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BIBLALIA I. En la muerte de Héctor Yánover,

[Nota bene: este es el primer artículo de la serie Biblalia, de periodicidad imprevisible, que abarcará cualesquiera aspectos relacionados con los libros o la lectura en general]



Quien tenga un oso que me lo preste
y quien tenga una flauta
y quien tenga un sombrero de mago
y un yo-yo y un barrilete.
Porque me mudo,
porque me voy al año sin viernes
al país de lo alegre
al reino de los más conscientes.
Quien tenga un tambor que me lo preste
y quien tenga un papel verde.
Que me voy para siempre, para siempre.


(De Arras para otra boda, 1964)


El poeta y librero argentino Héctor Yánover falleció el pasado miércoles, 8 de octubre, en Buenos Aires, a los 73 años. Había nacido en la ciudad de Córdoba el 3 de diciembre de 1929, y vivía en Buenos Aires desde 1950. Casado en 1954, tuvo dos hijos. Desde 1951 trabajó como librero; independiente desde 1956, más tarde fundó la famosa Librería Norte, en la avenida Las Heras, en el Barrio Norte de la capital porteña (entre el Once y Belgrano). En los años 60 publicó discos con poemas y textos recitados por Borges, Cortázar y Neruda, entre otros -algunos de estos registros fueron reeditados en 2002-. Fue director de las bibliotecas de Buenos Aires entre 1989 y 1990 y de la Biblioteca Nacional entre 1994 y 1997. A finales de los años noventa presentó un programa de televisión sobre poesía, La librería en su casa. Los seguidores eran muy fieles, pero faltaban anunciantes; antes de cerrarlo, pidió en antena que cada espectador aportara diez pesos para poder financiarlo. No tuvo éxito.
Sus restos han sido velados en la Biblioteca Nacional argentina y enterrados en el cementerio La Tablada.

Su obra poética está compuesta por los siguientes títulos:
· Hacia principios del hombre, 1951
· Secuencia de la paloma de la paz, 1954
· Elegía y gloria, 1958
· Las iniciales del amor, 1960
· Raúl González Tuñón (Antología), 1962
· Arras para otra boda, 1964
· Las estaciones de Antonio, 1972
· Antología poética, 1973
· Sigo andando, 1982
· Otros poemas, 1989

En 1996 el Fondo Nacional de las Artes editó en Buenos Aires, en la colección Poetas Argentinos Contemporáneos, una nueva Antología poética de Yánover, disponible actualmente en internet, y que incluía diez poemas inéditos.

Dos años antes, en 1994, Héctor Yánover, librero establecido, publicó el que quizá sea su libro más conocido, las Memorias de un librero escritas por él mismo, en la editorial Anaya & Mario Muchnik. La segunda edición, de octubre de ese mismo año, y con múltiples añadidos, estuvo a cargo –no me consta si también la primera- de Ricardo di Fonzo, con la colaboración de José Luis Casares, Silvia Caunedo, José de Hijes y Miguel López, y apareció en otoño de 1998 en el folleto de un conocido comercio a distancia, al precio de 695 pesetas (el original había sido 2.020, según el ISBN), al que no me resistí: las memorias de libreros son mucho más escasas que las de editores, las dos profesiones más relacionadas con los libros.

Se trata de un volumen de 272 páginas, distribuido en capítulos no numerados compuestos con textos de variable extensión, de una línea a varias páginas, si bien la mayoría de ellos son muy breves, aforísticos en algunos casos, lo que dota al conjunto de una notable agilidad. En ellos encontramos, con un orden peculiar y distendido, notas de historia personal junto a reflexiones y anécdotas curiosas o humorísticas sobre clientes, autores, editores, críticos, etc., y muy diversas citas; desde una relación de primeras frases de obras literarias famosas a una tipología de los ladrones de libros, pasando por pinceladas impresionistas sobre la burguesía cultivada argentina, un escepticismo nostálgico sobre el futuro del sector, y sobre todo un gran amor por los libros, por lo que contienen más que por su continente. El estilo es amable, escueto y sin embargo algo cultista en ocasiones, y de una ironía punzante que no llega al sarcasmo en otras muchas.

En mi opinión, es la lectura ideal para esas tardes o noches en que volvemos a casa muy desalentados tras visitar demoradamente una o varias librerías y darnos cuenta otra vez de cuántos libros nuevos nos son apetecibles, de cuántos de los no tan nuevos aún no habíamos visto ni deseado, de cuántos no podremos comprar o conseguir de otro modo (latrocinio, préstamo, saldos imprevisibles...), de cuántos habremos perdido y habrán sido ya descatalogados y por tanto inencontrables, de cuántos, sobre todo, no llegaremos a leer...

Me tienta reproducir algunas de las muchas y muy chuscas conversaciones con sus clientes, dignas de cualquier antología del disparate, transcritas a lo largo de décadas por Yánover, pero no parece la ocasión más pertinente. Me limito pues a los primeros párrafos de sus Memorias y, como estrambote, a una de las notas añadidas tras la primera edición. Por último, incito a ojear –en este caso no se puede decir hojear...- la antología más arriba hiperenlazada.


«Este es el libro de un librero pretencioso. Éstas son las primeras líneas de ese libro. Estas palabras constituirán las primeras de la primera página. Y todas las palabras, líneas, páginas, formarán el libro. Ustedes, hipotéticos lectores, ¿tienen idea de lo terrible que es para un librero escribir un libro?
Un librero es un hombre que cuando descansa lee; cuando lee, lee catálogos de libros; cuando pasea, se detiene frente a las vidrieras de otras librerías; cuando va a otra ciudad, otro país, visita libreros y editores. Entonces un día, este hombre decide escribir un libro sobre su oficio. Un libro dentro de otro libro que irá a juntarse con los otros en los escaparates o los anaqueles de las librerías. Otro libro para acomodar, marcar, limpiar, reponer, excluir definitivamente.
El librero es el ser más consciente de la futilidad del libro, de su importancia. Por eso es un hombre escindido; es libro es una mercancía para comprar y vender y él integra esa mercancía. Se compra y se vende a si mismo.»

...

«Antes de aparecer la primera edición de este libro, me encuentro con este gran vendedor de Encyclopaedias y le cuento que están por aparecer mis memorias de librero.
-Yo también voy a escribir unas- me contesta. –Se van a llamar: Veinticinco años vendiendo libros y la putísima madre que los parió

(Ilustración: firma autógrafa de Héctor Yánover)


Juan Miguel Perea




Juan Miguel Perea
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