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Dossier CINE TURCO. 1. La recepción del cine turco en España,
(Con la colaboración del Instituto Cervantes en Estambul)
Hace poco más de un año tuve ocasión de preguntar a un grupo de alumnos turcos del Instituto Cervantes en Estambul qué películas españolas o hispanoamericanas recordaban haber visto en los últimos tiempos, y varios de ellos coincidieron en citar Los otros, de Amenábar, Todo sobre mi madre, de Almodóvar, y Amores perros, del mexicano González Iñárritu, además de otros pocos títulos no compartidos. Una similar microencuesta local inversa, aun en el ámbito de un cineclub, limita los resultados del cine turco recordado a los éxitos recientes de Ferzan Ozpetek (reseñados en la revista Cervantes nº 6; el más conocido sigue siendo Hamam, el baño turco, de relativa actualidad gracias a su edición en DVD el pasado enero), y, para los cinéfilos más atentos, Lejano y los ya clásicos de Yilmaz Güney. Y no debemos olvidar que en España el imaginario cinematográfico de Turquía pasa inevitablemente por dos películas que, vía salas o televisión, lo han marcado para varias generaciones: la anglosajona El expreso de medianoche (1978; 3.479.282 espectadores), de Alan Parker, y la versión que infligió Vicente Aranda a La pasión turca (1994; 1.240.044) del ínclito Antonio Gala [por no remontarnos a Estambul 65 (Antonio Isasi, 1966; 2.711.723 espectadores) o a su secuela Destino: Estambul 68 (Miguel Iglesias, 1968; 594.686 espectadores), productos de consumo rápido, coproducidos con Italia, del subgénero de aventuras internacionales con reparto ídem]. Pero ¿qué se puede esperar en un país cuyo segundo portal de internet más visitado dice en su sección juvenil que Si disfrutas con las películas turcas, la comida vegetariana y el jazz, eres todo un INTELECTUALOIDE?
Bien, en España, donde se le considera uno de los llamados cines periféricos, y se le asocia bien con los asiáticos bien con los islámicos, no existen muestras regulares de cine turco (las hay de cine alemán en Madrid, francés en Zaragoza, africano y asiático en Barcelona, etc.) como la anual de Estrasburgo –en 2004 la 16ª-, ni antologías encicloplédicas como la que el Beaubourg parisino ofreció en 1996 con motivo de la Europalia’97 que protagonizó Turquía (y tras la dedicada al cine armenio en 1993, con más de cien títulos en ambos casos), y quien hubiera querido abarcar en España lo máximo posible del cine turco en los últimos veinte años hubiera debido saltar de filmotecas a festivales, pasando por ciclos esporádicos. Lo que sigue, pues, es un intento sistemático pero no garantizadamente exhaustivo de reflejar la recepción del cine turco en España en las últimas décadas, desde el punto de vista del espectador y de la crítica.
· Algunos datos. El caso Lejano
La base de datos histórica ministerial de películas estrenadas en España tiene registradas, como producidas o coproducidas por Turquía, sólo siete. La primera fue Tarzán contra el Mau-Mau (Tarzan Istambulda, Orhan Atadeniz, 1954, sin datos de asistencia), y la siguiente La batalla del Khan, uno de los títulos alimenticios del veteranísimo Atif Yilmaz, que obtuvo 548.027 espectadores en 1974. En 1982 se estrenó El hombre león (Natuch Baitan, 1980; 116.701), una producción internacional –ahora diríamos deslocalizada- como lo fue en 1984 Yor, el cazador que vino del futuro (Antonio Margheriti, 1982; 152.166), aventura futurista con dinero noerteamericano y logística italiana. El cine turco de autor llegó a las salas comerciales con las dos obras señeras de Yilmaz Güney, Yol-El camino (Yol,1981; 234.393) y El muro (Le mur, 1983; 34.530), si bien esta última consta como francesa. Posterior en más de una década es En busca del cielo (Mustafa Altioklar, 1997), la primera coproducción real hispano-turca, con participación holandesa. Se estrenó en junio de 1998, pero no hay datos de taquilla. Protagonizada por Beatriz Rico, Ege Ayudan y Okan Bayülgen, está ambientada en el Imperio Otomano del siglo XVII, y trata de los pioneros esfuerzos voladores de dos jóvenes atados por el corazón a una bella esclava. La construcción de una máquina voladora primitiva no era el tema más atractivo para la distribución, pero el guión era meritorio.
