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I. Dantza Bilaka

Mismos perros, otros collares

Programa: Dantza Bilaka’07.
Piezas: “Azul en tres actos”, “Autorretratos”, “E-j-e-r-c-i-c-i-o-n-ú-m-e-r-o-2”, “Sobre los coches rojos, el miedo y las cafeteras”.
Coreógrafas:
Leire Ituarte, Beatriz Gázquez, Myriam Pérez y Laida Azkona.
Intérpretes:
Leire Ituarte, Olatz de Andrés y Joseba Álvarez de Eulate/ Nélida Ranedo y Tonatiuh Díaz/ Myriam Pérez, Amaia Pascual y Naiara Escudero/ Laida Azkona y Jean-Marc Serrano.
Lugar y fecha:
Centro Cultural de Egia, 20-Octubre-2007.



Llueve sobre mojado. El Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, tras diferentes iniciativas –hacer una preselección con jurados heterodoxos, cambiar la denominación, apoyo mediático, etcétera-, ha decidido replantearse el sentido, objetivos y filosofía de la Muestra Coreográfica de Euskadi (2004-2006), antes conocida como Muestra de Jóvenes Coreógrafos Vascos (1997-2003). El objetivo actual no es ofrecer una mini-producción final de las iniciativas amateur de la Comunidad Autónoma, sino, más bien, indagar en los procesos creativos. De esta manera, Dantza Bilaka, nueva nomenclatura del invento, se divide en dos fases diferenciadas: primero, unos encuentros entre participantes y profesionales del sector para abordar diversas facetas de la creación, puesta en escena, iluminación, etcétera, que tuvieron lugar en Elorrio, el pasado mes de Junio; segundo, la exhibición de los once proyectos seleccionados, en el estado en el que se hallen –embrionario, en proceso o criatura vivita y coleando-, en tres espectáculos en las capitales vascas, a razón de 3-4 piezas por capital. Para finalizar el círculo, un coloquio entre los participantes y asistentes, de cara a conocer sus impresiones, dudas o aportaciones sobre las piezas exhibidas.

Los donostiarras y foráneos fueron convocados a disfrutar de la creatividad coreográfica vasca en el espacio Gazteszena del Centro Cultural de Egia. Las vizcaínas Leire Ituarte y Beatriz Gázquez, la guipuzcoana Myriam Pérez y la navarra Laida Azkona mostraron sus piezas ante un concurrido patio de butacas. “Azul en tres actos” de Leire Ituarte, la única participante de Dantza Bilaka que intervino en la desaparecida Muestra Coreográfica de Euskadi del año pasado, abrió la muestra. La intención de esta propuesta era estudiar el estado de melancolía. Sin embargo, lejos de llegar a la concreción, igual por encontrarse aún en pañales esta pieza, se perdió en sí misma y en las nuevas tecnologías, tales como la videocreación, de la que tanto gustan y abusan los jóvenes coreógrafos. Más interesante resultó la opera prima de Beatriz Gázquez, “Autorretratos”. Con un hilo narrativo claro, las relaciones de pareja, y con un elemento centralizador diáfano, la cama marital como eje de coordenadas, esta obra resultó completa en cuanto a su puesta en escena y a su lenguaje coreográfico. Si la cama es el marco donde se desarrolla la acción, las sábanas son el lienzo, y la pareja de durmientes son los personajes del retrato que toman vida, exhiben su intimidad al desnudo, permanecen quietas o se mueven, conformando el cuadro pictórico final.

Sobria hasta llegar casi a la austeridad máxima, coherente de principio a fin, y muy meditada en su aparente simplicidad, la pieza “E-j-e-r-c-i-c-i-o-n-ú-m-e-r-o-2” fue el exponente de una obra bien planteada que cubre aquellos presupuestos que se ha fijado. La oiartzuarra Myriam Pérez parte de los experimentos fotográficos realizados por Eadweard Muybridge y Etienne-Jules Marey en el siglo XIX, sobre la descomposición del movimiento para estudiar las diferentes fases de la gestualidad. La finalidad era congelar una acción en su desarrollo para poder estudiarla después en sus diferentes momentos. Por eso, Myriam Pérez construye un trío, en el que cada una de las intérpretes representa un fotograma, un instante, en la estela de movimiento. Objetivo conseguido. No así en el caso de Laida Azkona, autora de “Sobre los coches rojos, el miedo y las cafeteras”, cuyo original título ya hacía presagiar un desaguisado de gran calibre. Y efectivamente, aunque se encuentre aún en estado fetal, esta pieza resulta incoherente a todas luces: empezando por el pobre osito de peluche ahogado en un jarrón, siguiendo por los coches rojos de juguete, continuando por la cafetera en acción. En fin, otro despropósito de no-danza similar al que abrió la velada. Y, curiosamente, también apoyado en videocreación. Por cierto, ideal de la muerte el videoclip del osito con vida propia. Vamos de lo mejorcito de esta melange.

Año tras año, la Muestra Coreográfica de Euskadi y ahora su heredera, Dantza Bilaka, solicita implícitamente un voto de confianza a favor de los jóvenes coreógrafos vascos aún amateur. En este sentido, cabe recordar que la acción global del Gobierno vasco en el programa “Dantza” se divide en tres apartados: Dantza Bilaka (reflexión, formación y comunicación en los prolegómenos de la creación), Zirkuitoa (programación de producciones del terruño en la red de teatros Sarea) y Plataforma para la Danza (exhibición en la Feria de Teatro de San Sebastián). Con una década por medio, quizás podrían apreciarse algunos resultados más tangibles para la danza en Euskadi. Con la suma de todos los aspectos del programa “Dantza”, se pretende vertebrar un sector aún en pañales, sin embargo, ná de ná. Y salvo puntuales excepciones, no se materializa un vuelco en el sector dancístico de esta tierra. A medio camino entre el taller, reflexión y la muestra al público, este Dantza Bilaka, a la vista de lo mostrado en Egia, perpetúa el mismo esquema en cuanto a la valoración de sus resultados. Habrá que concederle el beneficio de la duda, aunque parezcan los mismos perros, con otros collares.





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