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Goyo Montero-Estreno de "La Bella Durmiente"-Teatro Principal (Valencia)

¿Eres tú mi Carabosse azul?

Programa:”La Bella Durmiente”.
Compañía: Ballet de Teatres de la Generalitat de Valencia
Coreógrafo: Goyo Montero.
Bailarines invitados:. Iván Gil-Ortega (Bailarín Principal del Het National Ballet de Amsterdam) y Rafael Rivero (Bailarín Principal de la Compañía Nacional de Danza).
Bailarines: Diego Arconada, José Antonio Bartual, Laura Beth Bailey, Alba Carbonell, Christophe Carpentier, Christine Cloux, Jerónimo Forteza, Tamara Rosa Gosman, Lara Hernandorena, Diana Huertas, Julián Juarez, Lorena Lapeña, Miguel Machado, Nicolás Massip, Lorena Ortiz, Samuel Retortillo, Cathy Royo, Fátima Sanlés, Bilyana Shopova, Miriam Vilas.
Música: Piotr Ilich Tchaikovsky.
Música en directo: Orquesta Sinfónica de Valencia, dirigida por Joan Cerveró
Lugar y fecha: Teatro Principal (Valencia), 22-Diciembre-2006.



El coreógrafo revelación de la última temporada, Goyo Montero (Madrid, 1975), presentó su particular visión sobre el mito del príncipe azul, en una revisión personalísima y no carente de humor de “La Bella Durmiente”. Protagonizada en los roles principales por Iván Gil-Ortega, Bailarín Principal del Het National Ballet de Ámsterdam, y Rafael Rivero, Bailarín Principal de la Compañía Nacional de Danza (CND), la obra de Montero está estructurada en dos actos de diversa factura, sutil ensamblaje de los lenguajes neoclásico y contemporáneo. Así, el primer acto constituye una rápida revisión del clásico, con especial énfasis al baile de las bodas entre la Princesa Aurora y el Príncipe Desirée, encarnado por Gil-Ortega. Sin embargo, el renacer de la maléfica hechicera Carabosse, papel representado por Rivero, quien secuestra a la bella noble, da pie a un segundo acto muy interesante, en el que el coreógrafo madrileño reinterpreta los arquetipos del cuento –el príncipe, la bella durmiente y la malvada bruja- bajo el prisma del siglo XXI. El Teatro Principal de Valencia acogió con gran éxito el estreno de esta obra de encargo, producida por el Centro Coreográfico de los Teatres de la Generalitat de Valencia (CCTGV). El espectáculo, de dos horas de duración, hizo las delicias de los asistentes, con una fuerte presencia de público infantil.

Poco a poco, Goyo Montero va abriéndose camino como coreógrafo. Tras su primera creación, “Cuadrado x 7”, fechada en 2000, el madrileño dio la campanada con el estreno del proyecto “Vasos comunicantes”, en el que unía la danza clásica y contemporánea, representadas ambas disciplinas por Tamara Rojo, Iván Gil-Ortega, Ander Zabala, Mónica Zamora, Iratxe Ansa, Roser Muñoz, Joan Boix y el propio Montero, cuyo estreno tuvo lugar en el donostiarra Auditorio del Kursaal, el 27 de Noviembre de 2003. Después de ese ambicioso proyecto, el bailarín y coreógrafo madrileño continuó explorando su propio lenguaje, evolucionando desde el neoclásico –“Godspeed”, para Alicia Amatriain e Iván Gil-Ortega-, hasta formas más contemporáneas –“Come again”, pieza interpretada por Jon Vallejo en la Gala Benéfica del 25 Aniversario del Estudio de Danza “Thalia”-. A buen seguro que Goyo Montero no olvidará este año 2006, en el que ha despuntado en el panorama de la coreografía a nivel nacional e internacional: estreno de “Desde Otello” con el Ballet de Carmen Roche, Premio de Coreografía en el Concurso Iberoamericano, con la obra “El día de la creación”, montada para el Ballet Nacional de Cuba, Premio ‘Villa de Madrid’ y encargo de “La Bella Durmiente” por CCTGV.

