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La huella felina de Teobaldo

Programa:”Romeo y Julieta”.
Compañía: Les Ballets de Monte-Carlo.
Coreógrafo-Director: Jean-Christophe Maillot.
Bailarines:Bernice Coppieters (Julieta), Chris Roelandt (Romeo), Gaetan Morlotti (Fray Lorenzo), Lara Fernández (Lady Capuleto), Asier Uriagereka (Teobaldo), Samantha Allen (Niñera), Olivier Lucea (Mercutio), Rodolph Lucas (Benvolio), Jérôme Marchand (Paris), Francesca Dolci (Rosalinda).
Música: Sergei Prokofiev.
Escenografía: Ernest Pignon-Ernest.
Evento: Dantza Maiatzan.
Lugar y fecha: Teatro Principal (Vitoria-Gasteiz), 7-Mayo-2004.

El Teatro Principal de Vitoria acogió una nueva versión de la obra shakespeariana “Romeo y Julieta”, interpretada por los Ballets de Monte-Carlo, bajo la atenta mirada de su coreógrafo y director Jean-Christophe Maillot. El espectáculo, dividido en tres actos y con dos horas y media de duración, mostró el altísimo nivel interpretativo de la compañía monegasca, en una lectura donde priman los elementos cinematográficos, emociona la música de Prokofiev, cautiva, además de los acaramelados amantes, el omnipresente Fray Lorenzo, encarnado con sabia maestría por Gaetan Morlotti, y encandila el temperamento interpretativo del bailarín vizcaíno Asier Uriagereka, en el papel del altanero Teobaldo. El conjunto es un espectáculo de gran envergadura, cuidada coreografía y esmerada interpretación por parte de los Ballets de Monte-Carlo. Enmarcado dentro del programa “Dantza Maiatzan”, el montaje satisfizo al publico asistente, que premió el excelente trabajo de la compañía con una amplia ovación.

Jean-Christophe Maillot (Tours, 1960), coreógrafo y director de los Ballets de Monte-Carlo, se interesa por la obra inmortal de Shakespeare, una tragedia amorosa entre dos familias enfrentadas- Capuleto y Montesco-, cuyos vástagos –Julieta y Romeo- se enamoran perdidamente, terminando su amor de la forma más funesta posible. Ciertamente, no se trata de la primera ocasión en que se recrea, a través de la danza, el drama shakespeariano. De hecho, el propio Teatro de la Ópera de Monte-Carlo acogió la primera versión del clásico, firmada por Bronislava Nijinska (4-Mayo-1926). Sin embargo, no fue hasta la segunda adaptación, estrenada en el Teatro Kirov (11-Enero-1940), cuando se incluyó la inmortal música de Sergei Prokofiev. De esta manera, Maillot asume la herencia de los Ballets Rusos de Diaghilev, en cuyo repertorio figuraba esta pieza, y la actualiza, principalmente, a través del empleo de recursos puramente cinematográficos- títulos de crédito, cierre en negro, cámara lenta-.

Otro gran hallazgo del coreógrafo galo consiste en cambiar el punto de vista preponderante de la obra. En vez de centrarse en la almibarada pareja, Maillot fija su atención en el enigmático Fray Lorenzo, una figura misteriosa, interpretada con proverbial maestría por Gaetan Morlotti. A veces, el espectador tiene la sensación de que el religioso es un alter ego del propio Maillot, que ejerce, a través de este personaje, de director omnisciente y omnipotente. Será Fray Lorenzo quien ordene los cambios de secuencia, decrete los momentos de cámara lenta, es decir, el manipulador de todas las marionetas del destino en que se convierten los personajes del drama. Como catalizador de la acción, Fray Lorenzo interactúa en dos planos: fuera de la escena, organiza la trama al igual que un director; dentro de la acción, interviniendo en los momentos de clímax narrativo. Sirva de ejemplo el enlace matrimonial de Romeo – Chris Roelandt- y Julieta - Bernice Coppieters-, celebrado por el enigmático religioso con un anillo de Moebius, símbolo del infinito, de la unión eterna.

El bailarín de Munguia Asier Uriagereka, por su parte, encarnó con arrebatadora fiereza a Teobaldo, primo de Julieta, apodado el ‘Rey de los Gatos’. Altanero, camorrista y una espada sin competencia, Uriagereka hace gala de un enorme temperamento en su magnífica interpretación de Teobaldo. Aunque su personaje sólo está presente en dos actos, la estela de su aguerrida huella se opone como un muro infranqueable para los amantes. En una disputa, Teobaldo mata a Mercutio –Olivier Lucea-, mientras que el dulcísimo Romeo vengará la muerte de su mejor amigo, finiquitando al primo de su recién estrenada esposa. De esta forma, la relevancia del rol del vizcaíno, junto a su soberbia interpretación, arrebata, en ocasiones, el protagonismo a la pareja de almíbar. Magnifica la escena del baile de máscaras, con la turbadora música de Sergei Diaghilev de fondo, donde irrumpe el ‘Rey de los Gatos’, antes de que Romeo conozca a Julieta y de que Julieta conozca a Romeo. Por su parte, el dúo de protagonistas se muestra ligeramente desequilibrado a favor de Julieta, encarnada con elegancia por Bernice Coppieters. Su parteneire, un suave Romeo, corporeizado por Chris Roelandt, le da una réplica adecuada, aunque, en ocasiones, carece del apasionamiento predicable del amor shakespeariano. Juega a favor de todo el elenco las dimensiones del Teatro Principal de Vitoria, que al ser un espacio recogido, sobredimensiona la calidez de los sentimientos y de calidad, obviamente, el espectáculo tenía a raudales.

La versión de “Romeo y Julieta”, firmada por Jean-Christophe Maillot, estrenada el 23-Diciembre-1996, acumula tras de sí una exitosa carrera en los principales escenarios de todo el mundo, con más doscientas representaciones a sus espaldas. La originalidad de Maillot consiste en aplicar recursos del Séptimo Arte –títulos de crédito, cámara lenta y cierre en negro-, a su nuevo planteamiento, donde el omnisciente y omnipresente Fray Lorenzo -un lujo de actuación de Gaetan Morlotti- maneja los enmarañados hilos de esta trama. Sobresale la estupenda interpretación del bailarín vasco Asier Uriagereka, en el rol del fiero Teobaldo, gusta la ternura danzada de Bernice Coppieters y Chris Roelandt, ambos los tristes amantes, y encandila el nivel técnico e interpretativo de los Ballets de Monte-Carlo. Y a eso hay que añadir la sobrecogedora música de Sergei Prokofiev y la límpida escenografía de Ernest Pignon-Ernest, que completaron este redondo montaje. Así lo entendió el público vitoriano que se deshizo en aplausos para corresponder al magnífico espectáculo. Sin duda, un acierto del Teatro Principal de Vitoria, dentro de su certamen “Dantza Maiatzan” .

Iratxe de Arantzibia




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