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LA PELOTA VASCA, LA PIEL CONTRA LA PIEDRA, de Julio Medem,
La pelota vasca, la piel contra la piedra
España, 2003.
Dirección: Julio Medem.
Música: Mikel Laboa.
Entrevistas adicionales: Ione Hernández y Maider Oleaga.
Dirección de producción: Koldo Zuazua.
Documentación: Maider Oleaga.
Sonido: Pablo Bueno.
Montaje: Julio Medem y Carlos Rodríguez.
LA PIEL
A la última película de Julio Medem se le acusó de bastarda por tener un padre causal erróneo -la desinformación inaguantable en vez de la violencia intolerable, pero ese otro hijo ya estaba escrito y será Aitor, la piel contra la piedra-, en su gestación le retiraron alimentos esenciales, justo antes de nacer se intentó que abortara, y al verle la cara han dicho que parece fea, que es tonta y que quiere ser mala. Y aun así la criatura está feliz, ha tenido más de cien mil visitas en sus dos primeras semanas, y ya la llevan a su primer viaje a los festivales extranjeros. Crece muy deprisa, y pronto la acompañarán sus más altos mellizos para televisión y para DVD, un libro y los foros de su página en internet, el frontón más universal (y más eficaz que el penoso debate que ofreció ETB ante su estreno).
La mayor parte de los lugares que sufren o han sufrido conflictos violentos no bélicos carecen de películas a la suficiente altura sobre ellos; el cine angloirlandés es la principal excepción. Aquí mismo, o se ha tratado en filmes sesgados (Días de humo), o ha nutrido tramas de cine de intriga (Ander y Yul, Sombras en una batalla, Días contados), o mayormente se ha eludido con la excusa inane de que hace falta la perspectiva del tiempo; pero no otro es el material del cine. Sólo a partir de Yoyes, El viaje de Arián o Asesinato en febrero se encara de frente lo más duro de sus consecuencias. En cuanto a la globalidad del asunto –su propia denominación y la de sus límites no es inocua-, mientras esperamos un buen análisis fílmico de lo más acuciante, los modos de reproducción y transmisión de la cultura de la violencia, Medem, que no es un politólogo sino un cineasta, reflexivamente rebelde, ha propuesto lo que se prefigura como un debate que por sí mismo o por su vehiculización (no sólo esta formulación cinematográfica, todas las apuntadas modalidades de una producción inteligente) apuesta por un diálogo abierto a cualesquiera ámbitos, no sólo los formalmente regulados, a los que una sociedad verdaderamente civil no puede limitarse, y que en último término, y a mi juicio, es un oratorio laico y polifónico sobre la tragedia de la sociedad vasca, sus antecedentes históricos y su íntima tristeza contemporánea.
A las intenciones dilucidadoras y catárticas de Medem se le pueden contraponer reproches a su resultado, sin duda; acaso su involuntario papel de pararrayos de la polémica ha desviado la atención del contenido y la forma de la película, y al mismo tiempo ha potenciado la comunitariedad (permítaseme) de su recepción; quiero decir que compartirla es un valor añadido y aun necesario a sus objetivos, sean por ello, o no, logrados. El principal que formulo es la inadecuada confusión entre el cauce metafórico, bellísimo y sobrecogedor, del vuelo de su mirada, y la superestructura mítico-ideológica manifestada, que no alcanza a rebatirse ni por la ajustadísima elaboración de las aportaciones ni por su contextualización (datos, iconografía, énfasis emocionales).
Pero esto no es nada si el resto consigue elevar los ojos de quienes por lejanía no otean todos nuestros horizontes. Decía el otro día Héctor Babenco que el cine no tiene un compromiso con la verdad, sino con la dramaturgia y con la ética del autor. La pelota vasca es consecuente en ambos aspectos. Es la mejor película que nadie más hubiera podido hacer ahora. No puedo dejar de sentirme agradecido, y humilde al escribir de algo tan difícil. Sólo puedo añadir la obviedad de que peor que un diálogo de sordos o de ciegos es el de los mudos. Sin palabras morimos.
CONTRA
El foro de la página web oficial de la película La pelota vasca ha acumulado hasta las 13:00 h. del domingo 23 de noviembre 8.296 mensajes, desarrollados a partir de 766 temas distintos. Cuenta con 560 usuarios registrados (también los no registrados, o invitados, pueden dejar sus mensajes). La variedad de tonos empleados en los comentarios es extremadamente variada, desde la imprecación más ominosa hasta la felicitación más ditirámbica. El grueso de ellos, sin embargo, expresa opiniones más o menos argumentadas sobre la película y/o sobre la política y/o la sociedad vasca y/o española, y sus historias respectivas, y/o sobre las violencias terroristas en relación con todo ello.
