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Gallito de pelea,

Título original: “Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más...”, Argentina, 1966. B/N.
Titulo español: “El romance del Aniceto y la Francisca”.
Dirección: Leonardo Favio.
Producción: Armando Bresky y Walter Achúgar.
Guión: Carlos Flores y Leonardo Favio
Fotografía: Juan José Stagnaro.
Montaje: Antonio Ripio y Armando Blanco.
Música: Antonio Vivaldi y los Wawancó.
Duración: 60 min.
Género: Drama.


FICHA ARTISTICA: Elsa Daniel, Federico Luppi, María Vaner, Edgardo Suárez, Cacho Mendoza, Joly Bergali, Lorenzo De Luca, Vivian Condu, Eduardo Vargas, Walter Sánchez, Mario Savino, Rafael Chumbita (voz en off).




Con la proyección de “El romance del Aniceto y la Francisca” (Leonardo Favio, 1966) sí que podemos decir que inicia realmente el ciclo Nosferatu dedicado a los argentinos Federico Luppi y Adolfo Aristarain y no la semana pasada con la proyección de “Un lugar en el mundo” (Adolfo Aristarain, 1992), si atendemos estrictamente al orden cronológico de realización.

Poco sabíamos de este título del cine argentino antes de su proyección en Donostia. Según nos comentaron, jamás fue estrenada en España y había dudas incluso en cuanto a su duración. Finalmente fueron menos de 60 minutos los que duró la que originariamente se tituló “Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más...” y que, por abreviar, es conocida simplemente como “El romance del Aniceto y la Francisca”. Cuenta que una forastera es vista reflejada en un cristal de la heladería La Portería por el ojo de halcón del buscavidas Aniceto, a la postre adiestrador de gallos de pelea. Sin más establecen una relación de amor en una casita humilde la aldea y rápidamente experimentan un proceso de degradación que termina por llevar al gallito a la caza de más gallinas.

Favio (en realidad llamado Fuad Jorge Jury) tan sólo ha logrado ver estrenadas en salas comerciales ocho de sus largometrajes, unos trabajos de “cine de autor” en cuyos títulos de crédito consta como director, guionista, compositor, actor…, y que manifiestan la dificultad de encasillar a este hombre polifacético que supo empaparse de las diferentes corrientes cinematográficas pero siempre lejos de convencionalismo y concesiones al cine al uso de su época. En Argentina es considerado un autor de culto, un “maldito”, alguien fuera de la tradición fílmica sudamericana. “El romance del Aniceto y la Francisca” sigue a “Crónica de un niño solo” (1964) y precede a “El dependiente” (1967), con la que cierra la trilogía.

La que nos atañe es una obra francamente curiosa, digna de ver, corta pero intensa. Con una historia que podía dar más de sí pero a la que el realizador Leonardo Favio quiere dejar en su lectura más desnuda y conceptual, dejando mucho espacio de especulación al espectador. Emplea con sencillez y aparente ingenuidad geniales elipsis y saltos narrativos para contarnos su historia. Detalles que, junto a su delicado sentido del erotismo, bien pudieran recordarnos al cine de la “Nouvelle Vague”. Pero por otra parte emplea recursos expresivos más propios del neorrealismo italiano, como es el caso de los planos largos que no terminan hasta que el personaje escapa del encuadre o se pierde por la línea del horizonte. También hay enseñanzas del cine de Buñuel en ese modo tan especial de retratar a los personajes anónimos -no por ello menos apasionantes- que destilan soledad y amargura y en la forma de emplear alegorías con los animales y las cosas. Esta película supone, a mi juicio, un alarde de técnica en el manejo de los recursos de luz y sombra y en la osada composición de los planos.

La interpretación del joven Federico Luppi es perfecta en su papel de Aniceto, el vividor, el del rostro imperturbable y pose chulesca que, desde luego, poco o nada tiene que ver con el Luppi que acostumbramos a ver en sus últimos trabajos. Y resulta ciertamente curioso escuchar la voz en off de Rafael Chumbita que parece ciertamente la de Luppi en cualquiera de los títulos emblemáticos de Aristarain. El duelo de mujeres entre la legítima Francisca (Elsa Daniel) y la inaprensible Lucia (Maria Vaner) se salda con grandes momentos como el de ese encuentro silencioso pero poderoso ante la fuente en el que se dice todo. Interesa comentar que Favio no carga de juicios morales a los personajes que muestra en el film, sino que estos muestran objetivamente un patetismo que cada uno debe valorar en su justa medida.

Ha sido una pequeña sorpresa esta película de Favio. Una grata experiencia que escapa del costumbrismo sudamericano y que, sin contarnos nada nuevo, aporta una nueva visión de lo importantes que fueron los años sesenta para el devenir de las sociedades modernas de los “países del primer mundo”, constatando que ni hemos avanzado tanto ni somos tan librepensadores como creemos.


David Román




David Roman Loinaz
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