Como coreógrafo, Goyo Montero se caracteriza por un lenguaje sobrio y limpio, con una buscada geometría. Las líneas puras en el espacio son una constante de su trabajo. Además, esa acusada geometría se apuntala más con la iluminación. En el desarrollo coreográfico, Montero construye frases bien definidas, de gran intensidad, trufadas de rotundas caídas al suelo –buena muestra de la dificultad y resistencia necesarias para ejecutar su trabajo-, y aderezadas con algunos cánones. En “La Bella Durmiente”, Montero parte del tercer acto del clásico, basado en un cuento de Charles Perrault, y ofrece una visión somera de la obra. Así, este primer acto resulta muy clásico, en contraposición a la contemporaneidad del segundo fragmento. Apoyado en una proyección de sombras, el coreógrafo madrileño sintetiza el quid de la cuestión: la Princesa Aurora, presa de un hechizo de la malvada Carabosse, duerme plácida a la espera de un beso de amor de su príncipe azul. De esta manera, Montero sitúa al espectador en el baile de los esponsales, por el que desfilan otros personajes de Perrault, en concreto, los Pájaros Azules, que protagonizan una curiosa variación con camas elásticas. Pero, cuando parecía que los príncipes eran felices y comían perdices –eso sí, tras el bofetón de Aurora a su edulcorado enamorado, por besarla sin su consentimiento-, la perturbadora presencia de Carabosse, encarnada con maestría y arrolladora vitalidad por Rafael Rivero, obliga al príncipe azul a luchar contra sus miedos. Resulta muy bella la escena del inquietante bailarín de la CND con la Bella en brazos, cubierto por una amplia capa negra, a la par que comienza el particular via crucis del Príncipe Gil-Ortega. Con esta sugerente imagen termina el primer acto, para profundizar en la parte más actual de la obra de Goyo Montero, ya en la segunda parte.

Un príncipe maltratado, abofeteado y ninguneado se tiene que enfrentar a sus miedos para rescatar a la durmiente aristócrata. Muy curiosa resulta la escena en la que se recrea, mediante lenguaje de signos, la célebre canción “¿Eres tú mi príncipe azul…?”. Pero más interesante es el duelo interpretativo entre Iván Gil-Ortega y Rafael Rivero. Mientras que Gil-Ortega, verdadero talismán de la suerte para Goyo Montero, quien cuenta con él en multitud de proyectos, encarna con arte a un príncipe poco usual, Rivero responde a todos los cánones del malvado contrapunto. Gil-Ortega tiene de príncipe todo: desde su porte hasta su elegancia bailando, pero es la perturbadora presencia de la malvada Carabosse Rivero la que hace que el espectador contenga el aliento. Realmente, ambos están magníficos en sus roles. Para tranquilidad de la chiquillería asistente, el Príncipe vence a la hechicera Carabosse, pero ¿cómo? Curiosamente, con un letal beso, lo que provoca una debacle del escenario. Enmudecido el público por la contundencia de la imagen, en la que queda el escenario desnudo, Goyo Montero ofrece los momentos coreográficos más íntimos y personales. El Príncipe Gil-Ortega baila con su bella amada, mezclados con otras parejas de enamorados. Porque, ¿existe realmente el príncipe azul?; ante los ojos de una mujer enamorada, ¿cualquiera puede ser un príncipe azul?; detrás de todo príncipe azul, ¿habita una Carabosse? El coreógrafo Goyo Montero ofrece sus personales respuestas a tales cuestiones. Y el resultado gustó al respetable, quien encandilado con la mezcla de ironía y ternura de “La Bella Durmiente” del creador madrileño, aplaudió con ganas una obra que habla del Príncipe Azul, de la malvada Carabosse, en definitiva, del bien y del mal, que habita a la par en el interior del ser humano.

Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografías: Germán Antón






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