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Química flamenca
Programa: “Poesía y Flamenco”.
Piezas: “Si mi voz muriera en tierra” (Alberti), Taranto, “Romance de la pena negra” (Lorca), Soleá, “Rumba instrumental”, “Cuento triste” (A. Cruces), “Nana gitana”, “Los caminos” (José y Rafa Jiménez), Tango, “Luna roja, luna negra” (A. Cruces), “Hoy vuelvo a la ciudad enamorada” (Gala), “Adelina de paseo” (Lorca), Alegrías, “La palmera” (Jesús Apellaniz), Zapateado de Sarasate, “Olvido” (A. Cruces), “Saeta” (Joaquín Turina), “Por alegrías” (Canción), Bulerías, “Orobroy” (Dorantes).
Coreografía, dirección y baile: Ángela Cruces.
Música en directo: Esperanza Apellániz (piano), Naroa García (chelo), Rafa Jiménez (guitarra), Oskar Gutiérrez de la O (percusión), José de Pasaia (al cante), Jesús Apellániz (al recitado) e Isabel y Mariló (palmas y coro).
Vestuario: Pili Epelde.
Iluminación: Txema González.
Lugar y fecha: Casa de Cultura de Egia, 5-Junio-2004.
La poesía y el flamenco se apoderaron del espacio Gazteszena en una peculiar velada protagonizada por la artista polivante Ángela Cruces. El espectáculo, con una duración cercana a las dos horas, intercaló danza gitana con sentidos versos, declamados estos últimos con maestría por Jesús Apellániz. La música en directo propició algunos momentos de gran interés, pero, sobre todo, fue el ingrediente necesario para que la bailaora Ángela Cruces se dispusiera a extraer el máximo de su arte, procedente de sus tacones. En el montaje, Cruces baila, recita y canta, si bien no se maneja en todas estas facetas al mismo nivel. Lo que sí resultó prodigioso fue ver el espacio Gazteszena totalmente abarrotado y, sobre todo, con una gran cantidad de espectadores no habituales de la ‘tribu de la danza’. Y entre unos y otros, se produjo una química muy especial que derivó en ”¡Olé!”, “Vamo’allá”, “Guapa” y demás retahíla de piropos a la Cruces, única en danza, a Apellániz, el recitador, y a todo el cuadro flamenco.
La predilección por los poemas de Federico García Lorca resulta patente en toda la obra. De hecho, además de recitar dos composiciones de éste -“Romance de la pena negra” y “Adelina de paseo”-, la propia Ángela Cruces le dedica unos versos narrando su triste final - “Luna roja, luna negra”-. El comienzo del espectáculo con Apellániz declamando y paladeando, verso a verso, “Si mi voz muriera en tierra” de Rafael Alberti, resultó majestuoso, así como la original y poética presentación que realiza éste de todo el elenco, al finalizar la obra. Y, entre poema y poema, algunos palos de flamenco – Soleá, Tango, Alegrías y Bulerías- bailados con sentimiento por Cruces, que dejaron al público con ganas de más, redondearon este espectáculo, sencillo de hechura e interesante de resultado. Sin duda, bueno el maridaje entre baile flamenco, música y poesía.
El espectáculo en conjunto resulta interesante para el espectador profano en palos del arte gitano, sobre todo, por la interesante combinación de baile y poesía, siendo ésta muy acertada, con bellas composiciones lorquianas predominando la escena. La transición entre declamación y tandem música-danza, a veces, es un poco abrupta. De esta manera, se perciben ciertos altibajos de tono, rápidamente subsanados con el buen hacer de Ángela Cruces y su equipo. Ya en plano puramente de la danza, destacó la bailaora en el fragmento del Zapateado de Sarasate, pieza de gran intensidad y marcado ritmo, basado en un poderoso taconeo. El resultado de los casi 120 minutos de versos y baile gitano es un montaje sencillo en sus formas y poderoso en su arte: la palabra y la danza para mayor deleite de un público rendido a los pies de Ángela Cruces.
Iratxe de Arantzibia
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Iratxe de Arantzibia
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