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Ordago a la grande

Programa: VI. Muestra de Jóvenes Coreógrafos Vascos.
Coreógrafos: Ikutu Dantza Taldea, Pantxika Telleria, Saioa Ibáñez, Mayda Zabala y Natalia Monge.
Piezas: “Bostak S2”, “Firua”, “Ihes puntuak”, “...y descuelga mi corazón” y “Mejor mal acompañado que sólo”.
Lugar y fecha: Egia Kultur Etxea (Donostia), 30-abril-2.002.

Ser juez y parte. Ésa es la difícil tesitura en la que el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco nos puso a un nutrido grupo de críticos y periodistas especializados en danza. Asumí el reto, agradeciendo la deferencia del Ejecutivo de Lakua, al considerarme apta para tal fin. Hecho este preámbulo, pido disculpas a los lectores, por este involuntario momento de protagonismo, toda vez que ratifico mi compromiso con la información veraz, en este caso, dentro del bello arte escénico de la danza .

La principal novedad de la VI. edición de la Muestra de Jóvenes Coreógrafos Vascos consistió en el sistema de elección de las cinco piezas que optaban a una gira de actuaciones en los escenarios vascos. El año pasado, dado el número de participantes en la muestra (diez coreógrafos en total), se organizaron dos actuaciones para disfrutar de las piezas cortas de estos jóvenes creadores. Para evitar esta doble programación, el Gobierno Vasco optó por una sola muestra con los trabajos de un quinteto de coreógrafos. Y así fue como el pasado 16 de marzo, el vitoriano Teatro Ibáñez de Matauko Antzokia acogió la puesta en escena de las doce piezas candidatas a la gira por los escenarios vascos. Un triple jurado, compuesto por la Comisión responsable de la selección, una representación de críticos de prensa y programadores, y un grupo de coreógrafos y compañías de danza, tuvo la difícil tarea de elegir las cinco piezas, representantes de esta sexta edición.

La compañía alavesa Ikutu fue la encargada de inaugurar la cita anual con los jóvenes coreógrafos vascos. Bajo el título de “Bostak S2”, Adriana Gascó, Jorge Ferreira y Ruth Berikoetxea se sumergen en el viaje de tres personajes a través del mundo sensitivo. Con dos minutos de coreografía preparada como eje, el trío vitoriano explora el campo de las sensaciones, teniendo a la improvisación como principal técnica en su investigación. En su búsqueda de la expresión de los estímulos sensoriales a través del movimiento, se topan con una especie de puzzle, decorada cada pieza del cúbico juego, con diferentes partes de la anatomía humana.

Sin duda, “Ihes puntuak” , trabajo de Saioa Ibáñez, fue la pieza más redonda dentro de la presente edición. Y el público percibió el interés, el rigor y la seriedad de esta guipuzcoana, afincada en Amsterdam, obteniendo la mayor cantidad de aplausos de la noche. Reflejar la contrariedad de las cosas fue la idea de la que partió Ibáñez para su estupendo solo. Bajo la premisa de economizar energía, la bailarina explora los infinitos puntos del espacio con movimientos orgánicos, una especie de juego de contrapesos entre polos opuestos. Los puntos de huída de Ibáñez se juntan en este interesante trabajo, fruto de un planteamiento y desarrollo riguroso.

La infancia atrapada en una caja de música. Ésa fue la fuente de inspiración de la vasco-francesa Pantxika Telleria. La coreografía es un crisol, donde se unen las esencias adquiridas por Telleria durante su formación: el ballet clásico, la danza contemporánea y los bailes tradicionales vascos. “Firua” es un solo de una bailarina- Célia Thomas-, que hace gala de una gran calidad técnica, en su mágico discurrir alrededor de la pequeña caja de música. Desde el punto de vista coreográfico, Telleria crea un fino y bonito encaje de Bruselas, con predilección por la fluidez, limpieza y depuración del bello movimiento.

La vizcaína Mayda Zabala narra la vida de una pareja en clave de humor en su pieza “...y descuelga mi corazón”. Los diferentes estadios por los que atraviesa una joven pareja, desde su felicísima boda, hasta desembocar en una intensa crisis marital, pasando, eso sí, por los momentos más románticos y dulces, no aptos para diabéticos. Zabala emplea el humor, sin llegar hasta el corrosivo sarcasmo, como elemento clave de esta coreografía divertida y resultona. Mucho amor, mucho arroz, mucho merengue, con boleros de Armando Manzanero y la poderosa voz de Edith Piaf de fondo, y la bellísima imagen de la ruptura: Mayda Zabala caminando sobre las copas del ajuar marital, mientras su marido en la ficción –Isidro Zapatero-, a lo lejos, toma la dirección contraria.

La búsqueda de la ilusión como antídoto a la soledad. Natalia Monge parte de esta premisa para demostrar cómo las personas utilizan a otras para sus propias fines, abandonándolas después de lograrlos. Tres personajes quieren materializar sus ilusiones más triviales, incluida, entre ellas, la degustación de una sabrosa tarta, tras una sesión de footing de uno de ellos. Al final, claudican, para concluir que “Mejor mal acompañado que sólo”. Mezcla de teatro, cocina (el asunto llega a presentar al famoso Karlos Arguiñano, explicando la elaboración de una tarta), y un pequeño ingrediente de danza de poca consistencia. Una receta sin levadura.

El Departamento de Cultura del Gobierno Vasco ha confeccionado un ambicioso plan, denominado “Dantza”, para la difusión y ayuda a la danza. La VI. edición de la Muestra de los Jóvenes Coreógrafos Vascos es un ejemplo de este proyecto. Diversos sectores, entre ellos, la prensa especializada, se han involucrado en esta iniciativa. El espacio de Gazteszena sirvió como marco para clausurar la gira del quinteto de creadores vascos de la muestra. Diferentes estilos académicos, desde el clasicismo hasta lo contemporáneo, pasando por la danza-teatro, se dieron cita en la muestra. Un programa donde los tríos – Ikutu y Natalia Monge- y los solos – Saioa Ibáñez y Pantxika Telleria- jugaban sobre seguro, con la certeza de que una doble pareja de ases y treses podían marcarse un órdago a la grande y a la chica. Gran partida de mus dancístico.

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