El propio Medem ha publicado 3 comentarios, uno inicial de bienvenida, otro que sintetiza tras varias semanas sus impresiones sobre la evolución del foro y su actitud hacia él, y una explicación del funcionamiento de la sección semanal, sobre temas concretos, FRONTONES Y PELOTARIS, recientemente abierta, y de la figura del PELOTARI EN EL CHAT, de los que se espera que lleguen a ser doce. Ambas secciones sumarán cerca de 300 minutos, casi el triple de duración de la película; Medem recuerda que se ideó desde un principio como un proyecto multimedia de documental del que, por orden de aparición, forman parte la película, esta sección de la Web, un libro, un DVD y una serie en 3 capítulos, y añade que aún seguiré buscando semanalmente más ideas de adaptación, o adecuación narrativa, con lo que surgirán otros montajes sobre la marcha. Quiero dejar claro que esto es un trabajo en equipo, como lo ha sido también la película.
Sin duda, este planteamiento deriva no tanto de la querencia del director por complementar la materialidad fílmica de sus obras (ha publicado al menos los guiones de Tierra y de Lucía y el sexo, algo relativamente habitual) como de la naturaleza del contenido de la película, y de la búsqueda de la adecuación de los diversos formatos previstos a públicos complementarios, no suplementarios; la incitación al diálogo es explícita en el foro, un canal a su vez complementario de los diálogos personales directos, y que no está libre del ruido comunicativo de otros canales pero supone un modo pionero en nuestro entorno de movilizar opiniones y extender un trabajo basado en la libre expresión de la palabra.
Inspirándome en ello, he compuesto una especie de miniforo a partir de diversas críticas cinematográficas, declaraciones y artículos de opinión publicados en varios medios de comunicación a lo largo de los dos meses transcurridos desde mediados de septiembre a mediados de noviembre. No es un dosier ni es exhaustivo, pero quiere recoger los principales argumentos que se han utilizado a favor y en contra de la película. Son piedras que se han lanzado, por encima y por debajo de la chapa, y que rebotamos.
LAS PIEDRAS
Todo lo que ha ocurrido alrededor de esta película ha rebasado lo imaginado, tanto lo idealmente soñado como lo temido en las peores pesadillas. Se sale por arriba y por abajo, por un costado y por el otro. Para mí está resultando abismal.
Esperaba que se apreciara y valorara el lenguaje de la película, que me ha costado muchísimo y del que me siento muy orgulloso. Tiene un trabajo de montaje muy interesante, ha sido muy fascinante. He probado muchas cosas.
Veo a cualquier persona con más derecho a opinar antes que a mí, ya que la película (y todo el tema social del que de ella se deriva) una vez en las salas de cine ya pertenece a los espectadores.
En Euskadi, ser de izquierdas y no ser abertzale, o no ser todo lo abertzale que otros quisieran, te deja sin sitio.
Yo he participado de esa cultura del odio y es muy peligrosa, porque no se puede odiar un poco. El odio radicaliza y te lleva a límites injustos.
La única esperanza que me queda es que los socialistas gobiernen y cambien su política en el País Vasco.
Al menos hay dos corrientes: la nacionalista vasca y otra más social y de izquierdas que también es vasca pero que quiere claramente estar integrada dentro de España. Ambas deben estar unidas.
(Julio Medem, cineasta y autor de La pelota vasca)
No creo que La pelota vasca de Julio Medem tenga como objetivo oculto ni siquiera como efecto involuntario la justificación del terrorismo etarra en el día de hoy.
La obcecación de los que siguen insistiendo en la lucha armada queda puesta en evidencia en el documental.
Realmente, La pelota vasca constituye un alegato más bien en contra del diálogo que a favor, por lo inútil que evidentemente resulta yuxtaponer opiniones contradictorias mientras se mantiene como telón de fondo una realidad que por lo visto es inmune a cualquier transformación política o social.
‘Dialogar’ no creo que sea repetir por enésima vez lo del choque de trenes (...): pero sí ésa es la disposición dialogante, entonces tienen razón quienes aseguran que algunos no queremos dialogar.
(Fernando Savater, filósofo)
La pelota vasca es un filme ciento por ciento de autor, donde reaparecen los mismos fantasmas, las mismas obsesiones y maneras de los anteriores filmes de la intensa filmografía del autor de Vacas.
(José Enrique Monterde, crítico de cine)
La pelota vasca es mucho más que una película imprescindible: es un necesario servicio social.
Muchas de las críticas que ha recibido el filme tras su pase en San Sebastián parecen pedirle al director una amplitud de diagnóstico, una clarividencia que no ya Medem, sino nadie es capaz de articular para dejar a todo el mundo contento.
(Mirito Torreiro, crítico de cine)
La condena de la violencia en este filme es clarísima, y la defensa de las tesis constitucionalistas queda perfectamente resuelta.
... la concesión de un gran cineasta a la monotonía moral de una sociedad vasca que ha interiorizado este discurso tan endeble y repetitivo.
Son pocos, al final, y cortos, los testimonios en este docuemental que iluminan de manera novedosa los recovecos de los diversos, en plural, conflictos vascos.