Y la última película turca registrada oficialmente es Lejano (Uzak, Nuri Bilge Ceylan, 2002), que continúa en explotación y ha tenido, hasta 14 de febrero último, poquísimos espectadores para su calidad, 12.542, a los que añadir los de sus pases en el último Festival de San Sebastián, donde recibió el Gran Premio 2003 de la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica, FIPRESCI. Además, los cuarenta críticos de cine consultados por la revista de cine más vendida en España la han considerado la 14ª mejor de las extranjeras estrenadas el año pasado. Lejano es una de esas pocas películas que cada década nos depara cuya visión lleva al extremo la emoción, la intuición y las senticiones; una obra maestra fascinante, triste e inolvidable, de nuestro tiempo, el que vuelve a permitir la inserción de un humor tenue y maravilloso en una radiografía de la ausencia melancólica, que opera por sostenidos contrastes: entre un fotógrafo maduro en crisis existencial, trasunto apenas disimulado del director, y su joven primo, ilusionado en la busca de un trabajo como marinero, entre una Estambul por una vez invernal y solitaria y la desolación de unos yermos pueblos de Anatolia, entre el Stalker de Tarkowski y un porno en el mismo vídeo del apagado salón, entre un hombre y un amor imposible que ya no necesita de muchas palabras, entre dos hombres y una casa, entre la lentitud y la sobria ligereza. Otros opinan que Su descubrimiento [de Ceylan] resulta uno de los más apasionantes del cine de los últimos años (...) Es una película de una restallante hermosura, pero también de una humanidad sobrecogedora, un recordatorio de que el cine, para nuestra fortuna, todavía esconde inmensos tesoros por conocer (Torreiro, M., en Fotogramas, noviembre 2003), o que el filme muestra una forma de concebir el cine cercana a ese cine reflexivo, ese cine del conocimiento que mantiene una actitud resistencialista –a favor del cine de autor- en el marasmo post-modernista contemporáneo donde predomina un cine de la sensación (...) Esa dimensión existencial es lo que eleva a Lejano a un valor universal, puesto que desde la minuciosa, incluso morosa, descripción de unos personajes concretos y espléndidamente dibujados, de un personaje problemático, nos conmueve con su retrato de la soledad, la desilusión, el fracaso o tal vez la desesperación (Monterde, J. E., en Dirigido nº 328, 2003).
En este repertorio tan limitado ya se apuntan tres tipos de películas: los productos de géneros populares, las obras personales de autores reconocidos, y las coproducciones que antaño buscaban sólo rodajes baratos y ahora parten de la propia realidad turca. ¿Y entonces, las de Ozpetek? Pues no figuran como turcas, sino como ítalofrancesas. En España Hamam-El baño turco (Hamam-Il bagno turco, 1997) tuvo 189.253 espectadores; El último harén (Harem soirée, 1999), estrenada en 2001, 31.311, y El hada ignorante (Le fate ignoranti, 2001) logró 71.737. Como referencia, en toda la Unión Europea, en la que las dos primeras sí figuran como coproducciones turcas, las cifras respectivas son 837.784, 319.556 y 1.513.433. La finestra di fronte (2003), su última obra, aún no se ha estrenado en España.
