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Sapore di Italia
Programa:”Les Noces” y “Cantata”.
Compañía: Compagnia Aterballetto.
Coreógrafo y Director artístico: Mauro Bigonzetti.
Bailarines: Ashen Ataljanc, Alice Bellagamba, Adrien Boissonnet, Ina Broeckx, Vincenzo Capezzuto, Thibaut Cherradi, Macha Daudel, Dario Dinuzzi, Stefania Figliossi, Susanna Giarola, Valerio Longo, Amandine Mano, Francesco Mariottini, Lisa Martini, Walter Mattieni, Dejalmir Soares Melo, Béatrice Mille, Kihako Narisawa, Francesca Peniguel, Giuseppe Spota y Roberto Zamorano.
Música de “Les Noces”: Igor Stravinsky.
Música de “Cantata”: Grupo Assurd: Cristina Vetrone, Lorella Monti, Enza Pagliara y Enza Prestia.
Evento: XV. Festival Le Temps d’Aimer.
Lugar y fecha: Gare du Midi (Biarritz), 9-Septiembre-2005.
La decimoquinta edición del festival de danza “Le Temps d’Aimer” inauguró su extensa programación con la actuación de la formación italiana Aterballetto. La compañía del país transalpino deleitó al público congregado en la Gare du Midi de Biarritz, con la interpretación de dos piezas de corte diferenciado, firmadas ambas por el coreógrafo Mauro Bigonzetti (Roma, 1960). Basada en la obra “La boda” de Bronislava Nijinska, “Les noces” trata las diferentes fases de preparación de un matrimonio. De impecable frialdad, esta pieza ofreció bonitos momentos coreográficos en sus dúos y escenas corales. Por su parte, “Cantata” abandonó el plano conceptual para explorar la danza tradicional italiana, matizada con leves toques contemporáneos, y aderezada con canciones folclóricas del país transalpino, interpretadas en directo por el grupo Assurd. El resultado final fue un espectáculo de hora y media de duración que satisfizo al siempre agradecido público vascofrancés, que aplaudió en demasía a la compañía revelación en la última bienal de Lyon.
Fundada en 1979, la compañía Aterballetto fue dirigida por Amedeo Amodio, durante casi dos décadas. En sus orígenes, su repertorio se centraba en obras de Roland Petit, José Limón, Maurice Béjart, George Balanchine, Hans Van Manen o Kenneth McMillan, entre otros. Tras abandonar su carrera como bailarín, Mauro Bigonzetti retorna como director artístico y coreógrafo (1997) a la formación en la que bailó en su juventud. Sin embargo, en vez de repetir caducos esquemas, Bigonzetti apuesta por la renovación del repertorio –William Forsythe, Jirí Kylián, Itzik Galili, etc-, mientras que aporta el máximo de su creatividad a las coreografías que concibe él mismo para Aterballeto. A partir de ahí, puede hablarse de una compañía de autor, creada por el propio Bigonzetti a su imagen y semejanza. Esa estrecha relación entre el coreógrafo y director artístico de la formación y sus bailarines conforma la nueva identidad de Aterballeto, ese cambio de imagen que ha colocado a la compañía en la escena internacional. Parte de esa revolución consistió en materializar el deseo de Bigonzetti de crear una compañía de solistas. Así, cada uno de los veinte bailarines posee la formación técnica y destreza suficiente como para hacer gala de ese rango.
Comenzaba la actuación de Aterballetto con la pieza “Les noces” (Bigonzetti, 2002). El creador romano se había inspirado en la obra “La boda” (=”Svadebka”) de Bronislava Nijinska, estrenada por los Ballets Rusos de Serge Diaghilev, en el Teatro de la Gaîte-Lyrique de Paris (14-Junio-1923). Con música de Igor Stravinsky, el ballet original se dividía en cuatro escenas en las que se relataba el ritual matrimonial de la antigua Rusia campesina. Tanto en la música como en el desarrollo coreográfico, la pieza de Bigonzetti conserva ese halo de rito ancestral, de corte casi místico. Aparece a cada lado del escenario una fila homogénea: a la izquierda, un grupo femenino; a la derecha, uno masculino. Todos ellos están sentados en una especie de reclinatorios de aluminio que hacen las veces de sillas. En medio, una gran mesa metálica divide el mundo femenino del masculino. Los bailarines se mueven rítmicamente, como si fueran autómatas. Dan la sensación de masa anónima y, a veces, inquietante. Se suceden las escenas corales, en las que se entremezclan momentos anárquicos con danza pulcra y milimétricamente construida. Y dentro de esa frialdad buscada, emergen los dos pas a deux, interpretados con solidez por Macha Daudel y Roberto Zamorano (pareja principal) y Ashen Atalljanc y Walter Matteini (pareja secundaria). Son dos paréntesis a la masa coral y autómata. De esta manera, Bigonzetti reinterpreta “La boda” de Nijinska en su pieza “Les noces”, apostando por una impecable frialdad, la inercia del movimiento de la masa autómata, y ese aire de rito sacramental que lo imbuye todo, empezando por la propia música de Stravinsky. Y en medio de ese grupo anodino, sobresalen los dos solos de buena factura. Sin embargo, esta pieza adolece de falta de conexión con el público, dada la buscada asepsia de su puesta en escena y del desarrollo coreográfico.
Radicalmente opuesta a su predecesora, la obra “Cantata” (Bigonzetti, 2001) fue un deleite total, tanto para el público como para los propios bailarines. Lejos del corsé de la frialdad impuesta, los componentes de Aterballetto ofrecieron lo mejor de su calidad dancística en la segunda obra de la velada. Fresca y popular, “Cantata” es un canto a las raíces ancestrales, a la Italia rural, al sonido del Mediterráneo, construido como una especie de sesión de improvisación en clave de danza contemporánea, sobre la base de la música tradicional italiana. Las voces e instrumentos del grupo napolitano Assurd trajeron los sonidos, las canciones y los ritmos del folclore transalpino, a la Gare du Midi. Se percibe con claridad la libertad de los bailarines, quienes convirtieron el escenario vascofrancés en una gran fiesta popular. La diversión es la clave de “Cantata”, algo que otorga más libertad a los bailarines para dibujar movimientos improvisados, pero de gran calidad técnica y de gran calidez emotiva. Escenas corales, dúos, etc, todo con el sabor de Italia.
Aterballetto cumplió con creces su función de inaugurar la decimoquinta edición del festival “Le Temps d’Aimer”. Había mucha expectación por ver a la compañía que había sobresalido en la bienal de Lyon. Desde el ostracismo internacional, hasta su aterrizaje en la escena dancística mundial, la clave se encuentra en un solo nombre: Mauro Bigonzetti. Él recibió una compañía anodina y ha transformado ese ‘patito feo’ en un ‘bello cisne’. Y parte del hermoso plumaje del cisne fue el programa visto por el público en Biarritz. Si bien “Les noces” falló en la conectividad con el patio de butacas, esa faceta la suplió sobradamente “Cantata”, una pieza de color, sabor y ritmo italiano. Una delicia folclórica, bailada con gusto y devoción por la veintena de intérpretes de la formación transalpina. El resultado fue muy equilibrado: entre un antipasto de “Les noces” y un verdadero sapore di Italia de “Cantata”.
Iratxe de Arantzibia
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Iratxe de Arantzibia
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