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Sección Oficial: "Hana yori mo naho"
Humor amarillo
Título:"Hana yori mo naho"
Director:Kore-eda Hirokazu
Guión: Kore-eda Hirokazu
Intérpretes: Okada Junichi, Miyazawa Rie, Asano Tadanobu, Furuta Arata, Kagawa Teruyuki
Fotografía: Yamazaki Yutaka
Montaje: Kore-eda Hirokazu
Duración: 127 m.
País: Japón
Calificación: 5,5
"Hana yori mo naho", cinta del realizador nipón Kore-eda Hirokazu (Tokio, 1962), parte del esquema de un jidaigeki clásico- película de samurais- para poner en solfa todos los elementos característicos del género: desde un samurai protagonista nada heroico hasta el cuestionamiento del código de honor de los mismos –Bushido-. Partiendo de una leyenda clásica de Akou-Roshi, que narra la venganza de los 47 sirvientes leales (ronin), Hirokazu construye algo así como una anti-cinta de género. Según el libro de cabecera de todo samurai, “la vía del samurai reside en la muerte”, sin embargo, Soezaemon (Junichi Okada) incumple su misión de vengar la muerte de su padre, encargo recibido del clan Matsumoto. Ya en Edo (Tokio) se afinca en un suburbio en el que entabla relaciones humanas muy ricas y provechosas, al margen de la pobreza de su lugar de residencia. Una vez que encuentra al enemigo que mató a su padre, Jubei Kanzawa (Tadanobu Asano), se enfrenta al dilema de matarlo con honor y dignidad, cumpliendo así con su encargo, o dejarlo vivir, mientras construye su propia existencia lejos de códigos de honor vetustos. Si, en su tiempo, “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” (siglo XVII) constituyó toda una revolución por cuestionar todos los elementos de los libros de caballería, ésa es la motivación de "Hana yori mo naho", cuya intención es dinamitar la esencia del género jidaigeki. La mayor pega del filme es su excesiva duración, siendo posible eliminar parte del metraje sin alterar la idea original. No obstante, ofrece buenos momentos cómicos y, sobre todo, una música de estilo medieval muy pegadiza.
En una época en la que se ensalza el heroismo y patriotismo, "Hana yori mo naho" retrata al ser humano con sus virtudes y defectos: el miedo a la muerte, la obsolescencia de códigos de honor vetustos, la necesidad de la amistad...Por eso, Soezaemon se convierte en el anti-héroe de esta historia, un samurai que no sabe emplear una espada, que rehuye la lucha y que prefiere dedicarse a la docencia que a llevar a buen término su cometido (vengar la muerte de su padre). Además, se enamora de la viuda Osae (Rie Miyazawa), lo que hace que dedique más esfuerzo a la conquista amorosa que a su elevada misión vital. Lo más entretenido del asunto se centra en la media hora en la que los vecinos ayudan a Soezaemon a engañar al clan Matsumoto, haciéndoles creer que ha conseguido matar a Jubei Kanzawa. De esta manera, entre todos, llevan a cabo una treta sumamente divertida para que el anti-samurai quede libre de su mandato. Sin duda, la quinta cinta del director Hirokazu Kore-eda, primera dedicada a las películas históricas de samurais, es una buena muestra de cómo deconstruir un género, a base de humor, cuyo único lastre es su excesiva duración. Banzai para Kore-eda.
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Iratxe de Arantzibia
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