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Jodido teléfono,
Titulo: “Alarmas & Excursiones”
Autor: Michael Frayn.
Versión: Juan José Arteche.
Dirección: Rafael Calatayud.
Ayud. Dirección: Victoria Salvador.
Escenografía: Daniel Tejero.
Iluminación: Vicente y Richard Cano.
Reparto: Cristina Fenollarl, Juli Cantó, Mamen García y Toni Misó.
Lugar: Antzoki Zaharra, Donostia.
Fecha: 13 de julio de 2002.
Estreno absoluto en la IX Feria de Teatro de Donostia.
En la última jornada de la 9ª Feria de Teatro de Donostia se presentó con el Antzoki Zaharra lleno a rebosar el último estreno a nivel nacional de la veterana compañía valenciana La Pavana.
Nos ofrecieron “Alarmas & Excursiones”, una comedia loca loquísima del dramaturgo, periodista y traductor londinense Michael Frayn en la versión española de Juan José Arteche. Veinte años de vida de La Pavana han dado para mucho: clásicos de Moliere y Carlos Arniches o de autores más malditos como Boris Vian entran en el repertorio de los levantinos. Finalmente han aterrizado en el mundo de Frayn, un autor de prestigio en Gran Bretaña, amante de la obra de Antón Chejov y galardonado en varias ocasiones con el Best Comedy Award sobre todo en la década los 80. Y en concreto recibió por esta “Alarmas & Excursiones” el premio Lawrence Olivier a la mejor comedia en 1999.
Así que Rafael Calatayud se decanta por un humor típicamente británico, ácido, mordaz, de esos que no se reprime ante nada ni ante nadie. Y nos sitúa la acción en unos escenarios pop realmente conseguidos, con los personajes atuendados al efecto, horteras de campeonato, con tics muy chic y frases que nos irritan y al mismo tiempo nos parten el pecho de risa.
En su arranque la obra produce cierto desconcierto, no estando del todo claro por dónde irán los tiros. El primer cuadro es un crescendo de situaciones disparatadas que, con todos los respetos a su persona, recuerda a las comedietas de enredo de Jose Luis Moreno de los Sábados por la noche, con un toque Osinaga, Toni Cantó y otros que nos edulcoran los veranos con sus obritas de entretinimiento. Pero esta sinfonía de ruidos, tropezones, idas y venidas espídicas de personajes, frases tontorronas y demás, van dejando poco a poco paso a un trabajo ciertamente maduro y de mayor envergadura teatral.
La transición hacia la escena del hotel demuestra que en la propuesta hay buenas ideas y que la escenografía está medida al milímetro, el juego de luces está genialmente realizado y el elenco de actores comienza a demostrar sus cualidades. Vuelven a hablar de tópicos, de las rutinas de pareja pero lo hacen con mucha gracia, la verdad. El público rompió a carcajadas a cada momento, casi sin pausa y la sonrisa se queda dibujada en la boca de todos hasta la caída del telón.
Además resalta la estupidez de los tiempos que vivimos, la era de los aparatos que, más que ayudar, hacen la vida imposible a los humanos y paradójicamente intensifican la incomunicación entre ellos. Frayn hace una burla inteligente a este estado de cosas y los actores nos trasladan perfectamente ese histerismo y esa cutrez. El tramo final ridiculiza al máximo esa idea, llevando al público a la hilaridad. Aunque por momentos el tono puede ser un tanto chavacano, el conjunto es muy recomendable para pasar un rato bien agradable, una obra que pasa volando por su ritmo bien medido, la solvencia de los intérpretes -todos sin excepción- en varios papeles cada uno de ellos, y el mérito de un montaje de escenas difícil, con diálogos y situaciones en paralelo muy acertadas.
Esperamos que La Pavana no ceje en su empeño y podamos verles por nuestra geografía muchas ves más.
David Román Loinaz
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David Roman Loinaz
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