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Rafael Amargo-estreno de "Tiempo muerto"
Hilvanado y austero
Programa: “Tiempo muerto”.
Coreografía y Dirección: Rafael Amargo.
Bailaores: Rafael Amargo, Vanesa Gálvez, Carmen Iglesias, Rosana Romero, Mara Martínez y Susana Parra.
Música original: Juan Parrilla, Flavio Rodrigues y Camarón de Pitita.
Música en directo: Juan Parrilla (flauta), David Moreira (violín), Flavio Rodrigues y Camarón de Pitita (guitarra), Antonio Maya (cajón),Guillermo MacGill (percusión), Jato (piano), Watio (viola), María “La Coneja”, Maite Maya y María Carmona (cante).
Lugar y fecha: Auditorio del Kursaal, 18-Diciembre-2006.
El Auditorio del Kursaal acogió el estreno del nuevo espectáculo de Rafael Amargo (Pinos Puente, Granada, 1975), “Tiempo muerto”. El bailaor y coreógrafo granadino realiza en este obra un ejercicio de desnudez e intimismo, obviando la artificiosidad de otros montajes precedentes. Compuesto por nueve cuadros flamencos, el espectáculo, cuya duración rondó la hora y media, constituyó una pequeña antología de diversos palos de este racial arte- alegrías, martinete, zambra-, eso sí, con ese toque distintivo con sabor Amargo. Aún siendo flamenco, el creador granadino no puede evitar ese punto de modernidad inserto en todas sus coreografías, además de su particular querencia hacia el soporte audiovisual. Como es habitual en él, la proyección de imágenes - con la firma de Juan Estelrich- marcó la diferencia entre un espectáculo de flamenco convencional y uno de Amargo. La música original del trío Juan Parrilla, David Moreira y Flavio Rodríguez fue un componente vital de “Tiempo muerto”. En definitiva, una actuación de tacón y cante, que satisfizo al respetable.
Rafael Amargo es un artista polifacético y sorprendente. Actor, coreógrafo, bailaor, profesor televisivo, letrista, y un amplio etcétera…Precisamente, esa vocación de hombre renacentista es lo que provoca, en ocasiones, una gran dificultad al espectador, de cara a ubicarlo en una rama profesional. Además, como creador, ha primado su tendencia hacia el espectáculo complejo y casi hasta barroco. Desde “Amargo” (1999), una suite flamenca sin argumento, hasta el derroche barroco de “D.Q., pasajero en tránsito” (2005), el camino del artista granadino ha ido in crescendo hacia la complejidad en la puesta en escena, llegando incluso al abigarramiento. Por eso, es llamativo este punto y seguido realizado con “Tiempo muerto”. El flamenco por derecho propio, desnudo e intimista. Ése es quizás uno de los hallazgos más importantes de la obra. Amargo ya había demostrado que era capaz de convertir en realidad “el más difícil todavía”; ahora el reto es materializar “el menos es más”. En ese sentido, el espectáculo está bien planteado, en cuanto a estructura. En cierta forma, en el estreno donostiarra, se percibió el bosquejo general, pero, por otra parte, también dio la sensación de que había partes sólo hilvanadas. A destacar, la zambra en homenaje a Lola Flores, ‘La Faraona’, una pieza muy sentida y conmovedora.
La música firmada por Juan Parrilla, Flavio Rodrígues y Camaron de Pitita es uno de los pilares fundamentales de esta pieza. En lo coreográfico, el creador granadino opta por diversas composiciones numéricas, predominando los fragmentos corales, en los que interviene la compañía al completo, a excepción de algún solo del propio Amargo. Como bailaor, Rafael Amargo compone una danza híbrida, pero, sobre todo, juega con el magnetismo que provoca su presencia escénica. Cuando se despierta su duende flamenco, eclosiona en todo su esplendor, como un volcán que espera silencioso a punto de entrar en erupción. En cierta manera, pese a la buscada simplicidad, “Tiempo muerto” no puede evitar que emerja la poderosa personalidad escénica de Rafael Amargo. Como tampoco puede evitar demostrar el granadino su predilección por el soporte audiovisual, con la proyección de un episodio torero relatado al modo de una película muda. Como siempre, las imágenes llevan la firma de Juan Estelrich. Y el público, árbitro soberano, dictó sentencia, empleando sus palmas en dos ocasiones. La primera para protestar por los dieciocho minutos de retraso en el inicio de la actuación. La segunda para premiar ese despliegue de austeridad flamenca marcado con el inconfundible sabor a Rafael Amargo.
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Iratxe de Arantzibia
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