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Verso de la modernidad
Programa: “Poeta en Nueva York”.
Piezas: ‘Obertura-poeta’, ‘Fábula y rueda de los tres amigos’, ‘Los negros’, ‘La aurora’, ‘Cielo vivo’, ‘En la cabaña del farmer’, ‘Muerte y ruina’, ‘El caballo’, ‘Vuelta a la ciudad’, ‘Cementerio judío (siguirilla)’, ‘Oda a Walt Withman’, ‘Huida de Nueva York (tanguillo)’, ‘El poeta llega a la Habana’.
Compañía: Compañía Rafael Amargo.
Coreografía, dirección y primer bailaor: Rafael Amargo.
Directora adjunta y primera bailaora: Olga Pericet.
Bailaores: Sara Campos, Jesús Córdoba, Daniel Doña, Carlos Elgueta, Marco Flores, Morena García, Yolanda Jiménez, Gemma Morado, Raúl Ortega, Carmen ‘La Talegona’.
Músicos: Edith Salazar (directora musical, piano y voz), Flavio Rodríguez (guitarra), Camarón de Pitita (guitarra), David Moreira (violín), Irapoân Freire (trompeta), Antonio Jiménez (cajón), Rodney D’Assis (percusión), Maite Maya (cante), María Carmona (cante) y la colaboración especial de María ‘la Coneja’.
Versos recitados por: Marisa Paredes, Cayetana Guillén Cuervo y Joan Crosas.
Lugar y fecha: Auditorio del Kursaal, 13-Octubre-2003.
El bailaor Rafael Amargo inauguró las veladas de danza de la Fundación Kursaal con su magno espectáculo “Poeta en Nueva York”. Inspirado en la obra homónima del granadino más universal, Federico García Lorca (1898-1936), Amargo construye un complejo montaje donde se entremezclan danza, música y poesía, en una brillante puesta en escena que habla del genio creativo de este enfant terrible del flamenco-fusión. Durante dos horas, doce bailaores se adueñan del escenario del Auditorio del Kursaal, convertido en un inmenso tablao, acompañados por siete músicos, cuatro cantaores y la voz en off de los actores Marisa Paredes, Cayetana Guillén Cuervo y Joan Crosas, recitando los angustiosos versos lorquianos. La sólida construcción del espectáculo, la originalidad creativa de la obra y la estupenda interpretación, tanto en el terreno de la danza como de la música, cosecharon un fulgurante éxito, materializado en el torrente de aplausos arrancados al emocionado público asistente.
El camino de Fuentevaqueros a Nueva York fue un revulsivo para la actitud vital de Federico García Lorca. Su estancia en EE.UU. (1929-1930) coincidió con el crack de la bolsa, primer indicio de la fragilidad del sistema capitalista. El poder del dinero, la esclavitud del hombre por la máquina, la injusticia social, la deshumanización son los ejes de la obra “Poeta en Nueva York”, donde el escritor granadino, a través de visiones cuasi-apocalípticas, expone la desazón- “Geometría y angustia”, diría el poeta- que le produce la Gran Manzana neoyorquina. Setenta años después, el bailaor y coreógrafo también granadino, Rafael Amargo toma el testigo de Lorca, adoptando una actitud relativamente iconoclasta con las raíces del flamenco. Si en su época el surrealismo y modernidad de “Poeta en Nueva York” representó una ruptura con la poética tradicional lorquiana, este montaje coreográfico abunda en las mismas características.
A principios de los 90, gracias a la labor de Antonio Canales y Joaquín Cortés, principalmente, el flamenco se quitó la imagen de arte caduco y rancio. Su propuesta- cada uno con sus propias peculiaridades- buscaba revitalizar la danza gitana, ahondando su maridaje con otros ritmos, sobre todo, los latinos y otros lenguajes coreográficos como la danza contemporánea. Aquello pareció una revolución: los puristas del flamenco pusieron el grito en el cielo, los abanderados de la modernidad aplaudieron la osadía y, en medio, el público volvió a llenar los teatros para ver espectáculos de flamenco, ya que, de nuevo, era muy chic aquello de las bulerías, seguirillas y demás palos del arte gitano.
Y ahora es el turno de una nueva generación de flamencos, cuyo representante más mediático, quizás sea, a tenor de su presencia en los papeles del colorín, Rafael Amargo. Independientemente de su conversión en un personaje rosa, al igual que su predecesor Joaquín Cortés, lo cierto es que Amargo aporta un cambio trascendental en la conceptualización del espectáculo flamenco. Moderno sin estridencias, el montaje de ‘sello Amargo’ se apoya en el lenguaje cinematográfico- una pantalla por decorado, donde se proyectan desde los títulos de crédito hasta imágenes de la Gran Manzana o actores declamando, bajo la dirección del cineasta Juan Estelrich- la música en directo donde se aúnan diferentes estilos (flamenco, jazz y ritmos latinos) supervisados por Edith Salazar y, sobre todo, el ingrediente principal: danza flamenca. La fusión del arte gitano con el lenguaje contemporáneo cobran carta de naturaleza en el vocabulario coreográfico del bailaor granadino. De líneas límpidas, Amargo conjuga con destreza la robustez y sensibilidad de los ’porte bras’ junto a la fortaleza de sus zapateados. De hecho, emplea el tacón como un afinado instrumento más del que obtiene una primorosa danza musical.
Un total de trece cuadros componen ese collage de visiones que es “Poeta en Nueva York”, donde el aspecto esteticista en ningún momento queda descuidado. La escena de la boda flamenca, la esclavitud de la bailarina- interpretada por Olga Pericet- dentro de la caja de música , metáfora del sometimiento del ser humano al sistema, la vitalidad y oxígeno del campo, el caballo- símbolo de la pasión desenfrenada- sublevándose a la tiranía de sus bridas, el angustioso retorno a la cárcel de los rascacielos y la liberación, la llegada a la Habana, representan grosso modo las escenas más inquietantes, sublimes y exquisitas de los 120 minutos de actuación. Secundados por diez bailaores, Rafael Amargo y Olga Pericet protagonizan el drama lorquiano, sin olvidar la intervención más que estelar de María ‘la Coneja’, representante de la sabiduría matriarcal del flamenco.
“Poeta en Nueva York”, inspirado en la obra del genial Federico García Lorca, es el inmenso espectáculo con el que Rafael Amargo volvió a recalar por estos lares, tras el estreno mundial de “Amor brujo” (Agosto 2003) dentro de Quincena Musical. Un extraño hilo conductor une los afanes creativos de ambos granadinos- Lorca y Amargo-: vanguardia, surrealismo y arte a raudales en el espíritu de estos dos payos con alma gitana (“Mi gitanismo es un tema literario y un libro” diría Lorca de su “Romancero gitano”, publicado en 1928). Mezcla de lenguajes- danza, música y poesía-, con un claro influjo cinematográfico, el montaje de Amargo muestra, una vez más, los derroteros por donde discurre el flamenco del siglo XXI. Bien planteado, correctamente aderezado en el plano musical y con una excelente interpretación dancística, “Poeta en Nueva York” está llamado a cosechar éxitos allá por donde recale. Homenaje al genio del poeta fusilado durante la Guerra Civil o reto creativo y coreográfico del bailaor granadino, lo cierto es que la inauguración de la oferta de danza de Fundación Kursaal no pudo ser más brillante, moderna y poética.
Iratxe de Arantzibia
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Iratxe de Arantzibia
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