Crónica de la actuación de Les Luthiers en el Kursaal
"Libro que no está escrito, más que libro es cuaderno"
Casi cuarenta años han pasado desde la fundación de Les Luthiers el 4 de septiembre de 1967. Casi 40 años creando, componiendo e interpretando por todo el mundo sus inconfundibles sketchs humorísticos. En este tiempo se ha ido forjando una legión de incondicionales que llena teatros (o pabellones polideportivos) cada vez que estos emprenden una nueva gira, aunque últimamente sea para recordar viejos éxitos.
Y eso fue lo que ocurrió en el Kursaal en las actuaciones que ofrecieron el 26, 27, 28 y 29 de marzo (fue necesario añadir una nueva actuación el día 26 debido a la demanda de entradas, a pesar de que los precios no eran precisamente populares). Sin más escenificación que una alfombra roja cubriendo el suelo y unos impecables fracs el quintero argentino mantuvo con las mandíbulas desencajadas buena parte de la hora y tres cuartos que dura su espéctaculo "Las obras de ayer".
El espectáculo se inició con los salmos sectarios de "El sendero de Warren Sánchez" (que lamentablemente no pudo personarse por unos asuntos que le retenían en Miami). Por supuesto Marcos Mundstock haciendo de narrador (realmente es increíble oir su voz en directo), Daniel Rabinovich a la batería, Carlos Núñez al piano (como siempre), Carlos López Puccio a los teclados y Jorge Marona al bajo y manejando el primer instrumendo home-made que apareció en la noche, una especie de bocina para representar la presencia del maligno. Hubo tiempo para el primer guiño al público local cuando Marcos Mundstock comenzó a enumerar las distintas formas en que se puede llamar al demonio y Daniel Rabinovich le preguntó si Xavi Alonso no jugaba...
A continuación la primera de las piezas estrenadas en este espectáculo, La balada del 7º regimiento, escenificando las hora previas de un supuesto "comando" militar de élite formado por la banda de música del regimiento. Cabe destacar el uso del célebre Jingle Bass Pipe, una especie de trombón con ruedas tocado por Daniel Rabinovich, por supuesto de cosecha propia.
Continuaron con una de las piezas más antiguas del recital, la célebre "Cantata del adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, de sus hazañas en tierras de Indias, de los singulares acontecimientos en que se vio envuelto y de cómo se desenvolvió", estrenada originalmente en 1977. En esta ocasión el papel del desafortunado conquistador es interpretado por Carlos López Puccio sustituyendo a Marcos Ercher que era quien originalmente interpretaba este papel y que dejó el grupo allá por 1986. Destacar otro guiño de Daniel Rabinovich, en su particular interpretación de la canción de los esclavos, haciendo referencia a los pintxos donostiarras.
"San Ictícola de los Peces" seguramente sea de las piezas más ácidas del repertorio de Les Luthiers, si se le quire buscar un segundo sentido se puede encontrar una satirización de la religión y de la adoración a santos y demás. Cuando los pescadores descubren que San Ictícola a quien protege es a los peces y no a los pescadores uno de ellos protesta al sacerdote "¿Pero en qué quedamos, padre? Si ruegas porque ruegas, si no ruegas porque no ruegas...". Comentar que esta obra fue modificada de como se estrenó originalmente (en 1994) ya que en la versión original los pescadores se marchan a rezarle a otro santo y en la que se interpreta desde 1995 los pescadores y el párroco acuerdan dedicarse al turismo aprovechando sus magníficas playas (y marcándose como público objetivo las noruegas...).
Y por fin la primera pieza compuesta por el célebre Mastropiero (por cieto, en otros recitales de Les Luthiers) a los que he podido asistir la sola mención de este nombre provoca el aplauso de todo el público, no ocurrió así en el Kursaal, lo cierto es que aquí el público es algo más frío): "Pepper Clemens sent the messenger: nevertheless the reverend left the herd (Ten Step)", otro estreno en esta gira. Marcos Mundstock se encarga de narrar los acontecimientos que llevaron a Mastropiero a componer esta pieza por encargo y la historia del ginecólogo Von Utter. En la narración se va contando como distintos acontecimientos iban haciendo cambiar de parecer a Mastropiero sobre los instrumentos que se deberían de emplear en la interpretación de la obra, lo que provoca que el resto de Les Luthiers entran y salgan del escenario acarreando los famosos violines hechos con latas de comida, percusiones, instrumentos de viendo y hasta el piano entre las carcajadas del público. Finalmente Mundstock se retira para dejar a Daniel Rabinovich al trombón y a los otros tres integrantes cambiando de instrumentos a medida que avanza la canción. De lo mejor del espectáculo musicalmente, sirvió para dejar constancia de la calidad como músicos de Les Luthiers, capaces de tocar todo tipo de instrumentos y en cualquier estilo.
El espectáculo continuó con "Quien Conociera a María amaría a María", pieza en la que Jorge Maronna interpreta en solitario con guitarra española una "canción de amor" mientras Marcos Mundstock, Carlos Núñez y Daniel Rabinovich escenificaban la canción, se trataba pues de escenificar música y no música para una esceneficación.
El programa finalizó con "La hora de la nostalgia", espacio televisivo en el que pudimos ver a José Duval (Marcos Mundstock) interpretando algunas de sus canciones acompañado por la orquesta del programa (Carlos Puccio, Jorge Maronna y Carlos Núñez) y entrevistado por Daniel Rabinovich. A pesar del delicado estado de salud de José Duval y que su memoria ya no es lo que era (lo que provocó la desesperación en algunos momentos del entrevistador) arrancó bastantes carcajadas del público.
Ya fuera de programa disfrutamos (y de qué manera) con el RAP "Los jóvenes de hoy en día", una pieza en la que Les Luthiers se rieron de la edad y la vejez. Y de qué forma, resulta espectacular ver a Carlos López con su melena de pelo blanco y en frac bailando RAP con la agilidad que lo hace. Le acompañaba también cantando Jorge Maronna, Carlos Núñez en los teclados y Daniel Rabinovich en la batería.
Y con la particular visión de Les Luthiers de la juventud, la vejez y el paso del tiempo finalizaron las casi dos horas de "Las obras de ayer", su enésima actuación y no la última, puedo asegurarlo, después de haber visto su sensacional estado de forma y la calidad de las nuevas piezas. Ahora nos toca esperar no sabemos cuanto hasta la próxima vez que se dejen caer por estas tierras.
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