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Lenguaje de mujer
Programa: VII. Muestra de Jóvenes Coreógrafos Vascos.
Piezas: “A tientas”, “Oskola”, “Yo, mi, mío, me”, “Ningún árbol donde poner la cabeza al fresco”.
Coreógrafas: Izaskun Santamaría, Atxarte López de Munain/ Pilar Andrés, Arantxa y Ainhoa Gago, Eva Vidal.
Intérpretes: Izaskun Santamaría/ Atxarte López de Munain y Pilar Andrés/ Arantxa y Ainhoa Gago, Patricia González, Olivia Ochoa de Eribe, Nagore Cid, Garazi López de Armentia, María Sagasti, Olaia Pascual, Amaia Etxeberria, Sheila Márquez y Txaflas/ María Ibarretxe, Cristina Quijera y Eva Vidal.
Lugar y fecha: Egiako Kultur Etxea, 22-Mayo-2003.
La VII. ‘Muestra de Jóvenes Coreógrafos Vascos’ evidenció las diferentes sendas creativas por las que se aventuran los coreógrafos neófitos. De un lado, una marcada apuesta por la danza de corte más intelectual frente el aspecto más lúdico-cómico propugnado por otros proyectos. Al igual que el pasado año, los aspirantes- 9 en total- se enfrentaron a una preselección para obtener una de las cuatro plazas en la gira del espectáculo por los teatros vascos. Durante hora y media, todas las coreógrafas, curiosa coincidencia, por cierto, expusieron con mayor o menor acierto, pero, eso sí, con sumo entusiasmo, su propuesta creativa.
“A tientas”, interesante trabajo de la vizcaína Izaskun Santamaría, parte de la duda metódica como premisa. Así pues, una dubitativa bailarina adopta el rol de invidente, explorando el espacio que le rodea. Apoya su interpretación con la proyección de un video en tonos verduzcos, sobre la vejez. Teniendo en cuenta que la danza es una disciplina con la dimensión espacio temporal como eje coaxial, la investigación del espacio circundante, así como la creación de un código de lenguaje corporal, a partir de la invidencia, constituyen los aspectos más reseñables de la pieza de la portugaluja.
A partir de los caparazones luminosos en forma de cuadrado, dos bailarinas luchan por romper esas barreras de luz. “Oskola” (=cáscara/caparazón) indaga los limites, expresados a través de la iluminación, con la intención de difuminarlos. Atxarte López de Munain y Pilar Andrés, coreógrafas y bailarinas, realizan un planteamiento brillante sobre las diversas cáscaras que cubren al ser humano. El éxito de su rebelión frente a los límites se expresa a través de la coordinación de sus pasos, ya libres del presidio en las cuadrangulares cárceles de luz.
Dentro del estilo lúdico-cómico, “Yo, mi, mío, me”, pieza firmada por las alavesas Arantxa y Ainhoa Gago, provocó las mayores carcajadas de la noche. Diez estereotipos de mujer- la ejecutiva agresiva, la maruja, la mujer de bandera, la lolita, etc- representan las diferentes féminas que residen en el interior de una misma mujer. Todas ellas, con su sesgada visión de la vida, se enzarzan en una contienda cuasi-tribal, al aparecer un hombre sobre el escenario. En el fondo, la premisa básica consiste en afirmar la territorialidad y egoísmo de las féminas en su interrelación social. Ligera y entretenida, la pieza carece de unas mayores dosis de danza.
“Ningún árbol donde poner la cabeza al fresco”, coreografía de la bilbaína Eva Vidal, cuestiona las grandes verdades axiomáticas inculcadas en la infancia. Todo se resume en aceptar los diferentes matices de la vida. De desarrollo bastante anárquico, en cierta forma, a ratos podría tildarse de metalenguaje coreográfico, ya que la propia coreografía trata de explicar cómo hacer una coreografía, eso sí, simple. A partir de ahí, otras historias paralelas como el miedo escénico de una intérprete o los primeros pasos de claqué de otra, dan otras notas de color a la pieza. Los chispeantes monólogos y la frescura emanada del aparente caos coreográfico dan viveza a la propuesta de Vidal.
La diversidad de caminos iniciados es la conclusión principal de la VII. ‘Muestra de Jóvenes Coreógrafos Vascos’. Se diferencian, claramente, dos estilos: la danza de corte más intelectual (“A tientas” y “Oskola”) frente a la visión más cómica y desenfadada de otras piezas (“Yo, mi, mío, me” y “Ningún árbol donde poner la cabeza al fresco”). En cualquier caso, la iniciativa del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, edición a edición, se va consolidando dentro de la programación anual de danza. Este año, la exhibición donostiarra se ha incardinado dentro del recién creado ‘Dantzaz’, quincena por y para la danza organizada por el Centro Coreográfico Transfronterizo. Quizás dentro de tanto eclepticismo creativo, un casual y curioso hilo conductor ha unido cuatro propuestas femeninas en la séptima edición de la muestra. ¿Casualidad o causalidad?
Iratxe de Arantzibia
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Iratxe de Arantzibia
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