Piezas: 1er. Acto: “Sonata” (Rafael Estévez y Nani Paños), “Goyescas” (Lola de Ronda y Lola Greco), “Quien fuese abrigo” (Goyo Montero), “Cisne XXI” (Igor Yebra), “Don Quijote” (Marius Petipa-Alexander Gorsky) / 2º Acto: “Memory” (Mats Ek), “Chanta la mui” (Olga Pericet), “El Alma” (Ángel Rojas y Carlos Rodríguez), “A Mariemma y a Vicente Escudero” (Miguel Ángel Berna y Mayte Bajo), “Multiplicidad” (Nacho Duato).
Dirección artística: Raúl Cárdenes.
Bailarines: Gala Vivancos, Nani Paños y Rafael Estévez/ Lola Greco/ Sara Portilla y Goyo Montero/ Igor Yebra/ Laura Hormigón y Óscar Torrado/ Ana Laguna y Mats Ek/ Olga Pericet/ Ángel Rojas y Carlos Rodríguez/ Miguel Ángel Berna y Mayte Bajo/ Nacho Duato, Inês Pereira y Dimo Kirilov.
Evento: Expo Zaragoza 2008.
Lugar y fecha: Palacio de Congresos (Expo Zaragoza), 24 -Junio-2008.
La Expo Zaragoza, destinada a concienciar sobre el uso racional del agua, clausuró el Día de España con la Gala Española de Danza Universal, cuyo director artístico, Raúl Cárdenes, buscó plasmar las diferentes corrientes del arte dancístico representadas por un puñado de intérpretes patrios. Con una duración de dos horas, el espectáculo se compuso de diez piezas, a falta de la actuación de la pareja Lucia Lacarra (Bailarina Principal del Ballet de la Ópera de Munich) y José Carlos Martínez (Bailarín Estrella del Ballet de la Ópera de Paris), quienes fueron baja de última hora por lesión. En general, el programa dotó de mucho peso específico a la danza española en diferentes vertientes –50% de la velada-, quedando más desvalida la presencia del ballet clásico, sólo interpretado por el dúo Laura Hormigón-Óscar Torrado (Primeros Bailarines Internacionales), y mejor representado el lenguaje contemporáneo con las propuestas de Mats Ek (Ex Director del Ballet Cullberg y coreógrafo), Nacho Duato (Director de la Compañía Nacional de Danza) y Goyo Montero (Director del Ballet de Nuremberg), a lo que se sumó la pieza de corte neoclásico firmada e interpretada por Igor Yebra (Bailarín Estrella de la Ópera de Burdeos). El Palacio de Congresos de Expo Zaragoza, a medio aforo, agradeció esta gala ecléctica con una salva de aplausos superior a los cinco minutos.
El trío Gala Vivancos-Nani Paños-Rafael Estévez fue el encargado de inaugurar la velada con una mezcla de baile clásico español, escuela bolera y flamenco, sobre la música de las “Sonatas del Padre Soler”. Con mucho brío y gran movimiento de brazos, la salerosa Lola Greco interpretó unas “Goyescas”. Sin embargo, no fue hasta la soberbia pieza “Quien fuera abrigo” sobre la música de Joan Manuel Serrat, cuando la interpretación del dúo Goyo Montero, autor de la pieza, y Sara Portilla, obtuvo una respuesta más cálida del público congregado; no en vano esta obra ya había descollado en su exhibición dentro del Certamen Coreográfico de Madrid 2007. A partir de ahí, la gala calentó motores y elevó la temperatura del personal, sobre todo, del femenino, con la obra “Cisne XXI” de Igor Yebra, quien representó los últimos estertores de un cisne antes de su defunción, en una adaptación masculina de la célebre pieza creada para Anna Paulova en 1907, sobre la partitura de Camille Saint-Säens. Y llegó el verdadero punto de inflexión de la gala, con la participación de la pareja Laura Hormigón y Óscar Torrado, Primeros Bailarines del Ballet Nacional de Cuba durante diez años y ahora conquistando el mundo del ballet como freelance. La zaragozana vibró en la piel de Kitri, mientras era correctamente secundada por el madrileño, en un alarde de la gran complicidad del matrimonio de artistas. Cada uno brillante en su variación, y sublime Laura en los 32 fouttés, en los que hasta se permitió el lujo de cambiar de dirección su torso. Merecidísimos y cálidos aplausos para la pareja de intérpretes.
La segunda parte se inició con el dúo entre la también zaragozana Ana Laguna (Primera Bailarina Internacional) y Mats Ek. Con “Memory”, el creador sueco refleja la cotidianeidad de una pareja, recordada por un miembro de la misma en el momento de la separación. Su intervención hay que enmarcarla dentro de lo entrañable, pues los 54 años de la zaragozana y los 63 del sueco ofrecen veteranía, pero pocos atisbos de virtuosismo. Muy corta fue la participación de Olga Pericet, con un extracto de “Chanta mui”, que pasó cual rayo. Más interesante fue el ‘mano a mano’ entre Ángel Rojas y Carlos Rodríguez (Nuevo Ballet Español), quienes, con “El Alma”, mostraron su técnica en un apasionante dúo-duelo. Inspirado en las castañuelas de bronce de Vicente Escudero que José de Udaeta legó en testamento a Miguel Ángel Berna, el homenaje “A Mariemma y Vicente Escudero”, interpretado por el propio zaragozano y Mayte Bajo, resultó algo largo, denso y, relativamente, tedioso. Para cerrar la velada, Nacho Duato presentó e interpretó un fragmento de “Multiplicidad. Formas de silencio y vacío”, pieza con la que obtuvo el Premio Benois de la Danse en 2000, y resultado del encargo de Weimar, capital cultural europea 1999, con el que se homenajeaba al compositor Johan Sebastian Bach. Con un prólogo interpretado en forma de solo por el propio Duato, el extracto se centró en un célebre paso a dos entre Bach (Dimo Kirilov, Bailarín Principal de la CND) y un cello (Inês Pereira, Bailarina de la CND), con una clara inspiración en el estilo kyliano, tan arraigado a parte de la carrera coreográfica del creador valenciano.
Si el lenguaje de la danza se define por universal y este espectáculo, en particular, se tilda como Gala Española de Danza Universal, el programa mostrado no hizo alarde tanta universalidad, por la excesiva preeminencia de la danza española. Por otra parte, debido en parte a la baja Lacarra-Martínez, el clásico y neoclásico quedaron muy solitarios con la única representación de Hormigón-Torrado y Yebra. La gala tuvo un sabor a aguas estancadas: pocas caras nuevas en el elenco de intérpretes. Igual es momento de plantearse la opción de dar paso paulatinamente a la siguiente generación de artistas. Podía haber sido una gala tan inigualable como la de la Expo Aichi 2005 y, sin embargo, la complicada agenda de algunos, las lesiones de otros y la repetición de muchos, convirtieron la Gala Española de Danza Universal en eso: en una gala más, eso sí, con el fabuloso marco de la Expo Zaragoza 2008, el Ebro fluyendo con un importante caudal, y ‘La Pilarica’ al fondo. Pese a todo, felicitaciones a Raúl Cárdenes, por la dificultad de llevar a buen puerto algo tan complejo como organizar una gala de estrellas, para un evento multitudinario y un consejo: para la siguiente vez, una pequeña renovación de elenco. Que la nueva generación de bailarines españoles triunfantes está deseando mostrar su arte en cualquiera de los eventos que organiza España en el mundo entero.