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37º Festival de Cine de Sitges,
SITGES 2004 - FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINEMA DE CATALUNYA
Desaparece el veterano Festival de Teatro de Sitges, pero el de Cine, que volverá pronto a octubre, consolida su apuesta por los más diversos aspectos del fantástico, el género en el que más pautas germinan de las que otros seguirán, por el apoyo de la industria catalana, y por una calidad que el público, renuente en parte de las jornadas y sesiones, no siempre (a)cata. La sección Noves visions, un zabaltegi del género, reemplaza definitivamente a Gran Angular, que sobresalía de él; el cine asiático se mantiene pero sin excesos, la programación se ha equilibrado, y persiste el empeño en complementar los títulos o nombres atractores con nutridas posibilidades para la sorpresa estética y la reflexión social y aun existencial... A partir de un palmarés inusualmente leído por el director del certamen, en nombre del jurado, presentamos una lectura transversal de lo que ha sido su 37ª edición.
· OLD BOY, de Park Chan-wook (Sección Fantàstic/Mejor Película, Premio de la Crítica), llegó con la vitola del Gran Premio del Jurado en Cannes, y revalidó con su violencia lírico-nihilista, en puridad no inserta en el fantástico, la querencia por las nuevas vías orientales, desde la rica atalaya coreana. Un tipo es secuestrado durante 15 años, sin motivo aparente, y luego liberado con dinero y un móvil por el que su torturador y demiurgo dirige su derrotero inesperable. Especie de Montecristo que sí consuma su venganza -tema recurrente de Park-, muestra una potencia e inventiva visual y narrativa primigenias, reinventando encuadres y pulsiones trágicas, a través de una atrocidad caótica que trasluce un romanticismo brutal, extraño, que superpone una catarsis amorosa a la impactante, terrorífica, lucha constante entre los tiempos y las éticas obsesivas de los antagonistas. Subyugante se acepten o no sus premisas.
· THE TASTE OF TEA (CHA NO AJI), de Katsuhito Ishii (Fantàstic/Mención especial Orient Express), es la típica película exótica, larga e inteligentísima de la que digo que es la mejor del año y que qué pena que no se estrene; pero Yi-Yi sí lo hizo, no desesperemos... Si esta no es excepcional en el cine nipón, ¡que nos traigan las demás! Una familia amplia, peculiar pero feliz, vive cerca de Tokio: un hipnotizador, una dibujante, un tío musical e inreenamorable... La mirada y la voz de una niña nos desvela la belleza serena y contemporánea de un grupo humano surrealista a veces, rarito las otras, entrañable a distancia, con el tiempo, el amor y otras universalidades rondando una coralidad servida por una mirada, la de Ishii, a la altura justa que deseamos ver.
· EL MAQUINISTA, de Brad Anderson (Fantàstic/Mejor Fotografía, Mejor Actor), es un producto de calidad internacional de la factoría local especializada, contraparte de ese fantástico castizo que no suele despegar, ni lo merece. Christian Bale es un operario que lleva un año sin dormir, y aunque Arthur C. Clarke, el autor de 2001. Odisea del espacio, tiene un cuento jolgorioso sobre esa barbaridad, aquí la idea es el mal rollo alucinado, sólo soportado por una camarera y una puta, que el insomnio provoca en un esqueleto andante. La retorsión mental de esa vigilia perenne, más allá de una lóbrega parábola de la explotación físico-laboral, en un ámbito industial tumefacto, desvela angustias existenciales claustrofóbicas y una pesadilla culposa que el giro argumental final decepciona, pero la corrosión queda...
· EL FANTASMA DE LA ÓPERA, de Joel Schumacher (Gala Especial), o sea la esperadísima versión del musical que ha difundido contemporáneamente la historia de Gaston Leroux que ya Lon Chaney en 1922 inmortalizó, o sea su explotación comercial en el momento adecuado, o sea un neopuccinismo broadwayano pegadizo y fuera de época musicalmente, reverdecido como sólo podía serlo, con unos actores-cantantes jóvenes y baratos y una ampulosidad visual gótica (lujo barroco, fantasía coreográfica, colores enfáticos), sin las tensiones tenebrosas que alejarían a un público familiar: decorativa, barroca, espectacular, en suma, algo despojado del último arrebato de un amor monstruoso y obsesivo, truculento, loco, celoso hasta la extenuación, O sea, un desperdicio, pues, esto no es, o sea...
· SKY CAPTAIN Y EL MUNDO DEL MAÑANA, de Kerry Conran (Inauguració), ha sido en la cartelera un meteorito de aleación aparentemente imposible: estrellas como la Jolie, Gwyneth Paltrow y Jude Law, más Laurence Olivier recreado digitalmente, como toda la escenografía de una trama retrofuturista que mezcla estéticas de los años 30, 40 y 50, trufadas de referencias cinéfilas, del primer King Kong a El mago de Oz, en un desborde imaginativo que no eleva a sus personajes del estatus de iconos-caricaturas de un tebeo de superhéroes clásicos (piloto, periodista, soldado), pelín maliciosos, frente a científico loco. Y sin embargo, aunque los efectos digitales y artesanos se coman las peripecias, en ese mundo imposible de aventuras soñadas no nos importa el ejército de robots que amenaza las urbes occidentales, sino el requiebro nostálgico –ese apastelamiento blanquinegro, ese flou constante...-, del constructivismo al kitsch, hacia un futuro sofisticado y apasionante que nunca pudo ser el nuestro, aunque sigamos soñando con paraísos nepalíes...
