedos a la hora de definir su identidad sexual, para quien el asesinato del poeta granadino supone un gran varapalo moral y frustra una anhelada reconciliación con su amigo Lorca. Durante algo más de una hora, los componentes del Centro Andaluz de Danza, con Úrsula López como el destino y Elena Algado junto a Miguel Ángel Corbacho como bailaores principales, ahora sí, se emplearon a fondo en ocho piezas con músicas populares como “Los cuatro muleros” o “Viva Sevilla”. Magnífica la composición escénica del catalán Lluís Danés –muy elaborada la simbología daliniana- y soberbia la adaptación musical de Chano Domínguez, en el punto medio entre la tradición y la trasgresión. Ya lo advirtió el propio José Antonio que ésta era la obra más creativa del programa y, desde luego, así fue, tal y como la recompensó el público entusiasmado en el patio de butacas. Imágenes surrealistas de hondo lirismo y de gran belleza plástica para plasmar la controvertida relación de dos genios universales: Federico García Lorca y Salvador Dalí.
Por primera vez, los cuatro grandes festivales españoles – Quincena Musical, Festival de Perelada, Festival de Granada y Festival de Santader- coproducen un espectáculo con motivo del “Año Dalí”, una apuesta relativamente complicada, pues el pintor ampurdanés tuvo una relación colateral con la danza, creando un total de 7 escenografías, algunas sólo para la aventura americana de los Ballets Rusos. Por ello es fácil de entender el ánimo de los productores de confeccionar un programa sólido y contundente. No obstante, quizás hubiera sido preferible la sola elección de “El café de Chinitas”, obra imbuida del espíritu daliniano, que satisfizo ampliamente al público, mientras que “El sombrero de tres picos” dejó al patio de butacas dividido, aunque con una clara tendencia a la decepción. En suma, los asistentes disfrutaron de la juventud de la nueva savia del Centro Andaluz de Danza, de la música tanto de Falla como las canciones populares adaptadas por Chano Domínguez, y, sobre todo, de la imaginación de los telones del homenajeado Salvador Dalí.
Iratxe de Arantzibia
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Iratxe de Arantzibia
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