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Los Ballets de Monte-Carlo-Teatro Arriaga (Bilbao)

Danza flamígera

Piezas:”Dov’è la luna” (Jean-Christophe Maillot), “The second detail” (William Forsythe), “Altro canto” (Jean-Christophe Maillot).
Compañía: Les Ballets de Monte-Carlo.
Coreógrafo-Director: Jean-Christophe Maillot.
Bailarines:Bernice Coppieters, Asier Uriagereka, Gaetan Morlotti, Paola Cantalupo, Sang Yi Han, Raphaël Bouchard, Francesco Nappa, Samantha Allen, Olivier Lucea, Rodolphe Lucas, Jérôme Marchand , Francesca Dolci, Agalie Vandamme, Aurélia Schaefer, Karyne Benquet, Jens Weber, Gioia Masala, George Oliveira, Jeroen Verbruggen, Julien Bancillon, Mimoza Koike, Sivan Blitzova, Jennifer Brie, Leanne Codrington, Lisa Jones, Ramón Gomes Reis, Bruno Roque, Claude Gamba, Ché Mc Mahon, Alexis Dupuis-Le Blanc, Cyril Bréant .
Música: Alexander Scriabin (”Dov’è la luna” ), Thom Willems (“The second detail”), Monteverdi-Kapsberger (“Altro canto”).
Lugar y fecha: Teatro Arriaga (Bilbao), 9-Noviembre-2006.

Los Ballets de Monte-Carlo recalaron de nuevo en los escenarios vascos, tras sus previas y exitosas visitas a las tres capitales. Si en ocasiones precedentes el coreógrafo-director Jean-Christophe Maillot se había decantado principalmente por ballets narrativos tales como “Cenicienta” o “Romeo y Julieta”, en esta doble actuación en el bilbaíno Teatro Arriaga, el creador francés apuesta por un triple programa mixto que muestra la evolución de la compañía monegasca en los trece años que lleva bajo su cargo. Para comenzar la velada, Maillot rescató del baúl de los recuerdos ”Dov’è la luna” (1994), una pieza sin argumento creada en honor de la princesa Carolina de Mónaco. Después, irrumpió con gran fuerza “The second detail” (1991) firmada por William Forsythe- “el mejor coreógrafo vivo”, según Maillot- y primera ocasión en la que el público se deleitó con la presencia del vizcaíno Asier Uriagereka (Mungia, 1975), ‘Bailarín Principal’ de la compañía. Para cerrar la actuación, Jean-Christophe Maillot presentó su obra más reciente, “Altro canto” (2006), en su primera exhibición fuera del Principado de Mónaco. Sin duda, una bella obra cuya espiritualidad está remarcada por la música de Claudio Monteverdi (1567-1643) y acentuada por la multitud de velas que decoraban el escenario. El espectáculo ofrecido por los Ballets de Monte-Carlo volvió a mostrar su elevada calidad técnica y artística, en diferentes estilos de danza: desde el neoclásico de Maillot hasta el contemporáneo de Forsythe. A destacar “Altro canto”, que dejó emocionado al público asistente por la belleza de su lenguaje coreográfico.

”Dov’è la luna” fue la pieza encargada de abrir la noche. Se trata de una obra sin principio ni final, que busca remarcar el tránsito, el perpetuum mobile de los seres, el camino inexorable entre la vida y la muerte. La luna constituye el elemento simbólico de ese renacimiento, ya que este satélite muta a lo largo de sus fases: luna nueva, cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante. Con una escenografía en tonos grisáceos, los siete bailarines danzan entre los claroscuros de una estudiada iluminación, en cierta manera, asemejando a las diferentes fases de la luna. Los veinte minutos de ”Dov’è la luna” están distribuidos en siete cuadros escénicos de diferentes composiciones numéricas: un solo, cuatro dúos, un trío y ensemble final. El vocabulario coreográfico del Maillot de ”Dov’è la luna” es de clara raigambre neoclásica, con gran pureza en su ejecución, al no estar supeditado a ninguna línea argumental. La tonalidad grisácea general acentúa la sobriedad de este trabajo, en el que todos los intérpretes demuestran su calidad individual y la del conjunto, iluminados por tenues rayos de luna. Sin embargo, Bernice Coppieters, ‘Bailarina Estrella’ de los Ballets de Monte-Carlo, ejerció de pilar principal de la obra, al protagonizar el único solo y dos dúos de la pieza, por cierto, ya representada en la decimocuarta edición de Maiatza Dantzan (Teatro Victoria Eugenia, 3-4 Mayo 1997), dentro de otro triple programa de la compañía monegasca.