Corremos el riesgo de estar construyendo una falsa Ciudad Vasca, erigida sobre un lago de sangre que terminará por anegarnos, levantada sobre el falso mito de las soberanías originarias e ilimitadas.
(Borja Bergareche, abogado)
Medem no se ha colocado en la sima entre dos montañas, sino en un no-espacio, fuera del espacio público institucional de la democracia, único en el que es posible el diálogo (...), si quiere este término dejar de ser una palabra vacía y simplemente estética en el peor de los sentidos.
(Joseba Arregi, político)
Las palabras de Daniel Múgica en la película valen más que las de todos los políticos.
(Carlos Garaikoetxea, político)
La película está escorada hacia una posición política o una forma de interpretar lo que sucede en Euskadi.
El principio de la democracia es que cada uno pueda opinar lo que crea conveniente sobre cada cosa y que nadie pueda juzgar su opinión; a partir de ahí, seguro que esta sociedad es más feliz, y la democracia más perfecta.
(Eduardo Madina, víctima de ETA)
La hegemonía social del paradigma nacionalista hace que cualquier intensidad de manifestación de lo vasco se considere moralmente justificada y disculpable, mientras que esa misma intensidad, cuando proviene de los no nacionalistas (o del nacionalismo español) se perciba como cerrazón, imposición o abuso intolerable. Por injusto que ello resulte, esta falta de equilibrio en la percepción de la realidad es un hecho: Julio Medem es un perfecto ejemplo de ello.
Si el constitucionalismo pretende generar realmente una mayoría social alternativa a la nacionalista, la forma más segura para fracasar en ese intento podría ser espantar a fuerza de críticas al electorado que suele calificarse como equidistante. Es duro reconocerlo, pero en ciertos ámbitos se está generalizando un discurso de deslegitimización del nacionalismo vasco tan tosco e hiriente que no tiene nada que envidiar a algunas soflamas abertzales. Con la diferencia de que a éstos se les perdona el exceso, a aquéllos no. Y, sobre todo, que así sólo se consigue que Julio Medem vote a Ibarretxe.
(José María Ruiz Soroa, abogado)
A partir de ahora el arte vasco va a analizarse al microscopio. Fermín Muguruza, Julio Medem o Martín Ugalde son ejemplos recientes, y absolutamente diversos en sus ideas, trayectorias o sensibilidades, que reciben la reprensión pública por no armonizar su camino con el acompasado desfilar de los intelectuales orgánicos.
A un artista, a cualquier artista hay que medirle públicamente por los objetos que fabrica, no por sus opiniones, y cuando sus opiniones puedan despertar auténticas y fundadas reservas (lo cual en el caso de Medem es estúpido), la libertad ha aquilatado un eficacísimo resorte: la posibilidad del boicot.
(Pedro Ugarte, escritor)
No he visto la película. Tampoco deseo verla. No la veré. Entonces, ¿me atrevería a juzgar tu obra? Nunca osaría nada semejante.
Creo que tu film será una pedrada que cae sobre pieles demasiado irritadas, algunas de ellas quemadas, cenizas ya, precipitadas al abismo del olvido que muchos quisieran y sólo vivas en la memoria de los que les quisieron y no quieren que tanto dolor sea tan estéril como las buenas intenciones con las que has construido tu documental, que no va a facilitar, quizás a pesar tuyo, el vuelo de ningún pájaro.
(Fabián Rodríguez, escritor y crítico de cine)
¿Puede uno considerarse no nacionalista y, sin embargo, favorecer sin parar los objetivos del nacionalismo vasco? Pues claro. Las maneras son múltiples, más indirectas que directas y –sobre todo- de omisión. Pero hay un modo tanto más eficaz cuanto más inadvertido.
Me refiero al recurso ordinario a ciertos tópicos y frases hechas que nos aseguran el cálido abrigo del grupo al precio de dejarnos moral y políticamente desarmados ante la sinrazón. Un selecto muestrario de esos estereotipos se halla en la ‘memoria’ que Julio Medem adjuntó a su última película y en sus varias declaraciones a la prensa. Merecen la atención pública porque (...) en esta tierra nuestra agravan la enfermedad colectiva y acaban consintiendo el crimen.
(Aurelio Arteta, filósofo)
El director incluye una serie de errores históricos sobreimpresionados sobre las imágenes que, al ir siempre en la misma dirección, no parecen ser casuales.
El principal especialista europeo en las relaciones entre historia y cine, Marc Ferro, ha destacado que en las películas, en relación con la historia, es más importante analizar lo que se silencia que lo que se dice. Y en La pelota vasca se dicen muchas cosas –unas muy interesantes, otras poco ajustadas a la realidad y auténticas barbaridades-, pero son muchas más las que se nos ocultan.
(Santiago de Pablo, historiador)
Juan Miguel Perea
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Juan Miguel Perea
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