Veamos también, para situar en un contexto más amplio estos datos, que más allá de su frialdad son reveladores de tendencias, los europeos: según el Observatorio Europeo del Audiovisual, cuyas, en la UE se han exhibido desde 1996 un total de 75 películas producidas o coproducidas por Turquía; realizadas antes de 1991, sólo 3. De 22 de ellas, casi todas coproducciones, ofrece número de espectadores (las cifras son sólo orientativas, dados los diferentes criterios de los organismos suministradores, y las reales serían sin duda más altas). Dado que varias de ellas volverán a aparecer en este artículo, las relaciono todas, en orden decreciente: Hamam - El baño turco (F. Ozpetek, 1997; 837.784 espectadores), El último harén (F. Ozpetek, 1999; 319.556), Eskiya (Yavuz Turgul, 1996; 240.331), Propaganda (Sinan Cetin, 1998; 183.544), El polvorín (Goran Paskaljevic, 1998; 135.989), Kahpe Bizans (Gani Müjde, 2000; 90.732), Viaje hacia el sol (Günese Yolculuk, Yesim Ustaoglu, 1999; 51.645), Güle, Güle (Zeki Ökten, 2000; 51.182), La propietaria (Ismail Merchant, 1996; 29.155), Vizontélé (Yilmaz Erdogan, 2000; 24.151), Lola und Bilidikid (Kutlug Ataman, 1998; 23.993), Mayis sikintis (Nuri Bilge Ceylan, 1999; 14.654), El muro (Le mur, Yilmaz Güney, 1983; 7.213), Dervis (Alberto Rondalli, 2001; 5.582), Omfavn mig måne (Elisabeth Rygaard, 2002; 5.252), Masumiyet (Zeki Demirkubuz, 1997; 2.909), Yara (Yilmaz Arslan, 1998; 1.486), El camino (Yol, Serif Goren, Yilmaz Güney, 1982; 1.151), La pasión turca (Vicente Aranda, 1994; 968), Ask Ölümden Soguktur (Canan Gerede, 1995; 261), Hollywood Kaçaklari (Muammer Özer, 1997; 94), Berlin in Berlin (Sinan Cetin, 1993; 46). Se puede observar que entre ellas hay películas (El polvorín, La propietaria o la misma La pasión turca) que no suelen considerarse turcas, pero aplazamos las consideraciones sobre nacionalidad cultural.
De esos 75 títulos, 29 son coproducciones con otros países (18: Francia, Italia, Grecia, España, Reino Unido, Suiza, Alemania, Suecia, Bélgica, Hungría, Dinamarca, Islandia, Rumanía, Chequia, Holanda, Serbia, EE.UU. y Austria), lo que ilustra mejor que nada la creciente internacionalización del cine turco. Y entre los 53 que no disponen de datos de taquilla publicados, y de los que en una situación cultural normal hubieran debido llegar en parte a España, encontramos títulos, y sobre todo nombres, importantes o muy representativos del cine turco, como los de Atif Yilmaz (Nihavend Mucize, 1997; Eylül firtinasi, 1999), Ali Özgentürk (Balalayka, 2000), Dervis Zaim (Tabutta Rovasata, 1996; Filler ve Çimen, 2000), E. Murat Aktas (Mumya Firarda, 2002), Ersin Pertan (Aci Gönül, 2000; Sarkici, 2000), Ömer Kavur (Akrebin Yolculugu, 1997; Melekler Evi, 2000), Orhan Ogüz (Cumhuriyet, 1998; Kara Kentin Cocuklari, 2000), Tayfun Pirselimoglu (Hiç bir yerde, 2002), o Zeki Ökten (Sürü, 1978).
· Ciclos
El madrileño Ateneo 1º De Mayo ha ofrecido a finales de febrero, dentro de sus ciclos de cine europeo, uno dedicado al cine turco compuesto por Hamam-El baño turco, El hada ignorante, Lejano y El barro (Çamur, Derviş Zaim, 2003), Premio Unesco en el último Festival de Venecia y que no tiene estreno previsto, que sepamos. Esa estructura, con dos títulos más populares y dos de autor, da la tónica de lo que sobre el cine turco puede hacer con los escuetos títulos en distribución, o la ayuda de la embajada, una organización privada. Pequeños ciclos similares se organizan irregularmente en distintas ciudades. Con más medios, la 11ª Semana de Cine Experimental de Madrid ofreció en 2001, como sección paralela, el ciclo Turquía. Una mirada al cine turco, con obras al margen del circuito comercial: cortometrajes y vídeos, videoarte, etc., de los años anteriores.
