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Cineclub Kresala: Otoño 2004 Udazkena,
El Cineclub Kresala inicia, con el ciclo de otoño que ha comenzado el lunes 4 de octubre (ejem, mi retraso se debe a los variados, consecutivos y/o encabalgados, que acumulo desde el pasado Zinemaldi...), su 32ª temporada. En este primer trimestre ofrece diez sesiones. Hay nada menos que cinco estrenos absolutos en San Sebastián, dos clásicos con inolvidables protagonistas femeninas, y tres repescas, relativamente recientes, de cinematografías periféricas (Argentina, Irán, Japón). En esta decena de títulos sobresale la variedad, tanto en los orígenes (con mayoría europea: Holanda, Alemania, Francia, España, Italia...) como en las temáticas, géneros y tratamientos: un documental insólito, dramas desaforados o líricos, incursiones en el fantástico ambiciosas o arriesgadas, etc...
El cinéfilo conspicuo estará deseando pasar a leer la relación de títulos, y deducirá inmediatamente el alto interés del conjunto. El que no controle algunos de los títulos puede confiar en descubrir cine extraordinario, que ha pasado hasta tres filtros antes de llegar a esta selección. Mis recomendaciones particulares, de todos modos, combinando calidad, sorpresa y rareza de oportunidades, y para quien no pueda ir a todas las sesiones, incluyen El color del paraíso, Audition, El mundo de Marty, El descubrimiento del cielo y La voz de la montaña.
En el cuidado apartado de clásicos, están una de las primeras obras de Pasolini, postneorrealista podríamos decir, con una Anna Magnani magnífica, y una joya absoluta, una de las dos mejores películas de uno de los cuatro mejores directores japoneses, el genio aún pendiente de reconocimiento general que fue Mikio Naruse. De él ofreció el Festival donostiarra, en su edición de 1998, su retrospectiva más completa posible; de sus aproximadamente 75 títulos, se conserva una cincuentena (algunos habían sido descubiertos y/o restaurados poco antes de ese año), de los que llegué a ver la mitad, con creciente admiración y fascinación. Bueno, para ditirambos, los de Miguel Marías: Hay que correr detrás del primer Naruse que se ponga a nuestro alcance porque es uno de esos cineastas que cambian nuestra idea del cine. (...) La voz de la montaña me parece tan buena como las mejores películas de Mizoguchi, Ozu, Ford, Chaplin, Dreyer, Renoir o Hitchcock, es decir, comparable a las más grandes de la historia del cine. Sobre ella, que protagonizó la actriz favorita de Ozu, Setsuko Hara, y que será la que cierre el trimestre y el año 2004, ofrecemos más abajo su sinopsis y extractos de un artículo de Mario Nakazato.
PROGRAMACIÓN - EGITARAUA
Todas las sesiones: Sala Arrasate (Arrasate, 12), Donostia, 19:30.
Todas las proyecciones serán precedidas por una presentación y seguidas por un coloquio.
• Octubre 4 Urria
LA CIÉNAGA, de Lucrecia Martel (2001).
• Octubre 11 Urria
EL COLOR DEL PARAÍSO (Ranghe khoda), de Majid Majidi (1999).
• Octubre 18 Urria
AUDITION (Odishon), de Takashi Miike (1999).
• Octubre 25 Urria
***** Estreno *****
VIAJE A NARRAGONIA, de Germán Berger (2004).
• Noviembre 2 Azaroa
***** Estreno *****
EL MUNDO DE MARTY, (Le monde de Marty), de Denis Bardiau (2000).
• Noviembre 15 Azaroa
***** Clásico *****
MAMMA ROMA, de Pier Paolo Pasolini (1962).
• Noviembre 29 Azaroa
***** Estreno *****
EL CAMINO MÁS CORTO, (Zugvögel... einmal nach Inari), de Peter Lichtefeld (1998).
• Diciembre 13 Abendua
***** Estreno *****
EL DESCUBRIMIENTO DEL CIELO, (The discovery of heaven), de Jeroen Krabbé (2001).
• Diciembre 20 Abendua
***** Estreno *****
EL ADVERSARIO, (L’adversaire), de Nicole García (2002).
