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EN UN LUGAR DE ÁFRICA, de Caroline Link,



En un lugar de África (Nirgendwo in Africa)
Alemania, 2001.
Dirección: Caroline Link. Guión: Caroline Link, basado en la novela homónima de Stefanie Regina Zweig (Ed. Maeva). Fotografía: Gernot Roll. Música: Niki Reiser.
Intérpretes: Juliane Köhler, Merab Ninidze, Matthias Habich, Sidide Onyulo, Karoline Eckertz, Lea Kurka.



No puedo evitar, en este caso, la anécdota personal: mi abuela, una dublinesa que no desentonaría entre las anfitrionas de la última película de John Huston, The Dead, pasó también parte de su infancia en Kenia. Menos tiempo que los diez años de odisea de Regina, la protagonista de esta película, y veinte años antes, pero algunas cosas que cuenta son muy similares; claro que aquí no hay leones que se coman algún que otro nativo despistado que olvide subir a dormir a los árboles...

Se trata de un relato autobiográfico. La familia de Regina, Walter y Jettel Redlich, abogado y ama de casa, judíos alemanes, huyeron a Kenia en 1938. Él se anticipó y consiguió trabajo como encargado de una granja; la película arranca con el inicio del viaje de su mujer e hija. A ella, que proviene de la burguesía media alemana tradicional, le cuesta adaptarse a su nuevo entorno, además de no ser del todo consciente de los riesgos que corre el resto de su familia en la madre patria. Regina, por el contrario, descubre un nuevo mundo, idioma y costumbres, de la mano protectora del cocinero de la granja, Owour. Más adelante, tendrá un compañero de juegos, ya no tan inocentes al llegar la trémula adolescencia. Es en ella en quien se cruzan las culturas germánica, africana y británica, puesto que al estallar la guerra la colonia alemana es concentrada por el poder inglés local. En esa circunstancia, surge uno de los motivos del distanciamiento de los padres, cuya dificultosa relación en esos años constituye el otro polo argumental principal, con dos notables secuencias en que la expresividad se alcanza sobrepasando la narratividad convencional, sin que sean por ello expansiones formalistas. El reencuentro progresivo del matrimonio, y las dudas sobre el retorno a Alemania y la participación en su reconstrucción, mediante la judicatura ofrecida a Walter, cierran una historia cuya posible continuación pesimista sería Europa (Lars von Trier, 1991); pero no es el caso.

La narración, en general, se apoya con complacencia en la belleza de los paisajes y de los rostros, contrapunto de las tensiones de la pareja, y en una movilidad de la cámara sutil pero casi permanente, algo que también estaba en las anteriores películas de Link, no muchas, tres y casi siempre centradas en personajes infantiles o juveniles (Más allá del silencio, 1996, es la mejor de ellas). Ha repetido, respecto a la penúltima, Annaluise and Anton (1999), compositor y actriz, la estupenda Juliane Köhler –a quien pudimos ver en la insólita Aimée y Jaguar, de Max Färberböck (1999), sobre dos lesbianas en el Berlín de 1944-, que vehicula la mirada femenina de la propia película, balanceada con la de Regina.

Esa cámara acariciante sobre los espacios y la por momentos suntuosa imaginería plástica no dulcifican la verosimilitud sincera de las relaciones entre la familia, más allá de las fuertes tensiones a que se ven sometidas; el mantenimiento al trasluz de los acontecimentos en Alemania permite al equilibrio entre lo individual y lo colectivo ser emotivo para el espectador y dejarle margen para la reflexión. Olvidémonos de Meryl Streep y Robert Redford en las Sabanas: en 2001 se estrenó En una tierra salvaje (Bill Bennett, 2000), otro melodrama histórico-exótico, un triángulo sobre dos antropólogos neozelandeses, con pasiones y paisajes, pero sobre todo muy interesante, y apenas tuvo la resonancia que merecía. También la de Caroline Link es una propuesta que no casa con el modelo dominante del género. Confiemos en que gracias a su éxito crítico atraiga al escaso público primaveral...


Premios: · Oscar 2003 a la Mejor Película de habla no inglesa · Golden Lolas 2002: 5 Premios, incluyendo Mejor Película y Mejor Director · Karlovy Vary 2002: Premio Fipresci y Premio Especial del Jurado · Festival de Jerusalén 2002: Mejor Película


Juan Miguel Perea




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