Institucionalmente, el acercamiento al cine turco pasa por el recuerdo de la Muestra de cine turco que programó en Madrid en 1993 la Filmoteca Española (personado en ella en febrero, no pudieron facilitarme el detalle de lo proyectado; las demás filmotecas españolas tampoco conservan datos históricos de programación o no los han proporcionado), en coordinación con la Universidad Autónoma de Madrid. Dos años después, el Ayuntamiento de San Sebastián, en su programación Nosferatu, dedicó un trimestre al ciclo Cine e Islam, que dejó varias de las escasas referencias bibliográficas en castellano sobre cine turco, del que se ofreció un solo título, Gizli Yüz (El rostro secreto, Ömer Kavur, 1991), con guión del famoso novelista Orhan Pamuk. Era el décimo largometraje de Kavur, que dio un nuevo aliento al cine de autor a finales de los años setenta, y una obra de madurez, situada en el espacio atemporal de un cuento oriental, con un dulce ritmo repetitivo y una magia subyugante. Se trata de una doble búsqueda iniciática, la de una bella mujer misteriosa en pos de un hombre que se desvanece en viejas fotos, y la del joven fotógrafo que le ayuda y ama en secreto. Llegados a un pequeño pueblo de Anatolia, las identidades se vuelven huidizas y nebulosas, el tiempo se dilata, las viejas casas ocultan secretos antiguos, la perseguidora se vuelve fugitiva y el pasado y los rostros que nos rodean guían las miradas hacia uno mismo.
· Festivales
Así las cosas, han sido los festivales cinematográficos, por su repercusión crítica y por su atracción ante el público, los mejores difusores del cine turco en España. En los últimos veinticinco años, raro ha sido el que no ha contado con su participación en alguna de las principales citas; de los 223 festivales celebrados en España actualmente, nos hemos centrado en los de San Sebastián, Valladolid, Valencia, Sitges o Gijón [aunque casi ninguno de ellos difunde públicamente los datos relacionados a continuación], a modo de viaje virtual por el tiempo.
En 1980, Hazal (Alí Ozgentürk, 1980) ganó el Premio Donostia para Nuevos Realizadores en el Festival de San Sebastián, que ese año no era competitivo. Un mes después, Valladolid dedicó su retrospectiva principal a Yilmaz Güney, con gran repercusión en el cambiante panorama político-cultural del momento. Se programaron el Retrato de Güney filmado por Hans Stempel y Martin Ripkens (1979), y los largometrajes Seyyit Han (La novia de la tierra, 1968), Aç kurtlar (Los lobos hambrientos, 1969), Umut (La esperanza, 1970), Agit (Elegía, 1971), Arkadaş (El amigo, 1974), Endise (Inquietud, Şerif Gören, 1974), Zavallilar (Los desdichados, finalizado por Atif Yilmaz, 1975), Sürü (El rebaño, Zeki Okten, 1978), y Dusman (El enemigo, Zeki Okten, 1979). Posteriormente, en 1983, apenas un año antes de su muerte, Güney presidió el Jurado Internacional del festival vallisoletano. Dijo entonces, en una entrevista: Para mí el cine es arte y lucha; es un arma para pelear contra la oscuridad, contra la represión y contra los múltiples muros que rodean al hombre y a los pueblos.
En 1982, Valladolid incluyó en la Sección Informativa Bir Günün Hikayesi (La historia de un día, Sinan Çetin, 1980). El mismo mes ganó en Valencia la Palmera de Bronce At (El caballo, Ali Ozgentürk, 1982). Ambos han sido dos de los mejores directores de los surgidos en los años ochenta, y fueron prontamente reconocidos en España. También en Valencia, cuyo certamen está especializado en el cine de los países mediterráneos, el año siguiente consiguió el Premio del Jurado el filme Derman (Remedio, Şerif Gören, 1983), que abordaba la rebelión de las mujeres contra la dominación machista en los pueblos de Turquía. Nuevamente en Valencia, en 1987 el cine turco logró otra Palmera de Bronce con Anayurt Oteli (Anayurt Hotel, Ömer Kavur, 1986).
