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El cine del afuera: el espíritu del retrato (I),
· Qué: El cine del afuera: el espíritu del retrato. Obras de Magnus Bärtas y Johanna Billing
· Cuándo: 5 de septiembre de 2003
· Dónde: Sala Kutxa, c/ Arrasate 12, Donostia-San Sebastián
El pasado viernes tuvo lugar la primera jornada de las seis previstas del ciclo de vídeo El cine del afuera, en la Sala Kutxa de la calle Arrasate. Este ciclo está coproducido por la Asociación Cultural Donostiako Arte Ekinbideak (D.A.E.) y Arteleku, y coordinado por Peio Aguirre y Leire Vergara. Genéricamente, abarca tanto vídeos de artista (lo que solía llamarse videoarte) como documentales.
En el programa de mano, se dice que está orientado a mostrar ejemplos de una práctica videográfica destinada a captar el espíritu de la gente corriente, mostrando individuos, grupos y generaciones, rostros y ambientes. En definitiva, personas que nos llegan a mostrar los límites de la sociedad y de lo políticamente correcto. Esto es un falso silogismo. Sin necesidad de recurrir al tratado de lógica simbólica El juego de la lógica, de Charles Dodgson, profesor de lógica durante 47 años en Oxford y más conocido como Lewis Carroll, podemos evidenciarlo fácilmente: la premisa que falta es la gente corriente, los individuos, grupos y generaciones, rostros y ambientes, llegan a mostrar los límites de la sociedad y de lo políticamente correcto. Así sí tendría sentido la cita. Bueno, pues habrá unas personas que sí y otras que no, que no muestren tales límites. Si son gente corriente, yo diría incluso que la hipótesis más plausible es que precisamente no los muestren. Otra cosa, claro, es que los responsables del ciclo, o los realizadores elegidos, quieran mostrarlos; pero para eso tendrían que construir otro silogismo, para empezar.
Se añade que los artistas participantes en este programa nos ofrecen nuevas vías de narración donde el universo personal enriquece la representación de la realidad. Y ¿a quién no le apetece que le ofrezcan eso, justamente eso, en un mundo tan escaso de nuevas vías de narración, de universos personales y de representaciones de la realidad verdaderamente enriquecidas? A mis cincuenta mejores amigas y a mí sí, así que allá que fuimos.
El comienzo de la sesión estaba previsto a las 19:00. Por imponderables logístico-domésticos, llegamos a las 19:16, algo apurados por si nos habíamos perdido algo fundamental para el artículo en Donostilandia que ya avizorábamos. Pues no, estaban presentando el acto. Concretamente, Peio Aguirre hacía uso de la palabra, no supimos si desde las 19:00 o desde unos minutos más tarde. Bien, juraríamos que Peio Aguirre no ha presentado muchas sesiones o eventos en su vida: se le veía joven, y apoya esta hipótesis el hecho de que se callara, para dar paso a la proyección, a las 19:39. En ese lapso, diez de mis mejores amigas se fueron, dijeron que para chapas las de las cervezas que se iban a levantar por ahí. Las otras cuarenta y yo nos acordamos de una presentación artística a la que asistimos en el Palacio de Congresos Europa, de Vitoria-Gasteiz, hace una docena de años. En aquella ocasión, un presunto artista ocupó una hora pasada de nuestro tiempo para explicarnos muy minuciosamente cómo había hecho él mismo, con sus propias manos y aun con sus propios dedos, una especie de grifo que había montado sobre una especie de pedestal de no sé qué material, y que también había hecho él. O sea, nos contó su Descubrimiento de la Artesanía. En resumen, que la capacidad de síntesis, y el aligeramiento de lugares comunes discursivos en el arte contemporáneo, no es uno de los fuertes del tal Aguirre. Eso no quita para que él y Leire Vergara sean buenos programadores, lo que demostrará, o no, el transcurso del ciclo. Por cierto, el programa de mano cierra su texto introductorio con estas palabras: Al final, lo más importante, dejar hablar a aquel o aquella que en definitiva es el objeto o el sujeto de la narración. Y pasemos por alto que es una frase sin verbo...
