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Hay amores que matan,

Título: "Deadly".

Autores e intérpretes: Deborah Pope y Rodrigo Matheus.

Compañía: No Ordinary Angels.

Producción: Circo Mínimo.

Dirección: Sandro Borelli.

Asistente de Dirección: Carla Candiotto.

Escenografía y vestuario: Sandro Borelli y No Ordinary Angels.

Iluminación: Sandro Borelli y Rodrigo Matheus.

Fecha: 12 de Julio de 2001.

Lugar: Casa de Cultura de Lugaritz, Donostia.



No tardan mucho la neozelandesa y el brasileiro (curiosa mezcla) en ponerse en canción, abandonando esquizofrénicamente los mimos y juegos de miradas iniciales endulzados por un “lacrimosa” para pasar a fundir sus cuerpos en un todo desenfrenado y apasionado bajo el estruendo del rock industrial de Nine Inch Nails. Y tan pronto nos estremece él con sus alaridos desesperados y sus movimientos bruscos como nos sorprende ella con la fragilidad de sus gestos y la dulzura de su sonrisa.

A partir de esta cambio de tono nos regalan un prodigio de virtudes corporales, hacen lo que quieren con sus figuras esculturales, transforman sacrificio físico en poesía. Se valen de algunas utillerías típicas circenses como son las cuerdas o los trapecios para oferecer este espectáculo que es poesía en movimiento, que tiene que ver más con el circo o la danza que propiamente con el teatro, por más que se empeñen en encajarlo en una Muestra de Teatro. Es un producto híbrido, mestizo, llevado con inteligencia y, lo que es más importante, con sentimiento, en el que los dos artistas combinan con elegancia la fuerza y la suavidad. Por algo resultaron vencedores del III Festival de Teatro Físico y Visual de la Cultura Inglesa (Sao Paulo)

En una coreografía alegórica y fuertemente sexual nos relatan la transformación anímica que se produce en la pareja tras el acto amoroso, la diferente visión del amor que tiene un hombre y una mujer y las sensaciones que pueden recorrer el cuerpo de ambos tras haber cometido algo que perfectamente pudiera ser una infidelidad. Y que ya se sabe, tras la tempestad viene la calma...

No emplean apenas palabras –y las que hay perfectamente podrían haber sido suprimidas- y el cuerpo es el único vehículo de expresión. Porque estos jóvenes son unos geniales acróbatas y a la vez unos arlequines del amor, unos seres condenados por la melancolía que tiñe todos sus actos. Los personajes se juegan el tipo en casi toda la función y tienen fe ciega en lo que hacen, viven la música y la cercanía del cuerpo del otro. Todo esta adornado con una escenografía sobria pero no carente de cierta magia y con unos efectos muy bellos, como aquel en el que cae de los cielos una emocionante lluvia dorada o aquel otro en el que el actor balancea unos focos que cuelgan sobre el escenario cual trapecistas logrando bonitas manchas de luz sobre el aureo cuerpo de la actriz.

Se merecen todas las congratulaciones por el inmenso esfuerzo que hacen sobre las tablas, el riesgo que corren, la tensión contenida que llevan bajo su piel, por las maravillosas imágenes que nos ofrecen pendiendo de una cuerda y acariciados por el aire, por la enorme plasticidad de todo el conjunto y, en general, por la honestidad y claridad con las que nos lanzan su mensaje. Zorionak Circo Mínimo !!!


David Román Loinaz drloinaz@teleline.es




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