En San Sebastián, en 1987, participó en la Sección Oficial Yer Demir Gök Bakır (Tierra de hierro, cielo de cobre, Ömer Zülfü Livaneli, 1987), coproducida con Alemania. Era el primer filme de Livaneli, y consiguió el Premio OCIC –Organización Católica Internacional de Cinematografía- a los valores humanos, por la sensiblidad poética con que nos es mostrado un mundo en el que la libertad, vista desde la opresión y el miedo, la tradición y un cierto sentido de lo trascendente aún tienen lugar. En un pequeño pueblo de las montañas de Anatolia, la gente espera la llegada del terrateniente que cada año viene a apoderarse del ganado y de las cosechas, que ese año han sido un desastre por los malos consejos del alcalde. Los campesinos recurren a Tasbash, el sabio del pueblo, que se enfrenta al alcalde, y empiezan a ver en él a un santo, papel que acaba aceptando; el alcalde, rabioso, organiza una lucha sin cuartel contra él. Tengo un vago recuerdo de esta película y de su fiereza, y al paso del tiempo es sorprendente su semejanza simbólica con la premonitoria Vreme cuda (Tiempo de milagros, 1990), del exyugoslavo Goran Paskaljevic, muy buen director, que también concursó tres ediciones después. Ahora bien, la llegada de un Mesías y la adoración subsiguiente que se vuelve contra él es un tema común a todas las culturas y épocas, como ya explicó Borges.
San Sebastián, 1988: Mushin Bey (Yavuz Turgul, 1987), título relevante de los ochenta, segundo de Turgul y como el anterior presente en la antología del Pompidou en 1996, fue galardonado con el Premio San Sebastián. Narra la aventura tragicómica del señor Mushin, empresario de música clásica turca, cuando conoce al cantante provinciano y popular Ali Nazik, que pretende ser representado por él, lo que finalmente acepta el señor Mushin, y compromete sus creencias más firmes para acabar en la cárcel... [por motivos académicos, no pude verla]
En julio de 1989, en el desaparecido Festival de Cine Europeo de Barcelona, se presentó informativamente –y sólo en dos pases- uno de los éxitos más considerables del cine turco-alemán, Yasemin (Hark Bohm, 1987-88), décimo largo de su autor, que giraba en torno a los conflictos de una joven turca de 17 años que vive inmersa en el clima hostil y racial de Hamburgo, manteniendo difíciles relaciones con su despótico padre y con un joven alemán. Su tono de denuncia estaba bien adaptado a una dramaturgia clara y moderna, que mostraba agudos contrastes socioculturales. En otoño, Valencia vio el triunfo absoluto del cine turco, con la Palmera de Oro ex-aequo para Sis (Niebla, Ömer Zülfü Livaneli, 1988), y la Palmera de Plata y el Premio de de la Federación International de Cineclubs para Uçurtmayı Vurmasınlar (Tunç Başaran, 1989)
En 1990 concursó en San Sebastián Butun Kapilar Kapaliydi (Todas las puertas estaban cerradas, Memduh Ün, 1990), undécimo filme de su veterano director desde los años cincuenta. Tras seis años de prisión por motivos políticos (un tema que ya era posible tratar), la joven Nil, intenta encontrar el rastro de su vida anterior, pero los valores de su generación han sido destruidos y olvidados debido a los radicales cambios políticos y sociales; ahora nada es lo mismo... La actriz Asli Altan dota de intensa expectación y pesadumbre su devenir, y domina la pantalla casi en todo momento, hasta identificarse su imagen con la de la película como conjunto, una estimable puesta en cuestión de la evolución ideológica de la generación anterior. En Valladolid, Karartma Geceleri (Noches de toque de queda, Yusuf Kurçenli, 1990), otro acercamiento a los problemas políticos turcos, compartió el Premio Especial del Jurado con la chilena La luna en el espejo, de Silvio Caiozzi. Y Valencia volvió ser territorio propicio para el cine turco: Berdel (Atıf Yılmaz, 1990) ganó la Palmera de Oro del Festival para su director, cuya carrera ha atravesado casi todas las épocas del cine turco.
