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Recordando a Diaghilev

Programa: “Homenaje a los Ballets Rusos”.
Piezas: “Pulcinella”, “L’Après-midi d’un faune”, “Le spectre de la rose” y “Bolero”.
Compañía: Ballet Biarritz.
Coreografía y dirección: Thierry Malandain.
Bailarines: Ana Ajenjo Soto, Véronique Aniorte, Giuseppe Chiavaro, Annalisa Cioffi, Frederik Deberdt, Gaël Dominger, Roberto Forleo, Cédric Godefroid, Amaya Iglesias, Mikel Irurzun del Castillo, Silvia Magalhaes, Magali Praud, Christophe Romero, Rosa Royo y Natalie Verspecht.
Música: Igor Stravinsky, Claude Debussy, Carl Maria Von Weber y Maurice Ravel.
Escenografía y vestuario: Jorge Gallardo.
Iluminación: Jean-Claude Asquié.
Lugar y fecha: Auditorium del Kursaal, 21-Abril-2004.

El Ballet Biarritz cuajó una brillante actuación en el donostiarra Auditorio del Kursaal en la reposición de su espectáculo “Homenaje a los Ballets Rusos”. Rememorando a la legendaria compañía de Serge Diaghilev –los Ballets Rusos-, el coreógrafo Thierry Malandain seleccionó cuatro piezas emblemáticas de su repertorio, a las que sometió a su tamiz de artesano y amante del ballet. Así, Malandain realiza una relectura de “Pulcinella” (1920) , “L’Après-midi d’un faune” (1912) , “Le spectre de la rose” (1911) y “Bolero” (1928). Dividido en dos actos, el espectáculo de hora y media de duración, sirvió para que los amantes del clasicismo balletístico se entusiasmaran con un montaje ya veterano, pero no por ello menos interesante, sobre todo, por la limpieza, rigor y precisión académica de los intérpretes del Ballet de Biarritz.

Comienza la velada con “Pulcinella”, obra basada en el héroe homónimo, interpretado por el bailarín donostiarra Mikel Irurzun del Castillo. Comedia de enredos a la italiana, surgida a raíz del descubrimiento de un texto inédito por el propio Serge Diaghilev, donde Pulcinella desata pasiones, provoca rupturas amorosas y tras una farsa sobre su muerte, el sainete termina con alegría y alboroto. Si bien cada intérprete metaboliza con precisión su personaje, destaca sobre todo la intervención del bailarín italiano Giuseppe Chiavaro en rol de un travestido Tartaglia. Histriónico, Chiavaro introduce algunos de los momentos más cómicos e hilarantes de la obra.

Más interesante resultó el trabajo de Christophe Romero en su recreación de un libidinoso fauno, en la pieza “L’Après-midi d’un faune”. Un fauno curiosea a un grupo de ninfas, con la suerte de que una de ellas pierde un foulard, convertido en el fetiche de las fantasías eróticas de éste. Sólo que, en esta ocasión, el velo ha sido sustituido por una higiénica caja de kleenex. Romero es la viva imagen de la voluptuosidad, que unida a movimientos sinuosos, crean el ambiente sensual y sexual propicio para esta pícara pieza. Por su parte, “Le spectre de la rose” fue la obra más redonda del espectáculo, un dúo, nuevamente, con el espléndido Giuseppe Chiavaro, en el papel del espíritu de la rosa platónica.

Rotunda, contundente e intensa a la par que la música de Ravel, in crescendo, la lectura de “Bolero” realizada por el coreógrafo francés en nada respeta el argumento original. Encerrados en una inmensa jaula, los doce bailarines de la compañía gala, enajenados por el creciente ritmo de la obra de Ravel, luchan por superar las barreras físicas de esa cárcel, bailan en un espacio relativamente reducido para el elenco al completo y, en ocasiones, desfilan como autómatas en busca de la superación de sus cadenas. La conquista de la libertad se convierte en la esencia de la obra, al buscar los bailarines esa ruptura con el tempo musical en un buscado símbolo de su ansiada liberación. Pieza de gran expresividad corporal, sin duda, un final rotundo a la velada.

“Homenaje a los Ballets Rusos” es el espectáculo-tributo que un gran amante de la danza clásica, el coreógrafo Thierry Malandain, construye, recordando a la célebre compañía liderada por Serge Diaghilev, a través de cuatro piezas emblemáticas de su repertorio. Con un lenguaje coreográfico académico, riguroso y límpido, Malandain redefine su universo creativo en la contemplación del patrimonio balletístico. ”Soy un coreógrafo ecologista, porque reciclo la obras”, diría, con su acostumbrada modestia, el creador francés. Guardar la esencia de “Pulcinella”, “L’Après-midi d’un faune”, “Le spectre de la rose” y “Bolero”, es el espíritu que ha guiado a Malandain en este magno montaje, que, en ocasiones, peca de reiteración en sus planteamientos coreográficos. Eso sí, se trata de piezas bailadas con precisión y rigor por una compañía en constante expansión. Satisfecho el público- las 1.800 localidades estaban agotadas-, los entusiásticos aplausos certificaron el acierto de la Fundación Kursaal, al programar este revival de las andanzas de los Ballets Rusos.

Texto: Iratxe de Arantzibia
Fotografía: Olivier Houeix

Anécdota para los amantes de la danza clásica: Curiosamente, los Ballets Rusos de Serge Diaghilev nunca actuaron en Biarritz, sin embargo, sí lo hicieron en una ocasión en Donostia-San Sebastián, además, se trató de un estreno. El Teatro Victoria-Eugenia acogió el estreno de “Las Meninas”, evocación de la España imperial en una pavana danzada por personajes inspirados en la pintura de Velázquez. El rey Alfonso XIII acudió ex profeso a la capital guipuzcoana para ver la representación que tuvo lugar el 21 de Agosto de 1916.





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