• Diciembre 27 Abendua
***** Clásico *****
LA VOZ DE LA MONTAÑA, (Yama no oto), de Mikio Naruse (1954).
Sinopsis: Shuichi, hijo de Shingo, un próspero hombre de negocios de Tokio, vive con sus padres y su esposa Kikuko en una confortable casa de Kamakura. Shuichi trabaja en la compañía de la que su padre es ejecutivo, por lo que acuden juntos a trabajar en tren. Por las tardes, sin embargo, se queda a menudo en la capital, bebiendo y divirtiéndose con su amante. Su esposa aguarda pacientemente su regreso, cuidando de sus parientes políticos hasta su llegada a altas horas de la noche. Shingo, hombre sabio y de talante moderno, es consciente de los desenfrenos de su hijo y compadece a la solitaria Kikuko.
Se basa en una novela de Yasunari Kawabata: Me encantan las novelas de Yasunari Kawabata, por lo que propuse ésta a la productora Toho. Pienso que la historia capta realmente uno de los temas de Kawabata –el del padre y la nuera– con gran eficacia. Siempre ha sido una de mis películas favoritas (Mikio Naruse).
Naruse, una influencia determinante en cineastas orientales contemporáneos, como Edward Yang y Hou Hsiao-hsien [del que Kresala ha estrenado en sus últimas temporadas sendas obras maestras, Yi-yi y Millenium Mambo], se inició como asistente de Heinosuke Gosho, en los estudios Shochiku, durante el período mudo, y tuvo sus primeros éxitos como director en la década de los 30. Pero fue recién a partir de los años 50, en una serie de melodramas para la compañía Toho, cuando alcanzó su verdadera culminación. Autor de sutiles transposiciones de la literatura de Fumiko Hayashi y Yasunari Kawabata, Naruse se convirtió también en el creador de varias de las más legendarias estrellas femeninas del cine japonés, las actrices Hideko Takamine, Isuzu Yamada y Setsuko Hara. Con ellas como estandarte, Naruse retrató el desmantelamiento de la familia patriarcal japonesa y el malestar conyugal, siempre desde el punto de vista de la mujer.
Charles Tesson destacó un rasgo excepcional de Naruse, que lo acerca al por otra parte muy distinto Mizoguchi. Se trata de una obstinación, una fortaleza pasmosa que proviene de lo que denominó ‘una certeza mizoguchiana’: partir de que el ser humano es una criatura deseante. Y el deseo en Naruse, aunque no se eleve a las cumbres y estallidos (criminales o sacrificiales) de Mizoguchi, es el motor imparable de sus protagonistas, usualmente mujeres.
En su obra cumbre, la inolvidable La voz de la montaña (Yama no oto, 1955), basada en una novela de Kawabata, Setsuko Hara es otra heroína que surca la película con una determinación pasmosa, entre el desdén de su marido y el amor contenido de su suegro. Describir las implicacioness de algunas escenas de ese film nos tienta, pero nos llevaría mucho más desarrollo. En una, una anciana ronca junto a su marido insomne y la joven permanece despierta en la habitación contigua, con su esposo ausente. En otra, la pareja mayor y su nuera se sientan juntos y aprecian una máscara noh que representa un niño. A diferencia de Ozu, que asistía al derrumbe de los vínculos tradicionales con una mezcla de tristeza y aceptación, en Naruse hay tensiones que lo distancian del apego a muchos lazos antiguos, y que lo marcan claramente moderno en su tendencia a romperlos conscientemente. Un shamizen, ese instrumento de cuerdas que se tañe insistentemente en sus películas, es tan útil para cantar melodías ancestrales como para convertirlo en dinero en la tienda de empeños. La máscara noh de La voz… puede ser un portento de belleza o, al decir de la anciana señora Ogata, esa ‘cosa escalofriante’. Sensibilidades y sentimientos que cambian como las nubes; un orden sigue a otro para soportar la vida, esa cosa difícil que sigue su curso. Jamás cede Naruse a la pacotilla del neorrealismo paternalista. Para sus personajes se trata de sobrevivir manteniendo una integridad psicológica y ética. Nada fácil, incluso cuando la supervivencia física parece un poco más asegurada.
Juan Miguel Perea
(Imagen: fotograma de El color del paraíso)
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Juan Miguel Perea
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