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Fallido experimento
Programa: “Piazzolla: hora cero”.
Piezas: ‘Muerte del ángel’, ‘Bordel 1900’, ‘Café 1930’, ‘Fuga y misterio’, ‘Invierno porteño’, ‘Introducción’, ‘Milonga’, ‘Tango’, ‘Soledad’, ‘Fugata’, ‘Concierto’, ‘Michelangelo 70’, ‘El tango’.
Dirección de escena: Alfons Flores.
Dirección musical: José Luis Bieito.
Dirección artística: Calixto Bieito.
Músicos: Ane Matxain (violín), Daniel Espasa (piano), José Luis Bieito (guitarra).
Bailarines: Keith Morino y Terese Lorenzo.
Actor: Camilo García.
Evento: 64 Quincena Musical.
Ciclo: Música de cámara.
Lugar y fecha: Sala de Cámara del Kursaal, 25-Agosto-2003.
La Sala de Cámara del Kursaal acogió un espectáculo heterodoxo (música, danza y teatro) que, bajo el título de “Piazzolla: hora cero”, homenajeó al compositor argentino al celebrarse una década de su desaparición. La pretensión esteticista de presentar un montaje integral con una clara preeminencia teatral- incluso hasta los músicos intervenían como actores en la trama- se saldó en tablas, quizás, principalmente, a la buena interpretación musical que evitó la caída en el desastre del espectáculo en su conjunto. Por el escenario, ambientado como un bar de los bajos fondos porteños, deambularon, además del trío de músicos, un actor, Camilo García, conocido doblador de voces famosas (Anthony Hopkins, Gene Hackman o Harrison Ford), y una pareja de bailarines, Keith Morino y Terese Lorenzo, en el rol de clientes de tal sórdido establecimiento. 80 minutos de desorientado montaje cuyo principal aliciente fue la interpretación de los músicos, quienes desgranaron trece piezas del célebre compositor Astor Piazzolla (1921-1992).
“Piazzolla: hora cero” parte de la intención de confeccionar un espectáculo global que integre diferentes ramas artísticas en un montaje unitario. Para ello, se convierte el escenario en una taberna bonaerense a donde van arribando cada uno de los músicos: José Luis Bieito (guitarra), Ane Matxain (violín) y Daniel Espasa (piano). Ellos, con sus respectivos instrumentos, ponen el ingrediente musical de la velada; quizás, el aspecto más importante de toda la obra. La selección de obras más o menos conocidas del repertorio de Piazzolla facilitó el seguimiento del concierto por parte del público. Sólo que no se trataba de un concierto al uso; una actuación donde la violinista enciende un cigarrillo, el pianista se toma un trago y el guitarrista se traslada de sitio constantemente- todo ello por tiranía de un pretendido guión-, no puede ser considerado un recital convencional.
Una antología de piezas de Piazzolla, tangos y milongas, entre otras, hacían presuponer unos vistosos bailes de la archiconocida danza argentina por antonomasia. Ni eso. Escasa presencia de la vertiente dancística en el montaje. Keith Morino, responsable de la coreografía, presentó tres breves actuaciones, entre las que destacó la primera pieza. Acompañado por Terese Lorenzo, Morino dibujó trazos del lenguaje tanguero, sin incurrir en la representación mimética del baile porteño. Partiendo de movimientos claves de tango, construyó una coreografía desensemblando los mismos, para unirlos reinterpretados a través de un vocabulario contemporáneo. Así, Lorenzo y Morino bailaron, no como una pareja convencional, sino separados, para juntarse únicamente en escasos segundos, mediante un leve cruce de piernas, como original recurso. Ésa fue la aportación coreográfica más interesante de las pocas piezas dancísticas, firmadas por Keith Morino.
El actor Camilo García, cuya oronda figura recuerda a Orson Welles y su voz delata a muchos intérpretes de la gran pantalla, vagó por el escenario entre copas, broncas y tácticas de seducción con la bailarina y la violinista, para finalizar con un breve monólogo esta juerga nocturna en los arrabales. Sin embargo, la suma de los diferentes ingredientes-musical, dancístico y teatral- no crean un plato exquisito sino un experimento, a medio cuajar, que salvó el compromiso, consiguió el aplauso de parte del público, que abandonó la Sala de Cámara del Kursaal sin el entusiasmo con el que abarrotó el recinto, y dejó indiferente a buena parte de los presentes.
Iratxe de Arantzibia
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Iratxe de Arantzibia
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