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10&10- "Hebras de mujer"
Jirones de alma pisoteada
Programa: ”Hebras de mujer”.
Compañía: 10&10.
Coreografía y Dirección artística: Mónica Runde.
Bailarines: Marcela Aguilar, Dacil González, Joaquín Hidalgo, Javier Machín, Gustavo Martín, Naiara Rojo y Mónica Runde.
Dramaturgia: Natalia Menéndez.
Escenografía: Elisa Sanz y Marka Chamorro.
Iluminación: José Manuel Guerra.
Lugar y fecha: Gazteszena-Egiako Kultur Etxea, 18-Noviembre-2006.
La compañía 10&10 regresó a los escenarios donostiarras, comandada en solitario por Mónica Runde (Madrid, 1961), tras la separación artística de Pedro Berdäyes. Para su primera experiencia en solitario al frente de 10&10 -formación fundada en 1989 y Premio Nacional de Danza en 2000-, la coreógrafa, directora artística e intérprete ha seleccionado el tema de la violencia género como hilo conductor de su obra “Hebras de mujer”. Con una hora de duración, la pieza presenta tres generaciones de mujeres sometidas al yugo machista en muy diversas formas. Se trata de la fémina de los años 30, carente del derecho al voto y cuyo objetivo vital era formar una familia, la mujer de los años 60, que vive los primeros pasos de la emancipación laboral femenina, y la mujer actual, que continúa perpetuando la lucha por la igualdad, heredada de sus predecesoras. Esos tres prototipos femeninos quedan perfectamente caracterizados en un trío de escenas muy bien definidas. A nivel interpretativo, los componentes de 10&10 dieron sobradas muestras de su calidad de movimiento y ejecución dancística en esas tres postales sobre la conquista de la igualdad por la mujer.
Mónica Runde, Premio Nacional de Danza 2004 en la categoría de Coreografía (Costa Rica), coge con fuerza las riendas de 10&10 y, sin ningún resquicio de tibieza, se adentra desde el plano creativo en la evolución social de la situación de la mujer a lo largo del siglo XX. De esa preocupación, nace “Hebras de mujer”, una obra para siete intérpretes que retrata de manera diáfana tres momentos históricos- años 30, 60 y actualidad-. Los años 30 muestran al hijo queriendo ocupar el sillón-trono del patriarca, mientras la sumisa madre dice ‘amén, Jesús’ a todo. Básicamente, la mujer era un cero a la izquierda del macho y señor feudal del hogar. E incluso, ella transmite esa educación coercitiva contra la mujer, inculcándole al hijo su primacía sobre el mal llamado ‘sexo débil’. En aquella década, las mujeres españolas obtuvieron el derecho al voto (1931), durante la Segunda República (1931-1936). A este respecto, habría que señalar que Nueva Zelanda fue el primer país que instituyó el sufragio femenino (1893), mientras que Kuwait, el último (2006). Claro que ‘civilizados’ estados europeos como Suiza (1971) o Liechtenstein (1984) tardaron un poco más en darse cuenta de la capacidad femenina de introducir un voto en una urna.
Los alocados años 60 fueron testigo del movimiento hippie y también de la liberación femenina. En esa dorada década, comienza la inserción generalizada de la mujer en el ámbito laboral, encontrándose las desigualdades y discriminaciones instauradas y sostenidas durante siglos. Para recrear ese momento, Runde construye, probablemente, la escena más interesante de “Hebras de mujer”: el cortejo, matrimonio y acortamiento de la libertad de la esposa. Comienza el cuadro con el proceso de seducción, en el que todo es tan bonito y edulcorado como en una novela rosa. El cazador –el hombre- ya se cobra una nueva presa –la mujer-. Llega el momento de los esponsales, instante inmortalizado en una perenne y definitoria fotografía, donde cada uno ocupa el sitio que socialmente está establecido. A partir de ahí, se desarrolla la parte coreográfica más diáfana. El marido va delimitando progresivamente el espacio de su esposa, mediante el cierre de enésimas cremalleras de su falda y también calzándola con unos incomodísimos zapatos de tacón alto. El proceso ha terminado. Ya está la esclava, dispuesta a servir. Este dúo de “Hebras de mujer”, bailado con un exquisito gusto, sobresalió como el momento del espectáculo más interesante, a pesar de la excesiva reiteración de la frase coreográfica de la esposa, en su lucha por no perder espacios de libertad y movimiento.
Para finalizar, Mónica Runde muestra la actual situación de esta lucha por la igualdad. Mediante una escena coral, en la que ella también participa como intérprete, se desata la guerra total entre los seis bailarines participantes. Aquí es donde se percibe la esencia total del estilo de la compañía 10&10, una formación que prioriza la calidad del movimiento en una danza cuyas cualidades hablan de esfuerzo y resistencia. Unos parpadeantes focos hacen las veces de la ‘caja tonta’, la televisión, a la cual están enganchados los jóvenes y de la cual absorben gran parte de los patrones sociales de la actualidad. Con la desestructuración de la familia tradicional, los roles quedan en entredicho. Por eso, la jerarquía arcaica se ha difuminado, ya no existe el pater familias, y la conformación de la estructura familiar se puede convertir en una encarnizada lucha, en la que cada miembro debe defender su territorio. Por lo menos, así lo ve la coreógrafa madrileña. Sin embargo, esta escena final queda un tanto aislada, en cuanto a estilo narrativo y dancístico, en relación con las dos anteriores. De esta manera, se percibe con mayor claridad el principal problema de “Hebras de mujer”: la inconexión entre las tres escenas, produciendo verdaderos saltos al vacío, abismos de grandes dimensiones, que desorientan al espectador, que tiene que esforzarse en recolocarse mentalmente, de cuadro en cuadro. Sin embargo, sí es cierto que la pretensión de Mónica Runde de explicar, a través de tres generaciones, la lucha por la igualdad de la mujer, queda bien resuelta en “Hebras de mujer”. Por eso, esta obra enseña el certero camino emprendido por la coreógrafa madrileña, a través de un impecable trabajo que reúne destellos del estilo propio de la compañía 10&10, en una historia hecha con muchas lágrimas, expectativas frustradas, ilusiones machacadas y millones de jirones de almas femeninas pisoteadas. Ya lo decía Estella R. Ramey: “La igualdad entre hombres y mujeres será alcanzada cuando una mujer con la cabeza hueca pueda llegar tan lejos con un hombre con esta misma característica”.
PD: Aunque sea una observación más pragmática, desde aquí, se reitera el deseo y la necesidad de contar con un programa de mano, cuando uno/a acude a ver y/o a cubrir un espectáculo al espacio Gazteszena en la Casa de Cultura de Egia.
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Iratxe de Arantzibia
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