Apagadas las luces, se proyectaron en primer lugar dos trabajos del sueco Magnus Bärtas, titulados Who is Zdenko Buzek? (8’, 2002) y Who is Eva Quintas? (9’40’’, 2003). Ambos forman parte de la serie Who is...?, en la que el autor parte de la cuestión ¿Qué puedo decir de una persona? Intuitivamente, podemos suponer que en diez horas pueden decirse más cosas de una persona que en diez segundos, o las mismas pero más prolijamente. En algo menos de diez minutos, la duración de estos trabajos -e inferimos que de los demás de la serie-, sin duda no elegida al azar, pueden decirse al menos unas cuantas. Bärtas no trata de agotar todo lo decible de sus personajes, pero el tratamiento impresionista y heterogéneo de las facetas que incluye de cada uno, para lo que se sirve de una voz en off femenina además de lo filmado por él o por su propio personaje (un artista croata, una gestora cultural canadiense), y de fotografías, recuerda a las enumeraciones borgianas, vocacionalmente representativas del infinito. Además, a mis cuarenta mejores amigas y a mí nos recordó al Cinémathon presentado hace otra década en Zabaltegi, y consistente en cinerretratos de un minuto de duración –creo recordar; se pasó una selección de los más de mil con que ya contaba el proyecto-. Así las cosas, puede uno considerar que la propuesta se justifica según sea mucho o poco interesante el sujeto retratado, o bien por el planteamiento general formal, la síntesis evocativa que supone, más allá de una realización sin extravagancias. Doce de mis mejores amigas consideraron que las estampas son tan viejas como Suetonio y sus Doce Césares, y que la imagen tipo reportaje no les añade nada, y se fueron.
A continuación compareció Johanna Billing, que también es sueca, y editora de música independiente, y presentó tres obras. Project for a Revolution (3’14’’, 2000) se inspira libremente en la secuencia inicial de Zabriskie Point, la película hippie de Antonioni; lo que allí era un mitin congestionado es aquí un aula en la que una serie de jóvenes está mirando las musarañas, con aire de que esperar a que llegue un profesor, o profesora, o bien de estar participando en un intento de batir el récord Guiness de duración de Concentraciones de Gente Estática. Los planos son medios y primeros, y alguno que otro general, el montaje en staccato. Llega otro joven, otea el ambiente y se da el piro. La creadora se refiere en su nota para el programa a la apatía y la indiferencia de una juventud que, en palabras de Guy Debord, ahora sólo existe para el mercado, etc. Este Debord fue el padre del situacionismo, ¿lo recuerdan? Y esto en publicidad quedaría dentro de las fórmulas abiertas o blandas: un elemento evocativo muy genérico y sugerente y un elemento escueto y contundente, por ejemplo un leopardo en plena carrera, un lema, La elegancia no tiene prisa, y abajo en pequeñito la marca de automóviles que corresponda. La gracia de la estrategia está en que la univocidad de la relación entre ambos elementos la construye el espectador, porque no es directamente deducible. O sea, otro falso silogismo, válido para ese discurso o para otra variante del Club de los Poetas Convalecientes.
Once de mis mejores amigas se inspiraron en el protagonista y se dieron el piro.
En Missing Out (4’47’’, 2001) también hay un grupo de jóvenes, tendidos a la pata la llana en el suelo blanco de una estancia blanquísima de altos techos y amplios ventanales, algo así como un loft de lujo o un antigua planta de despachos reconvertida en local de ensayos de danza contemporánea, por ejemplo. Los cuerpos tienen los ojos abiertos y de cuando en cuando se mueven un poco, sin desplazarse de su situación inicial. El conjunto está distribuido con muy diversas orientaciones del eje vertebral y a distancias discretas y sociales, o sea cada uno tiene su metro cuadrado, o metro y medio, vamos a ser generosos. Una cosa relajante, vaya. Sin embargo, ya al comienzo vemos que uno de los tumbados está inquieto y se remueve más en su sitio, cambia de postura a menudo, luego se levanta, va de un lado a otro, se asoma a la ventana, etc., y finalmente abandona el recinto. O quizá no está inquieto y eso sea lo que proyectemos nosotros en él, al inferir que él es El Inconformista, El Rebelde, La Excepción de la Regla, etc., y por tanto depositario de valores positivos en la medida en que no nos guste ser parte de ninguna pandaborregos. O sea, estamos ante otro estereotipo más de fondo; con una formulación visual muy solvente y una planificación, esta sí, sin fisuras, en eso nos recordó a Cube. Total, que a siete de mis mejores amigas les pareció que J. Billing está adecuadamente concienciada sobre las paradojas de la agregación y la integración sociales pero que sus metáforas visuales son un tanto simplotas, y nos dejaron.