A San Sebastián llegó en 1992 Langer Gang (Pasillos, Yilmaz Arslan, 1992), debut autobiográfico de producción alemana de Arslan, nacido en Kazanli en 1968, que fue recompensado con el Premio Nuevos Realizadores, el principal de la sección informativa Zabaltegi, por su recreación del tiempo que pasó en uno de los mayores centros alemanes de rehabilitación de niños y jóvenes con deficiencias físicas, que refleja como un ghetto de edificios y habitaciones uniformes en el que los problemas existenciales toman dimensiones insoportables, y la acción se concentra en los pasillos sin fin, que simbolizan el difícil camino hasta una vida autosuficiente. En Gijón, que en sus diversas reorientaciones como Festival siempre ha prestado atención preferente al público juvenil y aun infantil, ganó el Premio al Mejor Director Memduh Ün, por su multipremiada Zıkkımın Kökü (1992). Dos años después concursó allí Mavi sürgün (El exilio azul, Erden Kiral, 1993), coproducción con Alemania y Grecia, y séptimo largometraje de Kiral, un cineasta clave desde los años setenta. Narra la historia del periodista Çevat Sakir (1890-1973), condenado por un artículo de prensa a tres años de exilio interior en la república recién fundada por Atatürk, y cómo en seis meses de camino hasta su lugar de detino va reencontrándose con su pasado. Fue uno de los doce únicos filmes que vieron la luz pública de los 38 producidos en 1992, un año de transición, y el más costoso de la historia del cine turco hasta ese año (fue cofinanciado por el Ministerio de Cultura turco y por el fondo europeo Eurimages), y había ganado el premio mayor del Festival de Anatolia, el termómetro formal del cine turco. Lo recuerdo como un esfuerzo por aunar los parámetros formales estándares europeos con la impronta autoral, sobre todo en las interacciones entre el pasado recordado o revivido, en que los recursos cinematográficos dominan el espacio-tiempo, aplicando todo ello a una crónica que por su paradigma histórico servía de contrapunto político a la actualidad del país; con todo, una historia cuyo interés local era difícil de trasladar al exterior sin la hipertrofia emocional que aplica a las similares el patrón americano, con lo cual el problema estaba tanto en la propia película como en la inercia de los espectadores. En suma, una película que va más allá de la lección de historia pero que necesita un contexto al menos estilístico para ser bien comprendida.
Hubo que esperar hasta 1997 para volver a presenciar un filme turco en un festival, el de San Sebastián, que ofreció en Zabaltegi Tabutta Röveşata (Dervis Zaim, 1996), también triunfadora en el Festival de Anatolia, entre varios otros premios. En él, Mahsun es un vagabundo de un barrio de Estambul, que vive gracias a la ayuda de los pescadores, roba un coche, tiene problemas con la policía cada vez que luego se hurta uno, se encuentra con una prostituta drogadicta, tan solitaria como él, y hambriento roba un pavo real de unos jardines palaciegos, en fin, buen lío para un desdichado cuyas peripecias ciertamente se escapan de los lugares comunes estambuliotas que podría esperar el espectador occidental, pero a las que le sobran, acaso, un innecesario, a mi juicio, énfasis en lo mortecino y enfermizo, un mayor humor picaresco en suma. A continuación, en Valencia, proclive a estas duplicidades, Hamam, el baño turco obtuvo el favor y el Premio del Público, y Sener Şen el Premio al Mejor Actor, por Eşkiya (El bandido, Yavuz Turgul, 1996).
Los reconocimientos a actores turcos han sido, como se ha visto, menos frecuentes que los concedidos a directores; también ha sido poco imitada la participación de un cineasta turco en un Jurado, como lo fue Hulya Uçansu en Valladolid en 1998; lo cierto es que salvo en las citas mayores que vamos recorriendo los jurados de lo que en algunos sitios se plantea como eventos turístico-promocionales están trufados de gente del oficio famosa pero no innecesariamente al tanto de los últimos avances del lenguaje cinematográfico, por decirlo finamente. Bien, aun así en 1999 Propaganda (Sinan Çetin, 1999) ganó la Palmera de Plata valenciana, además de equivalentes en Shanghai, Amiens, Bastia..., pero tampoco fue adquirida por ninguna distribuidora, ni Güneşe Yolculuk (Viaje hacia el sol, Yeşim Ustaoğlu, 1999), Premio Especial del Jurado en Valladolid, que supuso en la crítica mundial una llamada de atención sobre el nuevo cine turco tan resonante como Lejano.
El director de esta última, Nuri Bilge Ceylan, presentó en 2000 en Valencia Mayıs Sıkıntısı (Nubes de mayo, 1999), la película que internacionalmente alertó sobre su talento –ya el mismo título es un homenaje a su adorado Yasujiro Ozu-. En ella, Muzaffer trata de rodar una película en el pueblo que le vio nacer. Sin embargo, el calor reinante y la particular manera de ser de sus habitantes, con pocas ganas de estresarse, dificultarán su labor... Es una clara candidata a ser repescada por filmotecas, ya que Lejano no ha triunfado entre el público.