La segunda obra de la noche permitió disfrutar del vizcaíno Asier Uriagereka, quien, a su vez, se empleó a fondo para deleitar en su casa. El coreógrafo neoyorquino William Forsythe creó “The second detail” para el Ballet de Canada (Toronto), integrando, posteriormente, esta pieza dentro de la obra “The loss of small detail”, estrenada por el extinto Ballet de Frankfurt. En escena, trece bailarines y sendas sillas en línea al fondo. A partir de ahí, los intérpretes parecen entrar en trance bailando en pequeños grupos, hasta ir formando una gran estructura final, compuesta por diferentes filas, milimétricamente coordinadas entre sí. Aún siendo considerado Forsythe el adalid de la danza contemporánea, hay que reseñar que el elenco femenino baila a la punta, además de que el neoyorquino emplea un lenguaje muy deudor del clásico. En cierta forma, el creador americano parte del vocabulario clásico para ir deformándolo, con la intención de conseguir una gran contemporaneidad en su obra. La composición escénica, sobre todo, en el coro final, resulta de una apabullante geometría y exquisita limpieza de movimientos.

El coreógrafo-director Jean-Christophe Maillot realizó una apuesta muy personal, al presentar, por primera vez en el extranjero, “Altro canto”. Sin duda, la obra se convirtió en la gran y grata sorpresa de la noche. Como creador, Maillot se caracteriza por dos líneas coreográficas: reinterpretación de grandes clásicos –“Cenicienta” o “Romeo y Julieta”- o gestación de sus propias obras –“Miniaturas” o “Vers un pays sage”-. Desde el punto de vista estilístico, el coreógrafo galo se decanta por el empleo del lenguaje neoclásico, que reluce por la pulcritud y calidad de su compañía, Los Ballets de Monte-Carlo. Sin embargo, el asombro por “Altro canto” deriva de la nueva profundidad dotada a la pieza. Se percibe a un Maillot más maduro y espiritual. El común denominador de “Altro canto” es la llama del fuego, a través de diversas formas: bien por las enésimas velas que adornan el espacio, por la iluminación de la pieza, o por los porte brass que, constantemente, emulan a éstas. Las velas pueblan el cielo del escenario, intercambian su número y formación, y recrean el ambiente sacro, aderezado por la música de Monteverdi y Kapsberger. Por encima de lo atractivo de la puesta en escena y vestuario –firmado por Karl Lagerfeld, diseñador de la firma Chanel-, lo más bello es la sutileza del movimiento. De corte sinuoso, simula el flamear de las candelas en las que se convierten los bailarines. Parece una liturgia en movimiento. Nuevamente, Bernice Coppieters asume gran protagonismo, sobre todo, en el cuadro en el que ondea como una llama, mientras baila con el elenco masculino. También destacable el mérito de Asier Uriagereka, al verse obligado a aprender en un día el rol de Chris Roelandt, debido a una lesión de este último.

El Teatro Arriaga de Bilbao acogió, sin duda, un gran espectáculo, al programar con acierto a los Ballets de Monte-Carlo. La velada fue un agradable reencuentro con Asier Uriagereka y Bernice Coppieters, presentes en la 1ª Gala “Los vascos y la danza” (12-Junio-2006). Además de ello, el trío de piezas que componían la oferta de la compañía monegasca permitió disfrutar de la amplitud de registros y estilos de la formación del Principado: desde un neoclásico de juventud de Maillot, ”Dov’è la luna”, pasando por un contemporáneo muy clásico de Forsythe, “The second detail”, o un neoclásico de madurez del francés, “Altro canto”. Pese al reto de asumir diferentes estilos y planteamientos coreográficos, los Ballets de Monte-Carlo dieron cuantiosas muestras de su calidad como formación. Lo más bello, sin duda, fue la danza flamígera de “Altro canto”, un regalo muy especial de Jean-Christophe Maillot para el público de este arte escénico. Y los asistentes a la velada así lo entendieron, premiando con calurosos aplausos toda la actuación de la formación monegasca, pero, especialmente, este canto de belleza y fragilidad danzada.

Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografía de la portada: Rodrigo César




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