· Creep, debut de Christopher Smih (Cloenda), se presentó con honores de gala, pero no va más allá del susto claustrofóbico al que en el metro londinense se somete la más conocida actriz alemana, Franka Potente, con el previsible degenerado subterráneo acosándola, lejos de la vida que Cortázar imaginó en los subte... La cuota japonesa vino servida por el infaltable Takashi Miike, con su Izô (Mejores Efectos especiales), samurai legendario, y su participación en Three... extremes (Mejor Maquillaje), una de episodios truculentos, Vital (Premio Noves Visions), del radical Shinya Tsukamoto, aquí con inquietudes ultracorpóreas, y dos de Takashi Shimizu, Marebito, que protagoniza Shinya Tsukamoto, tal para cual, como fotógrafo macabro, y El grito, o sea su La maldición con pasta americana y nada más: así no se conquistan los imaginarios pero se llena el bolsillo. Y de Hong Kong llegó la trilogía Infernal Affairs, con un duelo en forma de superthriller urbano que Scorsese ya está adaptando.
· Estrenos catalanes fueron Sévigné, de la intrépida y voluntariosa Marta Balletbò-Coll, a partir de la homónima marquesa de grácil escritura, y Entre vivir y soñar, de Alfonso Albacete y David Menkes, blanda e inocua comedia a la busca de un amor preterido cuarenta años... Mucho más interesante fue la confluencia en Noves visions de tres falsos documentales, y sus distintas estrategias, convergentes en el cuestionamiento de los estatutos convencionales de la representación de lo real y lo narrativo, que la literatura también lleva tiempo mezclando, en una presunta nueva vía: CSA. Confederate States Of America, de Kevin Willmott, es la ucronía de qué hubiera pasado si los sudistas hubiesen ganado la Guerra Civil de EE.UU., rigurosa con su punto de partida; September Tapes, de Christian Johnston, tienta desde la cámara en primera persona y desde el argumento, un espontáneo reportero traumatizado por el 11-S que se adentra en Afganistán a la busca de Bin Laden, y acaba desvelando recursos de montaje vistos en The Blair Witch Project, e Incident at Loch Ness, de Zac Penn, que sí me pilló desprevenido, y es el más cinéfilo. Nada menos que Werner Herzog, santón del cine alemán más arriesgado, se dispone a filmar al bicho del Lago Ness, a ver, ¿cómo es esto? Es una verificación de las presiones comerciales sobre la autoría, y una insólita experiencia de la ironía llevada al límite, pero no el divertimento que puede parecer. Ay, esa autoconsciencia de los desdibujados límites entre ficción y realidad se echa de menos en tantos intentos de renovación...
· Animación
Lo mejor ha estado repartido, con dos occidentales de marionetas, Team America: World Police, de Trey Parker y Matt Stone, los creadores de South Park, que ahora ponen a caldo la política exterior de los EE.UU. con mordacidad desopilante, sus monigotes, mercenarios antiterroristas de beligerancia estupidísima, vencen al norcoreano maligno, y Strings (Mención Especial Mèlies de Plata), del danés Anders Rønnov-Klarlund, de un mayor clasicismo estético y hondura vital, en una propuesta insólita e iniciática cuajada de temas atemporales –amistad, traición, amor, aventura, viaje...-, y tres prodigios nipones: el último del maestro de la imaginación Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke...), Howl's Moving Castle, Steamboy, del creador de la seminal Akira Katsuhiro Ôtomo, epopeya maquinista en el Londres del siglo XIX, es decir estética retro de línea más bien clara, e Innocence: Ghost In The Shell 2, de Mamoru Oshii, futurismo cibernético fascinante y conspicua reflexión, descompensada entre filosofía y lances de la acción, sobre la identidad de las máquinas y en general de las representaciones, prolongaciones, humanas.
· Hubo además: la IV Conferencia Star Wars, feria mundial mitómana por excelencia, homenajes a John Landis, al sempiterno Paul Naschy y a Godzilla por su 50º cumpleaños, retrospectivas sobre la ciberrealidad y las beach movies surferas de los 60, clases magistrales de Landis y Guillermo del Toro, una exquisita selección de la crítica en la que el patriarca egipcio Youssef Chahine alternó con la penúltima de Kim Ki-Duk o la última de Asia Argento, la primicia del retorno del vitoriano Bajo Ulloa, Frágil, una fábula romántica sobre la honestidad rodada al margen de la rutina industrial, el primero de tres acercamientos a la Europa imaginaria, el geográfico, en el que clásicos infrecuentes como The Wicker Man (Robin Hardy, 1973), o cómo el paganismo también sacrifica a sus salvadores, se contraponen a boscosas perversiones rurales, inquietantes Gretel sin Hansel (Hotel, Jessica Hausner, 2004), o fábulas infantiles de extaños rituales (Innocence, Lucile Hadzihalilovic, 2004) premiadas en Donosti, donde ya vimos también Dead Birds, Saw, Zebraman, Hair High (XV Semana de Terror) o Code 46 (Mejor Guión y B.S.O., Mèlies de Plata), remontada por Michael Winterbottom tras varios festivales...
© Juan Miguel Perea Gassís
(Imagen: Fotograma de Old Boy)
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Juan Miguel Perea
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