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Lluvia de flores

Programa: “Exodo”.
Creación y coreografía: Luz Urdaneta.
Bailarines: Mariana Tamaris, Lucía Lacabana, Julieta Valero, Vanesa Lozano, Marilú García, Luis León, Guillermo Hernández, Ezequiel Vásquez, Luis Armando Castillo y Jacques Broquet.
Música: Rodolfo Mederos, Astor Piazzolla, Gustavo Fedel, O. Requena/ L. Federico, Carlos Gardel/ Alfredo Le Pera.
Vestuario: Efrén Rojas.
Iluminación: Carolina Puig y Jacques Broquet,
Evento: Dantzaldia 2003.
Lugar y fecha: Palacio Euskalduna (Bilbao), 2-Noviembre-2003.

La compañía venezolana Danzahoy presentó en la sala A1 del bilbaíno Palacio Euskalduna su premiada obra “Éxodo”, una sobria pieza interpretativa que se sumerge en las luces y sombras del alma del hombre contemporáneo. La coreografía firmada por Luz Urdaneta aborda las contradicciones del ser humano, su lucha cotidiana, y el exilio de un alma silenciada por la rutina diaria. Una decena de bailarines escenifican, a través de su híbrida danza, los entresijos de este canto de protesta del espíritu. Con una austera escenografía, símbolo de la vacuidad, y una cuidadosa selección de tangos- el dolor y la pasión cantada con acento argentino- como eje musical, Danzahoy, en una actuación de una hora de duración, gustó por el mestizaje presente en su lenguaje dancístico, fruto, quizás, de la sangre criolla que corre por las venas de esta formación caraqueña. Interesante apuesta del festival Dantzaldia que acoge así, por primera vez, una compañía de origen latinoamericano, mostrando de esta manera que la danza contemporánea tiene más patria que Europa y Norteamérica.

La creadora venezolana Luz Urdaneta parte de la sensación de desarraigo de quienes, por diversos motivos, deben abandonar su patria, entendiendo como tal no sólo un país con aduanas reales sino un lugar hipotético sin fronteras donde residen los anhelos y aspiraciones más íntimas. Comienza el espectáculo con el elenco de bailarines simulando un tren en movimiento, mientras que se proyectan unas imágenes de infinitas vías por donde circulan esos ferrocarriles imaginarios. Un collage de célebres tangos modernizados a través de diferentes arreglos musicales escenifica el sentimiento de nostalgia, soledad y melancolía- saudade dirían los brasileños- presente en quien, contra su voluntad, se ve impelido a abandonar su refugio más querido. El escenario con una sobriedad buscada- desnudo y sólo vestido con una iluminación que acentúa la expresividad- junto con los bailarines ataviados de negro potencia la pulcritud y limpieza del trazo del movimiento. Gusta Urdaneta del trabajo espacial; investiga las coordenadas del espacio escénico, jugando con las líneas puras, principalmente, las diagonales, obteniendo de esta manera un gran dinamismo sobre el hábitat teatral.

Frente a esa austeridad cromática, una pincelada de color en la bellísima metáfora de unas rojísimas flores, símbolo de los dones que el emigrante encuentra en el camino, cuya recolecta, a decir de Adriana Urdaneta, fundadora de la compañía caraqueña, es la única misión por la que el viaje tiene sentido. La culminación de esa imagen es la lluvia de claveles carmesíes, recompensa del exiliado, nuevo maná caído del cielo, con la que finaliza la obra. Ya en el plano coreográfico, Luz Urdaneta construye una pieza donde fluye un vocabulario heterodoxo, crisol de diferentes influencias: desde danza contemporánea hasta ritmos tangueros, todo ello con ese especial feeling del que dotan los latinoamericanos a su baile, miscelánea de su origen multicultural. Buen trabajo en conjunto de los 10 bailarines, de distinta factura a la acostumbrada por estos pagos.

“Éxodo” es un viaje al sentimiento oculto, apasionado y doliente de la comunidad de emigrantes, obligados a huir de su patria, sea cual fuere la concepción de la misma, en pro de un viaje incierto, donde las flores del camino son un nuevo maná que anuncia un destino mejor. Con el Premio Municipal de Danza 1999 Caracas a la ‘Mejor Coreografía’ por este trabajo , la compañía venezolana Danzahoy y sus veinte años de experiencia recalan en los escenarios bilbaínos con un espectáculo serio, riguroso y de factura impecable, cuya gran virtud es la fusión de diferentes ritmos y lenguajes coreográficos, debajo de los que bulle la procedencia multicultural del país latinoamericano. La segunda cita del festival Dantzaldia se convirtió, gracias a la elección de este montaje, en una agradable velada dancística. Y como recompensa, además del aplauso de la concurrencia, la compañía recibió una lluvia de flores.

Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografía: José Carlos Gómez










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