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PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO... Y PRIMAVERA, de Kim Ki-duk,

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Bom, Yeoreum, Gaeul, Gyeowool, Geurigo, Bom)
Corea del Sur-Alemania, 2003.

Dirección: Kim Ki-duk.
Guión: Kim Ki-duk.
Fotografía: Baek Dong-hyun.
Música: Bark Jee-woong.
Sonido: Bon-Seung Ku.
Montaje: Kim Ki-duk.
Vestuario y maquillaje: Kim Min-hee.
Duración: 103 minutos.
Estreno: 10 de septiembre de 2004.

Intérpretes: Oh Young-soo (Monje viejo), Kim Jong-ho (Niño monje), Seo Jae-Kyung (Chico monje), Kim Young-Min (Joven monje), Kim Ki-Duk (Monje adulto), Ha Yeo-Jin (Niña), Kim Jung-Young (Madre de la niña), Ji Dae-Han (Detective Ji).


· Kim Ki-duk (Bonghwa, provincia de Kyungsang, 1961) es el más conocido en Europa de los cineastas coreanos, y asiduo concursante en festivales desde que el de Berlín lo descubrió en 1998. Desde 1996, rueda uno o dos películas por año. En España sólo se había estrenado la visceral La isla (1999), que oficialmente tuvo 10.711 espectadores -más los de sus pases en festivales y muestras, cineclubes, etc.-; sin embargo, el festival de Sitges ha proyectado, en varias ediciones, casi toda su obra, la mayor parte en la edición de 2001. Habiendo visto pues todo lo suyo salvo sus dos últimos títulos, constato que Primavera..., junto con La isla, con la que tiene en común varias cosas, empezando por su escenario lacustre, se aparta, pero sólo aparentemente, de sus temáticas y tratamientos más frecuentes. Quizá por ello, por sus numerosos premios, y por su accesibilidad narrativa y estética, ha conseguido distribución, y casi 80.000 espectadores en sus tres primeros meses.

· El intuitivo e intenso cine de Kim, que ha de enmarcarse en el reciente auge del surcoreano (de factura generalmente irreprochable y en el que domina el veterano Im Kwon-taek, el interés por el fantástico y los ya asentados Jang Sun-woo o Hong Sangsoo), y que ha tenido una vida movidita, como joven operario, militar, estudiante de arte en París (1990-92), y cineasta autodidacta a partir de premiados guiones, se caracteriza por un áspero universo semiautobiográfico, de personajes rudos y atormentados por sus amores dolorosos y posesivos, sus frustraciones y los golpes del destino, y por la gran importancia del espacio narrativo, reclusivo o no, hasta conformar una especie particular de melodramas abstractos; ah, y alguien suele acabar ahogado... Para él, el arte sirve para documentar la miseria social y espiritual del hombre.

· Kim se trasladó a Seúl con sus padres a los nueve años; tuvo que dejar la escuela por la expulsión de su hermano mayor, y tras matricularse en una escuela de agricultura y trabajar en varias fábricas se alistó en la marina a los 20 años. En 1990 se instaló en París, donde estudió Bellas Artes y sobrevivía con lo que ganaba vendiendo en la calle sus pinturas. Además, pasó dos años pintando en una iglesia, con la intención de llegar a ser predicador. Que en Primavera..., y por primera vez, interprete un personaje, el monje adulto, habla de su especial implicación en esta, a la postre, sencilla fábula, o ensayo poético expiatorio, que, a partir del común paralelismo entre las estaciones del año -cada una con su animal simbólico, perro, gallo, gato y serpiente-, y las etapas de la vida humana, desarrolla en cuatro segmentos y un retroepílogo una lección de humanismo antirromántico, un relato sereno sobre los significados del crecimiento moral, el aprendizaje de la redención, los caminos de la contrición (el episodio de la ascensión de la piedra, cual Sísifo) y los del dominio del cuerpo.

· En ese pequeño templo flotante en un lago -el artificial Jusan, creado hace 200 años-, rodeado por magníficas montañas, el niño, el joven, el adulto, el maduro y el anciano, y otra vez el niño, en ascéticas secuencias cargadas de ternura o de tragedia, tallan su cólera, y sus placeres (la escena amorosa en la barca arremolinada), sin apenas diálogos. La belleza plástica es inmanente y abrumadora, pero no desintegra por sublimación orientalizante ni la crueldad del niño inocente ni los procesos que tienden puentes de agua y silencio entre islas humanas, istmos provisionales entre la aguda esperanza y el desfallecimiento.

· Al fondo, la idea wildeana de que el deseo de posesión conlleva la destrucción o traición de lo amado, las cuatro nobles verdades del budismo, relativas al sufrimiento, y la noción de impermanencia: toda cosa está sometida al cambio; acusar a Primavera... de repetitividad previsible sería tan elemental como inane.


Juan Miguel Perea





DECLARACIONES DEL DIRECTOR


Intenté retratar la alegría, la cólera, el dolor y el placer de nuestras vidas a través de cuatro estaciones y de la vida de un monje que vive en un templo, sobre la Charca Jusan, rodeado únicamente de árboles y montañas.
Cinco historias protagonizadas por el monje de niño, el monje muchacho, el monje adulto, el monje anciano, y el viejo monje coexistirán con las imágenes de cada estación.
Los cambios que se producen en los seres humanos, el significado de la madurez en nuestras vidas y como se produce ese crecimiento, la crueldad de la inocencia, la obsesión por los deseos, el dolor causado por nuestras crueles intenciones, y la emancipación a través de luchas…





PREMIOS Y FESTIVALES


Locarno (2003): Premio C.I.C.A.E., Premio Don Quixote, Premio Netpac, Premio del Jurado.
San Sebastián (2003): Premio del Público.
Sundance (2004)
Bangkok (2004)
Las Palmas de Gran Canaria (2004): Lady Harimaguada de Oro al Mejor Largometraje, Mejor Dirección de Fotografía.

Finalista en la categoría de Mejor Película Extranjera en los Premios de la Academia del Cine Europeo (2003) y en los Premios Golden Satellite (2004).




Juan Miguel Perea
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