Y el colofón del programa fue You don’t Love me yet (7’35’’, 2003). En él, asistimos a lo que parece una grabación en continuidad (podrían ser varias, ya se sabe que esto del montaje, tanto los visuales como los musicales, engaña mucho), en un estudio, de la canción homónima, de Roky Eriksson. Los intérpretes parecen adecuadamente concentrados, y no son malos músicos –tampoco nada del otro mundo-, pero no hubiéramos dicho que están traspuestos por una melancolía sentimental desgarradora, lo que hubiera correspondido al espíritu de la letra, de la letra musical, queremos decir. En eso nos recordó a la película de Isabel Coixet A los que aman. En compensación, el final del tema está prolongado sobre un ritornello continuo del estribillo hasta extremos desasosegantes, lo que le da una fuerte y acumulativa tensión emocional; en ese sentido nos recordó a la secuencia del ping-pong de 71 fragmentos de una historia de azar, un título poco visto de Michael Haneke y que en su pase en el Festival de Sitges desquició a más de uno, que no pudieron soportar esos cuatros minutos de peloteo continuo entre el que luego va a ser un asesino y una pared. A vosotros todo os recuerda a todo, nos dirán. Pues por supuesto. No podría ser de otra manera. No se puede vivir sin relacionar cosas con cosas. O sea, algunas cosas con algunas cosas; no es lo mismo. A lo que íbamos: el final del vídeo se solapó con la interpretación en vivo de ese mismo tema musical por parte del grupo Onddo, compuesto por tres instrumentistas, que desgranaron en el estrecho escenario de la sala esa sencilla melodía con mucha mayor prolijidad y reiteración aún que en el vídeo. ¿A qué nos recordó esto? Pues está claro: a Jesus’ Blood never failed me yet, la obra de Gavin Bryars (con la colaboración de Tom Waits) basada en la obsesiva cantilena que grabó a un vagabundo londinense, y que con sus 74 minutos fue un insólito éxito de ventas hace unos años. Otra calidad de hipnosis, sin duda.
Al finalizar el acto, se sirvió vino de crianza en vasitos de plástico, y el público asistente cumplió por fin los deseos de participación expresados reiteradamente por los presentadores, y departió y confraternizó amistosamente; o eso suponemos, porque mis diez mejores amigas -las que quedaron- y yo nos fuimos a cenar.
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Las demás sesiones del ciclo serán, siempre a las 19:00, el 26 de septiembre (Begoña Hernández, Sally Gutiérrez, Virginia Villaplana, Marta de Gonzalo y Publio Pérez), el 10 de octubre (Anri Sala), el 31 de octubre (Gitte Villesen), el 14 de noviembre (Carles Guerra) y el 15 de noviembre (Joaquín Jordá). En todos los pases de vídeo los artistas estarán presentes y hablarán sobre su trabajo. Recomiendo expresamente las dedicadas al albanés Anri Sala y a Carles Guerra, que presentará N de Negri, una amplia entrevista-abecedario con Toni Negri. Además, la obra de Joaquín Jordá es Númax presenta, que no ha vuelto a verse en Donostia desde el ciclo que Nosferatu dedicó a la Escuela de Barcelona. Es una cinta un poco plomo, o será mejor decir de presupuestos periclitados, pero la personalidad del irreductible Jordá valdrá la pena. Ánimo.
Juan Miguel Perea
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Juan Miguel Perea
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