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Rea de amor

Programa: “Mariana Pineda”.
Compañía: Ballet Flamenco Sara Baras.
Coreografía: Sara Baras.
Música original: Manolo Sanlúcar.
Bailaores: Sara Baras (Mariana Pineda), José Serrano (Don Pedro), Luis Ortega (Pedrosa), Miguel Cañas (Don Fernando), Auxiliadora Fernández, Raúl Fernández, Charo Pedraja, Raúl Prieto, Cecilia Gómez, Ana González y María Vega.
Músicos: José María Bandera (dirección musical y guitarra), José Motos (percusión), Miguel de la Tolea y Saúl Quirós (cantaores), Raúl Márquez y José Amador Goñi (violines), Viara Dimitrova (viola), Bistra Vladimirova (violoncello), Mario Pérez (flauta), Ismael García (oboe-corno) y Lucas Moreno (clarinete- clarinete bajo).
Lugar y fecha: Auditorium del Kursaal, 16-Diciembre-2003.

El Auditorio del Kursaal acogió el excelente espectáculo “Mariana Pineda”, firmado por la coreógrafa y bailaora gaditana Sara Baras. Inspirado en la obra dramática en verso homónima de Federico García Lorca, la creadora flamenca cuenta, de manera libérrima, la vida y ajusticiamiento de la pasional Mariana Pineda (1804-1831), personaje real, ejecutada por orden del rey Fernando VII. El motivo de su ajusticiamiento: haber bordado una bandera con los emblemas liberales. Un siglo después, sería el también granadino García Lorca, quien convertiría en inmortal a esta heroína de la resistencia ante el absolutismo real, al publicar, en 1925, una obra sobre los avatares de los últimos días de esta rea de muerte. El espectáculo, de hora y media de duración, en un solo acto, dividido en varias escenas, hace un recorrido por los tres hombres- Don Pedro, el carcelero Pedrosa y Don Fernando- que protagonizan el sino de Mariana Pineda. La música original de Manolo Sanlúcar, interpretada por un elenco compuesto por 12 músicos, y la inmaculada escenografía de Daniel Bianco y Lluis Pasqual, sumadas a la magnífica interpretación del Ballet Flamenco Sara Baras, con la gaditana al frente, obtuvieron los aplausos más sonoros y los bravos más entusiastas de un público muy entregado.

”Mariana Pineda llevaba en sus manos, no para vencer, sino para morir en la horca, dos armas, el amor y la libertad: dos puñales que se clavaban constantemente en su corazón”, de esta manera, el gran Federico García Lorca retrataba a la heroína liberal. Considerada esta obra su primer éxito teatral, tras su estreno en 1927, cobró resonancias antidictatoriales- en esa época, el dictador Primo de Rivera estaba en el poder- en las que, al parecer, el poeta no había pensado. El argumento se centra en los romances granadinos- uno de los cuales detonantes de su ajusticiamiento- protagonizados por Mariana Pineda. Enamorada del jefe de la conspiración liberal en Granada- Don Pedro de Sotomayor-, es acusada de bordar la bandera de la libertad y condenada a muerte. El jefe de la policía, Pedrosa, atraído por ella, le promete dejarla libre si delata a los conspiradores, a lo que ella se niega. Un tercer hombre, Don Fernando, también embelesado por esta mujer granadina, le rondará, sin ser correspondido. Lorca construyó, de esta forma, un plantel masculino a los pies de la heroína ajusticiada, todos ellos, también presentes, en la coreografía de Baras. La osadía de la creadora gaditana sube incluso, al escenario, al propio Lorca, quien, paradojas del destino, corrió la misma suerte que su admirada Mariana Pineda. En plena flor de la vida, mediando un siglo de diferencia, Pineda (m.1831) y Lorca (m.1936) son ajusticiados por la irracionalidad, intolerancia y dictadura imperante. Esta similitud es traída a colación por Sara Baras, quien no duda en unir escénicamente, a Mariana y Federico, ambos presos de un trágico destino final. Parte del mito que rodea a ambas figuras reside, precisamente, en su asesinato a manos del poder político- garrote vil, para Pineda; fusilamiento en la persona de Lorca- sumado al valor de la fémina bordadora y a la genialidad artística del poeta.

Además de este sentido homenaje de la bailaora gaditana, muchos son los pequeños detalles en los que recuerda a su paisano, un indiscutible genio de las letras del siglo XX. La presencia del clero- poder eclesiástico-, gracias a un cortejo de religiosas, y del ejército- poder castrense y político en la época decimonónica-, son una referencia habitual en la obra lorquiana, como símbolos de la represión y atraso del país. La jerarquización de los roles, con una clarísima primacía del papel femenino, cuya apoteosis se encuentra en “La casa de Bernarda Alba” (1936), es otra característica de García Lorca, muy sensibilizado con la condición de la mujer y de las minorías, debido a su orientación sexual. Por ello, Baras respecta el protagonismo absoluto de Pineda, papel que ella misma encarna. Acompañada de José Serrano (Don Pedro), Luis Ortega (Pedrosa), Miguel Cañas (Don Fernando), sus tres enamorados, la coreógrafa andaluza divide la narración en varias escenas, por donde desfilan el trío masculino, con quienes Baras desgranará algunos de los momentos más vibrantes y grandiosos del espectáculo, en sus ‘mano a mano’ con ellos. Especialmente bello e intenso, su duelo con José Serrano, en el papel de Don Pedro Sotomayor. También memorable su enfrentamiento dancístico con su carcelero, Luis Ortega, en la piel de Pedrosa. Si bien el nivel del Ballet Flamenco Sara Baras es muy alto, la propia gaditana, secundada por sus amores, puso hasta las entrañas sobre el escenario. Resulta habitual la acusación a Baras de su excesivo abuso del zapateado, recurso de filiación masculina, sin embargo, la bailaora ha estilizado sus formas interpretativas, apostando más que anteriormente, por el gesto y la expresividad, a través de los brazos. Eso sí, no renuncia a su potente zapateado, pero atempera con mayor sabiduría los sonidos arrancados a sus zapatos, desde la punta hasta el tacón, vibrando con su apasionada Pineda.

La música en directo, interpretada con acierto por la docena de músicos encaramados en un altillo escénico, bajo la dirección de José María Bandera, y la escenografía de dúo Bianco- Pasqual, que ahonda en los símbolos lorquianos- la cárcel hecha por celosía de raigambre andaluza, los tonos negros/blancos, indicadores de la muerte, sólo rotos por la bandera encarnada, otra señal de la tragedia- completan la recreación del hábitat de los últimos momentos de Pineda. Todo ello, junto con la soberbia interpretación de los 11 bailaores, conforman la atmósfera de este drama de amor y muerte, basado en un hecho real, pero inmortalizado por la genial pluma de Federico García Lorca. La coreógrafa gaditana Sara Baras se atrevió con la heroína ajusticiada por bordar una bandera liberal, después de encarnar la torturada vida y mente de “Juana la Loca”. Este reto le ha valido el reconocimiento de crítica y público. De esta manera, los asistentes a la actuación de Baras en el Auditorio donostiarra, por obra y gracia de la Fundación Kursaal, no pudieron por menos que aplaudir con entusiasmo la iniciativa de la bailaora. Tanto aplaudieron que el telón se elevó un par de veces, para disfrutar de una propina del elenco artístico a ritmo de tacón. Todo por una mujer ejecutada injustamente, rea de amor.

Iratxe de Arantzibia





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