Y ha sido el año pasado cuando en San Sebastián ese público normal ha respaldado calurosamente Wenn der Richtige kommt (Cuando llegue mi hombre, Oliver Paulus, Stefan Hillebrand, 2003), debut alemán de sus autores, que plantean modesta y brevemente la pequeña historia del amor imposible de Paula, una mujer de la limpieza en la treintena, de vida normal pero de carácter ingenuo y soñador, apasionada y aprisionada en su propio mundo, y que se enamora de un guardia jurado turco, confunde la cortesía con el amor, y con la fe ansiosa de un milagro fantasioso o simplemente irreal, va sin referencias a buscarle a Adana, a vivir la aventura de su sentimiento. Algo que contrasta con Gönderilmenic Mektuplar (Yusuf Kurçenli, 2002), presentada poco después en Valencia, y que al decir de un crítico espontáneo es un folletín sobre amores reencontrados y culpas sin expiar: Cem, un marino otomano, regresa a su ciudad natal tras veinte años exiliado por motivos políticos. Allí intentará recobrar su pasado y a su novia de juventud, ahora casada con otro hombre y madre de una hija, que podría ser la suya... una historia plañidera y muy, muy aburrida.
· Lo fantástico
Pero esa mala fama de aburrido, entre los desinformados, del cine turco hay que confrontarla con los nada desdeñables interés y entusiasmo que despiertan entre los aficionados más conspicuos al cine fantástico algunos productos turcos sin parangón local. En su propio y a menudo apasionado e insondable circuito, alimentado por los encuentros especializados y los prodigios cibernéticos, aparecen cosas como la vista en el Festival de Cataluña –Sitges- en 2001, Supermen Donüyor (Superman Turco, ¿?), de ¿?, una versión autóctona del mito del cómic, con efectos especiales consistentes en un airgamboy sobrevolando imágenes turísticas, y con la partitura original de John Williams y el tema principal de James Bond pirateados, o sea puro pasto de la psicotronía más desprejuiciada. Las delicias turcas de este segmento tan especial de degustadores, atentos a las ediciones videográficas de saldo y a piraterías varias, incluyen registros que raramente se hallarán en los catálogos oficiales: 3 Dev Adam (Three Mighty Man o El Capitan América y El Santo contra Spiderman, T. Fikret Ucak, 1973), Drakula Istanbul'da (Dracula in Istanbul, Mehmet Muhtar, 1953), Aysecik Ve Sihirli Cüceler Rüyalar Ülkesinde (Turkish Wizard of Oz, Tunç Başaran, 1971), Dünyayi Kurtaran Adam (Turkish Star Wars-The Man Who Saved The World, Çetin Inanç, 1982), que es supuestamente la primera película turca de ciencia ficción, y en realidad un refrito de bajísimo presupuesto sobre los temas de las películas hollywoodienses del género de la misma época, perpetrada por el actor, productor y director Çutney Atkin, una especie de Jackie Chan, que llega a insertar escenas completas del original de George Lucas, en un caso flagrante de intertextualización excesiva... Con robots de cartón plateado, espadas en forma de relámpago dorado, al final ese aprovechamiento ajeno que traspasa el ridículo acaba incitando una mueca de complicidad; o Görünmeyen Adam Istambul'da (The Invisible Man in Istambul, Lutfu Akat, 1955), Kilink Uçan Adam Karsi (Kilink vs. The Flying Man, Yilmaz Atadeniz, 1967), Satán (Seytan, Metin Erksan, 1974), la versión barata turca de El exorcista (1973), sobre la novela de William Peter Blatty, y de la que es plagio directo, y, finalmente, Turist Ömer Uzay Yolunda (Ömer the Tourist in Star Trek, Hulki Saner, 1973), sobre la que realmente no tengo palabras.
(Imagen: fotograma de Viaje hacia el sol, de Yeşim Ustaoğlu, 1999)
Juan Miguel Perea Gassís
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Juan Miguel Perea
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