VIII. Dantzaldia-Compañía Nacional de Danza- "Gwana" y "Herrumbre"
Dos Duatos y un estilo
Programa: “Gwana” y “Herrumbre”.
Compañía: Compañía Nacional de Danza.
Coreógrafo y Director artístico: Nacho Duato.
Bailarines Principales: Tamako Akiyama, Yolanda Martín, Luisa María Arias, Susana Riazuelo, África Guzmán, Dimo Kirilov, Ana María López, José Carlos Blanco, Gentian Doda, Isaac Montllor, Bruno Cezario y Jean Phillipe Dury.
Cuerpo de Baile: Lucía Barbadillo, Stephanie Dalphond, Kayoko Everhart, Ana Tereza Gonzaga, Christelle Horna, Marina Jiménez, Inés Pereira, Soojee Watman, Clyde Archer, Randy Castillo, Fabrice Edelmann, Amaury Lebrun, Stein Fluijt, Francisco Lorenzo, Mathieu P. Rouviere, Joel Toledo y Héctor Torres.
Música: Hassan Hakmoun/Adam Rudolph, Juan Alberto Arteche y Javier Paxariño, Rabih Abou-Khalil. Velez, Kusur y Sarkissian (“Gwana”)/ Pedro Alcalde y Sergio Caballero (“Herrumbre”).
Evento: VIII. Edición Dantzaldia.
Lugar y fecha: Auditorio del Palacio Euskalduna (Bilbao), 4-Noviembre-2007.

La Compañía Nacional de Danza (CND) inauguró la octava edición del festival de danza contemporánea Dantzaldia de Bilbao. El Auditorio del Palacio Euskalduna acogió la tercera participación de la formación dirigida por Nacho Duato en este vanguardista certamen dancístico. A diferencia de anteriores veces, la CND no tuvo la misión de clausurar la muestra -4ª y 5ª edición, años 2003 y 2004-, sino más bien la responsabilidad de inaugurar con categoría este festival de danza, que, año a año, va cogiendo más peso específico dentro la oferta dancística de otoño. Para la ocasión, el coreógrafo valenciano presentó un doble programa que permitió disfrutar de las mejores perlas estilísticas de Nacho Duato en dos de sus facetas creativas: el color y alegría mediterráneos frente a un durísimo alegato contra la tortura. Además, fiel a su principio de ofrecer sólo y únicamente estrenos estatales o, al menos, en País Vasco, Dantzaldia acogió la primera representación de “Gwana”, con la que la obra se incorporaba al repertorio de la CND y abría así la velada dancística. Mucho más intensa en el plano emocional, “Herrumbre” ocupaba la segunda parte del espectáculo, cuya duración rondó las dos horas. Hasta tres veces se subió el telón, gracias a los fervorosos aplausos de un público absolutamente conmovido y entregado, que, de esta manera, recompensó la magnífica labor de los chicos de Duato.
Si existiera una cualidad militante en el paisanaje, el natural de Valencia ejercería de valencianista. Pese a ser ciudadano de mundo y a haber recorrido todos los teatros del orbe tanto como bailarín que como coreógrafo, en ocasiones, a Nacho Duato le aflora sus cualidades valencianistas. El color y calor del Mediterráneo ya eran patentes en su opera prima “Jardi tancat” (1983), línea que fomentó en otras piezas como “Mediterrania” (1992). Por eso, este “Gwana”, estrenada por la Hubbard Street Dance Chicago en 2005, bebe directamente de esos efluvios tan cálidos del entorno del Mare nostrum. Con un collage musical plagado de ritmos subsaharianos, la obra carece de hilo argumental y se construye como una sucesión de escenas coloristas, que alternan grandes momentos corales y pequeños dúos intimistas. De esta manera, la conjugación de ambos elementos dota de dinamismo a la pieza, además de su colorida musicalidad. En el aspecto coreográfico, Duato hace gala de su buen tino a la hora de confeccionar dúos de gran belleza. En los momentos grupales, la inclusión de algunos cánones construye alguna de las escenas más efectistas. Especialmente sobrecogedor el instante en el que, todo sombrío, aparece el elenco portando lámparas que iluminan los claroscuros coreográficos. Como contraste a la colorida escritura coreútica, el vestuario de esta especie de divertimento opta por una paleta de tonos neutros, con la intención que sólo sea la danza el elemento predominante y que “Gwana”, nombre por cierto de los miembros de una serie de cofradías místicas musulmanas de origen subsahariano que emplean cantos y danzas rituales para alcanzar un momento de trance, no se convierta en un carnaval multicolor.
