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NDT en La Haya- Programa Jirí Kylián y estreno de Jacopo Godani
NDT, elegancia, modernidad y calidad
Programa: “Wings of wax”
Piezas:“Wings of wax”, “Symptoms of development”, “Click-pause-silence”.
Compañía: Nederlands Dans Theater.
Coreografías: Jirí Kylián (“Wing of wax”), Jacopo Godani (“Symptoms of development”, Jirí Kylián (“Click-pause-silence”).
Bailarines: Aurélie Cayla, Stefan Zeromski, Nancy Euverink, Patrick Marin, Virginia Martinat, Lukás Timulak, Lesley Telford, Bastien Zorzetto (“Wings of wax”)/ Natalia Horecna, Virginie Martinat, Valentina Scaglia, Parvaneh Scharafali, Urtzi Aranburu, Yvan Dubreuil, Fernando Hernando Magadan, Lukás Timulak (“Symptoms of development”/ Nancy Euverink, Stefan Zeromski, Medhi Warleski, Patrick Marin (“Click-pause-silence”).
Lugar y fecha: Lucent Danstheater (La Haya-Holanda), 21-Septiembre-2006.
La compañía Nederlands Dans Theater (NDT) demostró la versatilidad de sus registros en una triple programa compuesto por dos piezas del ya clásico Jirí Kylián (Praga, 1947), y el estreno mundial de “Symptoms of development” de Jacopo Godani. El espectáculo, de dos horas de duración, transitó por la elegante delicadeza de Kylián y el enérgico inconformismo de Godani. Por ello, la capacidad de adaptación de la formación holandesa, siempre al máximo nivel, es una de las grandes virtudes de la NDT, si bien la pátina dejada por el coreógrafo checo sobresale como una de las señas de identidad más características. Confrontar a su esencia vital el grito de angustia interior del creador italiano produce una catarsis muy especial: entre el clasicismo y la rabiosa modernidad. De esta manera, dentro del amplio espectro de sensaciones y estilos dancísticos de la velada, el público que copaba el Lucent Danstheater de La Haya podía encontrar ‘su’ pieza. Por eso, a nadie extrañó la oleada de aplausos al finalizar cada pieza.
Comenzaba el espectáculo con la pieza “Wings of wax” (1997), una bellísima obra que reúne a cuatro parejas en escena. Con una coreografía muy sobria compuesta por una árbol y un foco colgantes, “Wings of wax” se inscribe dentro de esa selección de pequeñas joyas kylianas, verdadera muestra de todo el compendio estilístico del checo: un portentoso sentido de la musicalidad, una gran elegancia de movimientos y pasos a dos, una gran sentido de la plasticidad y mucho gusto en la sobria puesta en escena. Jirí Kylián construye coreografías en las que lo difícil parece sencillo, lo sencillo no tiene espacio sobre lo escenario y la elegancia es una máxima que produce la sublimación del espectador. Así, el coreógrafo checo ha creado un estilo propio ya muy consolidado, tanto que incluso posee imitadores y discípulos. “Wings of wax” es una magnífica muestra de ese Kylián soberbio que deleita al público con esos recitales de belleza bailada.
Frente a ello, el creador italiano Jacopo Godani propone en “Symptoms of development” (2006) una caústica explosión de energía, una protesta radical del transalpino contra la situación de angustia del hombre en el mundo contemporáneo. Un octeto de bailarines corporeizan a sendas marionetas desprendidas de los hilos que las manejan. Puestos en esa tesitura, los intérpretes exploran la máxima dimensión de su movimiento. Se trata de romper tabúes y límites. Godani construye la pieza con claras reminiscencias del lenguaje cinematográfico. Se suceden cuadros como frames de película. Los bailarines, atrapados en un mundo sórdido, sienten su soledad y bailan contra el resto del grupo e incluso contra si mismos. Poco a poco, van interrelacionándose, demostrando las posibilidades de la sinergia del conjunto. Palabra, música y voz se suman en “Symptoms of development”, elementos que se irán integrando cada vez más en la obra a lo largo de su presumible recorrido. En la parte dogmática de la pieza, resulta curioso el discurso darwiniano de la evolución del ser humano, momento en el que el donostiarra Urtzi Aranburu escenifica el proceso evolutivo, con su buen hacer característico.
Para finalizar la velada, tras la intensa obra de Godani, vuelve el sosiego con otra pieza kyliana: “Click-pause-silence” (2000). Más moderna que la primera, esta obra junta sobre el escenario a cuatro bailarines. De cierto carácter experimental –en comparación con el asentado estilo kyliano-, “Click-pause-silence” no termina de cuajar del todo, pese a la gran calidad de los bailarines. El creador checo juega con tres claves: el encuentro de la gente (click), el tiempo suspendido (pause) y los clamorosos silencios (silence). Con esas variables, hace bailar dentro de esos estrictos parámetros a los cuatro intérpretes. Para redondear el concepto escénico, sitúa al fondo del escenario un espejo que gira sobre si mismo y una televisión con la misma característica. Sin embargo, la unión de todos esos elementos no conforma una obra kyliana de calidad suprema, como si fuera un bizcocho que careciera de algún ápice de levadura. Pese a ello, un gran deleite poder disfrutar de la inmensa calidad de la NDT. Crear una compañía contemporánea de gran nivel conlleva tantos años como elaborar una buena bodega de vinos. Mucho trabajo, mimo y esfuerzo condensado en un gran resultado. La incorporación de un coreógrafo con talento que le dotara de una verdadera personalidad fue el gran acierto de NDT. Así, decir Jirí Kylián es sinónimo de nombrar NDT. Su concepción imitada por la española Compañía Nacional de Danza (CND) de Nacho Duato es un gran logro. Sin embargo, desde hace unos años, NDT se visto obligada a demostrar y a demostrarse a si misma que existe vida sin Kylián. La formación holandesa de 2006 se encuentra con el pujante y brillante tandem de Paul Ligthfood y Sol León, y, también, con su vocación de renovación, modernidad y contacto con las vanguardias, como, por ejemplo, el caso de Jacopo Godani. De ese contraste, surge este programa que contó con el aplauso unánime del público. Elegancia de Kylián, modernidad de Godani y calidad de NDT.
Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografía: Joris Jan Bos
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Iratxe de Arantzibia
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