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La senda del ermitaño
Programa: “Fisterra”.
Compañía: El Tinglao.
Coreografía: Florencio Campos.
Bailarines-Actores: Ángel Negro, Yolanda Blasco, Patricia Torrero, Florencio Campos y Tomi Ariza.
Idea y dirección: Patricia Torrero.
Edición musical: Héctor González.
Escenografía: Florencio Campos y Patricia Torredo.
Iluminación: Covadonga Mejía.
Vestuario: Elsa Clavel.
Ciclo: “Danza en Diciembre”, 6ª temporada.
Lugar y fecha: Teatro Pradillo (Madrid), 8-Diciembre-2005.
El madrileño Teatro Pradillo acogió el estreno de la obra “Fisterra”, interpretada por la compañía ‘El Tinglao’. La pieza, cuya coreografía cuenta con la firma de Florencio Campos -miembro del grupo ‘Arrieritos’- narra un viaje iniciático por los tradicionales caminos de peregrinación –Jerusalén y Santiago de Compostela (“Campus Stellae”=campo de las estrellas) - con un gran contenido simbólico. El espectáculo, de una hora de duración, se construye como un compendio de breves escenas, unas bailadas, otras dialogadas, en las que emerge un trabajo sobrio, directo y sincero. Integrar la discapacidad física a través de la danza, creando una sugerente propuesta artística, es, además, uno de los principales alicientes de ‘El Tinglao’. Por eso, la danza de esta compañía madrileña ofrece una dimensión diferenciadora y también más enriquecedora que la mera floritura vana. De esta manera, la pieza “Fisterra” fue una buena ocasión de disfrutar del trabajo conjunto de parte de la compañía ‘Arrieritos’ y ‘El Tinglao’. El público que poblaba las 120 localidades del Teatro Pradillo mostró su satisfacción por la propuesta escénica, a través de unos cálidos aplausos.
El actor-bailarín donostiarra Ángel Negro oficia como maestro de ceremonias, siendo el hilo de conexión entre los diferentes cuadros narrativos. Con un atuendo que recuerda a un eremita, el intérprete guipuzcoano aflora como un enigmático personaje vagando por esos caminos telúricos no sólo de la Cristiandad sino de la Humanidad. Su vocabulario dancístico posee una importante raíz en el lenguaje de improvisación-contact. Su danza es orgánica, estilizada y sobria. El resto de actores-bailarines va desfilando en sucesivos episodios escénicos: el mercado de reliquias de santos, la llegada al cabo del “Finis-terrae”(=el fin de la tierra), etc. Con un gusto por los tempos lentos, el trabajo en danza se ejecuta, en muchas ocasiones, como una suerte de perpetuum mobile. A veces, los movimientos se tornan más virulentos. Por otra parte, la coreografía prima los solos o dúos, en detrimento de las escenas corales. El resultado es bastante equilibrado.
Una importante carga simbólica es otro de los elementos destacados de la obra. Los globos terráqueos suspendidos, las reliquias de santos, el faro del fin del mundo y un largo etcétera contribuyen a crear ese clima mágico, a la par que esotérico. Todo camino es una búsqueda, una introspección personal y un hallazgo de respuestas, a veces, difíciles de interpretar. La meta es encontrarse a uno mismo en este juego de azar que es “Fisterra”. La última etapa finaliza en el mar, la libertad, el fluir intemporalmente. El ermitaño ha llegado terminado su búsqueda. El camino continúa. Nuevas sorpresas, nuevos personajes, otras vidas, otros relatos. La ruta de crecimiento personal está esperando a todo aquel que desee iniciar su senda, una experiencia en la que ‘El Tinglao’ ha triunfado.
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Iratxe de Arantzibia
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