La veta más intimista y, en este caso, comprometida de Nacho Duato emerge en “Herrumbre”, estrenada por la CND en 2004 en el barcelonés Teatro del Liceo. Partiendo de la saturación informativa sobre el aparente caos de la humanidad –guerras, violencia y desastres-, el coreógrafo valenciano plantea un alegato contra la tortura, práctica lamentablemente extendida a nivel mundial, pese a atentar contra los derechos más elementales del ser humano. Dura, extrema, intensa, conmovedora, pero, sobre todo, con una altísima carga emotiva, la hora de duración de “Herrumbre” es un fuerte revulsivo para cualquier conciencia. El óxido del alma humana al descubierto sobre el escenario. Comienza la obra con un ensordecedor e insistente pitido, en una primera muestra torturante de lo que habrá de ser la pieza. Un panel móvil multifunción, con apariencia de valla de prisión, sirve para construir los diferentes espacios escénicos, en los que se recrean situaciones de tortura como la irregularidad del campo de Guantánamo, por ejemplo. En medio de tanto horror y crueldad, unos dúos líricos bien situados, atemperan la dureza generalizada de la obra. A ratos, incómoda, a ratos, bella, pero, sobre todo, intensa, la pieza “Herrumbre” es contundente en su negativa a la tortura. La escena final, con una pasarela de cirios encendidos sobre el alambre de espino –imagen de Amnistia Internacional- sintetiza el mensaje anti-tortura de Duato.
A estas alturas de la película, nadie duda de la calidad de los intérpretes de la CND. En medio de un clima dancístico reivindicativo en pro de una compañía clásica –deuda histórica en este país de tantos y tan buenos bailarines-, tampoco estaría de más saber valorar con justicia la aportación de Nacho Duato al panorama de la danza en España. Con sus luces y sus sombras, ciertamente, él es el artífice de esta gran compañía de contemporáneo laureada ya en los circuitos de danza mundiales. Diecisiete años avalan su trayectoria y han visto esa evolución del Ballet Nacional Clásico de España, hasta convertirse en la robusta CND. Más atinado en ocasiones, menos, en otras, Nacho Duato ha impuesto un estilo, una marca, una impronta diferenciadora y ésa es, ni más ni menos, que la calidad: danza contemporánea de nivel, hecha con seriedad y con buenos bailarines. Cuestión aparte es la disección de su estilo coreográfico, que bebe de sus variadas influencias en su formación y trayectoria como bailarín, pero que, sobre todo, tiene en el maestro Jirí Kylián a su principal valedor. Por la relevancia de la CND, mostrar en Bilbao este programa doble en su planteamiento temático, aunque único en su calidad dancística, ha sido una apuesta inteligente por parte del festival Dantzaldia. Así, inauguró con un clamoroso éxito su octava edición. Dicen que el público del Norte es frío, pero quien se aventuró a hacer esa afirmación, seguro que no estaba en el Auditorio del Palacio Euskalduna. Aplausos para los chicos de Duato, aplausos para el propio coreógrafo y para Dantzaldia, por dar la oportunidad al respetable de deleitarse con la buena labor de una compañía de categoría. Y eso que el asunto iba de ritmos subsaharianos y de tortura.

Texto: Iratxe de Arantzibia.
Fotografías: Fernando Marcos.
|