La escuela vacía, dirigida por el donostiarra Fernando Bernués archiconocido por la adaptación teatral del “Florido Pensil”, es una obra interesante dirigida a los niños, interesante en su puesta en escena, audiovisuales incluidos, así como por situar en ella al percusionista Luis Camino.
Protagonizada por un correcto Karlos Nguema que intenta en todo momento que el público sea parte de la propuesta.
Interesante también por su valor educativo en ese afán de descubrir a nuestros hijos otras realidades amén de denunciar la explotación infantil, asimismo sirve para que los nuestros valoren lo que tiene, algo que no siempre sucede.
La pequeña pega que le veo es que es un tanto tendenciosa y en algunos momentos parece que se desvía hacía un público adulto, quizás pensando en los acompañantes.
Distribuida por el todopoderoso Julio Perugorria funcionara muy bien en ikastolas y colegios.
Lo mejor de ayer sin duda fue Mi misterio del interior, de Ron Lalá, hacía tiempo que no me reía tanto en un teatro. Humor subversivo perpetrado por unos cómicos-músicos de primera, ágil y divertidos sketches se suceden interpretados con un desparpajo fuera de lo habitual.
Al final, ovación de gala con el público en pie.
Antes de despedirme., recomendaros Chicas bonitas, alegres maizales de la siempre interesante Maite Agirre. Mañana a las seis de la tarde en Gasteszena. Promete esta nueva apuesta de la veterana directora y actriz vasca, ya que tratará temas como el choque intergeneracional y la inmigración con música en directo a cargo de la banda Freenetik.