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Olor, humor, amor

Programa: “L’odeur du voisin”.
Compañía: Alias Compagnie.
Coreografía: Guilherme Botelho y Caroline de Cornière.
Bailarines: Guilherme Botelho, Caroline de Cornière, Asier Zabaleta, Joseph Trefeli y Kylie Walters.
Música: Hans Peter Kuhn, Ary Barroso y otros.
Escenografía: Gilles Lambert.
Iluminación: Pascal Burgat y Jean-Marc Serre.
Evento: Dantzaldia 2003.
Lugar y fecha: Palacio Euskalduna (Bilbao), 16-Noviembre-2003.

Recomienda un antiguo proverbio indio que “antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines”. Pues bien, la compañía suiza Alias, haciendo bueno ese dicho, se inmiscuye en la peculiaridad de todos y cada uno de los seres humanos que pueblan este mundo, en su obra “L’odeur du voisin”(= “El olor del vecino”). Presentado en dos actos, de media hora de duración cada uno, el espectáculo ahonda en las relaciones sociales en dos atmósferas bien diferenciadas: un restaurante y una oficina. La primera parte- comedor por donde desfilan infinitos y estrafalarios personajes- está tratada con grandes dosis de hilarante humor, de risa fácil, mientras que el segundo acto- puesto de trabajo, poblado con los enésimos arquetipos laborales- se inclina más hacia la negrura humorística. La coreografía de Guilherme Botelho y Caroline de Cornière se nutre de una danza muy orgánica, con profusión de movimientos ‘al límite’, dando muestras de la versatilidad corpórea de los bailarines, entre los que destacó la interpretación del guipuzcoano Asier Zabaleta, quien demostró su espléndido estado de forma en movimientos de difícil repetición e imitación. El público se divirtió con la propuesta ginebrina, premiándola con fervientes aplausos. Gustó mucho esta coreografía, a veces, de un realismo sarcástico, otras, de una apariencia onírica e irreal, presentada en el marco de la cuarta edición de Dantzaldia.

Alias Compagnie, celebrando su décimo aniversario como formación, presentó un espectáculo sugerente, entretenido y de gran imaginación. Partiendo del análisis de la formación de los roles artísticos, el tandem Guilherme Botelho y Caroline de Cornière dividen la obra en dos fragmentos/ atmósferas de diferente calado: de una parte, un restaurante, pasarela por donde desfilan personajes de lo más estrambótico; por otra parte, una oficina, nido de envidias, competencias y afectos de sus habitantes, unidos por razón de su trabajo, 8 horas diarias, de obligada convivencia. Así pues, “L’odeur du voisin”(= “El olor del vecino”) define en su título a la perfección la esencia de esta obra: quien percibe en aroma de su vecino ha de estar, a la fuerza, cerca de él y de sus manías, por extensión. Botelho- Cornière apuestan por un lenguaje narrativo de corte cinematográfico: pequeñas variaciones cual escenas, cierres en negro, cuidada iluminación de estilo fílmico...Además, el humor (blanco, en la primera parte, negro, en la segunda) se convierte en una poderosa arma narrativa. Así pues, pese a su filiación cinematográfica, la conjunción de la estética del celuloide, el humor desaprensivo y la irrealidad de muchas situaciones, a veces, remiten a un planteamiento propio del cómic con sus correspondientes viñetas, por donde campan peculiares personajes.

Acto primero, el restaurante. Un vividor, pelo en pecho, gruesa cadena de oro, cabello engominado, ejerce de macho matador con una sumisa fémina. En medio de la disputa, el pescado, plato seleccionado para su degustación, sale volando, a lo que otro comensal responde haciéndole el ‘boca a boca’. Un ejecutivo estresado come contra reloj, mientras recibe, literalmente en vena, una ingente dosis de café. Y así, una decena de escenas que provocaron la risa del patio de butacas. Acto segundo, 5 oficinistas, enclaustrados en su recinto laboral, viviendo y sufriendo las tensiones propias del trabajo. Desde el trabajador ‘trepa’ hasta el work-addict , una amalgama de toda la fauna del hábitat laboral. Sin embargo, el humor diáfano de la primera parte se tornó más agrio en esta ocasión. Tras la tempestad, una lluvia de cientos de documentos sorprende al quinteto de bailarines-oficinistas.

Ya en el terreno coreográfico, la obra firmada por Botelho- Cornière gusta del movimiento orgánico, provocando posturas cercanas al escorzo. Su lenguaje creativo se apoya en la gestualidad cotidiana, elevada a la categoría de elemento catalizador de la danza personal de cada intérprete. Definida la danza de Botelho como directa, clara, física, dotada de emoción carnal, trance orgánico y tempestad rítmica, este coreógrafo apuesta por fomentar el movimiento propio de cada bailarín, donde las suspensiones en el espacio, la sensación de sinuosidad y la fluidez móvil cobran carta de naturaleza. Además, en un escenario poblado de mesas, sillas y cientos de cachivaches, la tarea del bailarín se hace más compleja, aunque sólo sea por el hecho de esquivar el mobiliario, de cara a interpretar su fragmento coreográfico.

“L’odeur du voisin”(= “El olor del vecino”) es una interesante propuesta de tinte humorístico, presentada por la formación ginebrina Alias Compagnie. Durante una hora de espectáculo, dividido en dos partes, el dúo creativo Botelho- Cornière mostró un montaje centrado en la elaboración de los roles en la danza, idea, claramente, sintetizada en el título de la obra. Cinco bailarines, entre ellos el estupendo Asier Zabaleta, encarnan a infinitos personajes, caricaturas de ese molesto vecino y sus inaguantables manías, en dos atmósferas sociales/ cotidianas diferentes- restaurante y oficina-. Y es que ya lo dijo Hobbes, ‘homo lupus homini’ (=’el hombre, un lobo para el propio hombre’). Con esta peculiar obra, la cuarta edición del certamen bilbaino Dantzaldia se encamina a su recta final, dando serias muestras de su importancia dentro de la oferta cultural de otoño en Euskadi. Esta domingo, la excusa fue las rarezas de un anónimo vecino. Quien esté libre de culpa que eche la primera piedra...

Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografía: Marc Vanappelghem










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